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SATIRA

CARDIOPATÍA
Por
Manny González
En un cementerio en Minnesota, en una de las láminas
de mármol que supuestamente tapa el sarcófago de cierto cadáver, la
placa rotunda y religiosamente aclaraba: "Fallecido por la voluntad
de Dios, pero con la ayuda de un... ¡médico imbécil!"
Dispuesto a no quedarme con la duda, decidí
averiguar la causa de la defunción de ese señor que, según su
epitafio, había fallecido tan infortunadamente. No demoré mucho en
descubrir que al difunto le sobraban veintenas de libras, padecía de
presión alta y su nivel de colesterol malo estaba totalmente fuera
de control. Al fin, aún consumiendo infinidad de medicamentos y
píldoras, siguiendo dietas continuas y programas especiales de
ejercicios, le llegó la hora con un inesperado ataque al corazón.
Revisando cuidadosamente su dieta, decidí compararla
con los regímenes alimenticios que rigurosamente ejercitan los
habitantes de ciertos países, y detecté que en el Japón, cuyos
ciudadanos viven amontonados, millones de personas consumen mucho
pescado y muy pocas grasas, y el índice de ataques al corazón es
menor que en Inglaterra, Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva
Zelanda.
Intrigado, continué mi pesquisa, y me enteré de que
en Francia, donde se consume poco pescado y bastantes grasas, el
índice de ataques al corazón es, igualmente, menor que en Inglaterra,
Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, mientras que en
la India, donde apenas se bebe vino tinto pero donde se comen muchas
especias, el índice de ataques al corazón es también menor que en
Inglaterra, Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.
Fascinado, seguí con mi estudio, y averigüé que en
España, donde beben mucho vino tinto y comen exagerados embutidos,
tal como en los países anteriores, el índice de ataques al corazón
es menor que en Inglaterra, Estados Unidos, Canadá, Australia y
Nueva Zelanda.
Por su parte, los alemanes beben mucha cerveza y
comen mucha carne de cerdo, y el índice de ataques al corazón es,
similarmente, menor que en Inglaterra, Estados Unidos, Canadá,
Australia y Nueva Zelanda. Por otro lado, en Irán, donde ni beben
alcohol ni comen carne de cerdo pero continuamente se dan tortazos
en la frente rezando tres o cuatro veces al día, el índice de
ataques al corazón, asimismo, es menor que en Inglaterra, Estados
Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.
Asombrado, decidí prolongar mis indagaciones, y
encontré que en el Tíbet, donde apenas hacen el amor y viven a una
gran altitud, el índice de ataques al corazón en también menor que
en Inglaterra, Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda; y
que en Brasil, donde se vive a una baja altitud y por falta de otra
cosa que hacer se hace mucho el amor, de igual forma, el índice de
ataques al corazón es menor que en Inglaterra, Estados Unidos,
Canadá, Australia y Nueva Zelanda.
Al fin, llegué a mi propia conclusión: no se
preocupe ni visite a un médico; beba lo que lo complazca; coma hasta
que reviente; haga el amor con quien se le antoje; no se preocupe de
la presión ni del nivel del colesterol y, sobre todo, no se mate
haciendo ejercicios, porque la realidad es que lo que produce
ataques al corazón es... ¡Hablar inglés! Y colorín, colorado… este
cuento se ha acabado.
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