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PORTADA

MARIA CONCHITA ALONSO
Una estrella con brillo propio
Por Sergio Burstein
María Conchita Alonso nació en Cienfuegos, Cuba, el 29 de junio de
1957, teniendo como padre a Ricardo Alonso y como madre a Conchita
Bustillo. Pero, más allá de ser técnicamente una cubana y de
reconocer siempre esta cualidad en las entrevistas que brinda, se la
puede considerar como toda una venezolana, ya que se trasladó a
dicho país sudamericano cuando tenía sólo cinco años.
Fue allí donde empezó a convertirse en una figura pública, empleando
inicialmente las herramientas que tenía disponibles de manera
inmediata: sus atributos físicos. Su participación en diversos
certámenes de belleza tuvo resultados inmediatos, ya que en 1971 fue
coronada Señorita Adolescente, y cuatro años después se convirtió en
Miss Venezuela, un puesto relevante si se tiene en cuenta la fama
que tiene el país por sus mujeres atractivas.
El reconocimiento obtenido le dio la posibilidad de acceder a otras
áreas del entretenimiento: además de aparecer en cuatro
largometrajes y diez telenovelas en Venezuela, años después
protagonizó y co-produjo su propio show semanal de variedades,
Picante, de amplia difusión en el mundo hispanohablante. Todas estas
actividades fomentaron su interés en la actuación, el mismo que la
llevó a tomar una decisión que resultaría trascendente en su vida:
mudarse a Los Angeles, California, hace ya veinte años.
No tuvo que pasar mucho tiempo para que María Conchita consiguiera
un papel importante en la pantalla grande, con el que además tuvo la
oportunidad de interpretar un rol alejado de los estereotipos
latinos, ya que encarnó a una ítalo-americana enamorada de un
desertor soviético (Robin Williams) en Moscow on the Hudson, la
celebrada película de Paul Mazursky.
“Fui la primera latina que abrió el camino en Hollywood cuando no
existía el boom latino que existe actualmente”, ha declarado Alonso.
“Me siento muy orgullosa de eso, porque llegué en un momento en el
que los actores latinos tenían personajes de una línea y por lo
general eran roles negativos. Ahora la cosa está más fácil, porque
los anglosajones se han dado cuenta de que hay un mercado latino
fuerte, y que tienen que invertir si quieren llamar nuestra atención”.
De ahí en adelante, empezó a figurar en los créditos estelares de
filmes como A Fine Mess (1986), de Blake Edwards; Touch and Go
(1986), una cinta en la que demostró grandes dotes para la comedia
al interpretar a una mexico-americana que se convertía en el interés
romántico de Michael Keaton; Extreme Prejudice (1987), un drama de
acción dirigido por Walter Hill en el que fungía de novia de Nick
Nolte; y Running Man (1987), donde compartió pantalla ni más ni
menos que con el “governator” Arnold Schwarzenegger.
Recientemente, Alonso habló sobre su experiencia con el musculoso
actor, asegurando que fue ella quien le dio su primer beso en la
pantalla grande. “Nunca hablamos de política”, reconoció Maria
Conchita, para asegurar después que ése es un tema que a ella no le
interesa y, que por lo general, los políticos le dan asco, “porque
casi nunca cumplen lo que prometen en sus campañas”.
Pero la gran culminación de estos años de gloria llegó con Colors
(1988), la película de culto de Dennis Hopper, donde fue una chicana
y la pareja sentimental de Sean Penn, quien interpretaba a un
policía anti-pandillas.
Curiosamente, tras esos años de éxito, y a pesar de que su labor
histriónica había sido alabada por los críticos (además de que se
mostraba muy dispuesta a desnudarse en la pantalla cuando el guión
lo requería, lo que la convirtió en un “sex symbol” latino), la
buena fortuna de María Conchita en el ecran disminuyó en gran medida,
ya que empezó no sólo a obtener papeles secundarios, sino a
participar en cintas menores, entre ellas Predator 2 (1990) y The
House of the Spirits (1993) -aunque ésta última la tuvo al lado de
súperestrellas como Glenn Close, Meryl Streep, Jeremy Irons, Winona
Ryder y Antonio Banderas-, con algunas notables excepciones, como
sus dos papeles co-estelares con Edward James Olmos en los filmes
Roosters (1993) y Caught (1996). Ese mismo año, Alonso recibió una
propuesta para interpretar el rol estelar de Evita, de Alan Parker,
pero el puesto terminó siendo adjudicado a Madonna.
Aunque nunca dejó de trabajar, la actriz empezó a convertirse en
presencia habitual de esos largometrajes de bajo presupuesto que se
hacen directamente para la televisión y que pasan desapercibidos,
hasta que le tocó participar en Kingpin (2003), una interesante
teleserie que parecía una versión latina de Los Sopranos pero que,
lamentablemente, no logró superar los seis primeros episodios.
La misma María Conchita ha reconocido recientemente ante la prensa
el haber estado metida por muchos años en proyectos fílmicos que no
fueron de su gusto, “pero que eran necesarios en su momento”, para
afirmar luego que “el triunfo y la felicidad se logran mejor cuando
un artista hace lo que le dicta su corazón; si no se siente lo que
se actúa, tampoco lo va a sentir el público. En otras palabras, hay
que ser auténticos hasta donde sea posible”.
De todos modos, con esta impresionante filmografía a sus espaldas,
cualquiera debería sentirse satisfecho, más aún al tratarse de una
persona nacida fuera de este país; pero Alonso cuenta además con el
legado de una carrera musical que la llevó a convertirs en
determinado momento en una de las artistas más vendedoras en
Sudamérica, gracias al dramatismo de su canto y a la misma
sensualidad explícita a la que recurrió en muchas de sus
intervenciones cinematográficas. De hecho, para muchos latinos, ella
es mucho más conocida como cantante que como actriz (contrariamente
a lo que ocurre en los Estados Unidos).
La carrera musical de Alonso se inició en 1979 con Ambar, una banda
en la que ella fungía de vocalista. La experiencia grupal le duró
tres años, ya que después decidió iniciar una fructífera carrera
solista con “Dangerous Rhythm”, un álbum que, al igual que sus
trabajos con Ambar, se realizó en inglés. Pero tendría que ponerse a
cantar en su idioma y grabar de este modo el disco “Maria Conchita”
(1984) para convertirse en una verdadera luminaria de la canción
hispana.
Sus esfuerzos en el canto fueron reconocidos por instituciones
estadounidenses antes de que se hiciera popular en Hollywood, como
lo demuestra su primera nominación al Grammy anglosajón en 1985,
donde figuró en la nómina de Mejor Artista Latino. Tres años después,
cuando su figura estaba más grande que nunca, ya que había filmado
justamente Colors, fue nominada a un Grammy por Mejor Performance de
Pop Latino, gracias al sencillo Otra mentira más.
A pesar del decline de su trayectoria fílmica, la música siguió
dándole satisfacciones, ya que en 1993, su álbum Imagíname fue
nominado a un Grammy para Mejor Album de Pop Latino. Alonso co-escribió
siete de los once temas del disco, demostrando unas aptitudes para
la composición que ya había exhibido desde el inicio de su carrera.
Hubo un momento en el que logró incluso sacar partido de los dos
facetas del espectáculo en las que se encontraba involucrada, cuando
interpretó el tema musical de Scarface (1983), la emblemática e
inolvidable película de Brian De Palma protagonizada por un fiero Al
Pacino.
Como si esto no fuera suficiente, la cubano-venezolana ha tenido
también un importante recorrido en las tablas teatrales; de hecho,
en 1995 se convirtió en la primera actriz sudamericana que ocupó un
escenario de Broadway al interpretar el relevante rol de Aurora en
el montaje de Kiss Of The Spider Woman. En años más recientes, se la
ha visto como parte del elenco de The Vagina Monologues (una de las
series teatrales más exitosas e hilarantes de los últimos tiempos) y
de una nueva versión de Odd Couple que se presentó en los
tabladillos angelinos.
Es cierto que, fuera de su desempeño laboral, María Conchita ha
ocasionado más de un escándalo con sus desafiantes actitudes, sus
frecuentes cambios de pareja y sus costumbres de vida. La actriz y
cantante nunca ha negado sus pecados, pero se ha mostrado siempre
dispuesta a burlarse de ellos, como ocurrió durante la conferencia
de prensa que ofreció en junio pasado en un hotel de Universal City
-justo un día después de haber recibido su ciudadanía estadounidense-
para celebrar el lanzamiento de su propia línea de ropa.
En dicha ocasión, al ser preguntada por su “época de escándalos y
locuras”, la mujer respondió: “'Yo sé que hubo una etapa fuerte,
porque todos tenemos un proceso de vida y evolución donde hay fases
buenas y malas... Pero yo sigo siendo espontánea, no me callo ante
la injusticia, soy verdadera y fiel a mis principios.. y sí, sigo
empericándome todas las mañanas”.
Tras el desconcierto y las risas nerviosas que provocó esta última
frase en la concurrencia, la polémica artista complementó la frase:
“Así es, todas las mañanas me como mi periquito bien venezolano con
sus huevos revueltos, cebollita y tomatico”, aludiendo a un conocido
platillo que se sirve diariamente en las mesas del país sudamericano
y dándole de paso la vuelta a todos aquellos que se frotaban ya las
manos ante la supuesta 'confesión pública'.
Como en realidad la conferencia era para hablar de su línea de ropa
-hecha en colaboración con el afamado diseñador Merlín Castell- y no
de su vida privada, Alonso detalló que el proyecto surgió durante
una visita a México, realizada para hacer un 'casting' de músicos
destinado a la formación del grupo que la acompañará en su retorno
musical a los escenarios. “No sabía qué vestir para la gira que se
viene, así que mi asistente me sugirió crear mi propia ropa”, dijo.
“Luego pensé que sería bueno no sólo lucirla, sino también venderla.
Esta es una línea accesible a las mujeres; es sensual, romántica,
femenina y juvenil, y emplea una gran variedad de colores, seda y
transparencias”.
Fuera de su incursión en la moda, el 2005 parece haber sido el año
elegido por María Conchita para regresar en plena forma a los ruedos
de la actuación cinematográfica y de la música, como lo demuestra en
primer lugar su participación en ESL: English as a Second Language,
una película dirigida por Youssef Delara que cuenta la historia de
Bolívar de la Cruz (Bruno Ecker), un mexicano que cruza la frontera
con los Estados Unidos para conseguir un trabajo provechoso, y que
se conoce por casualidad en Los Angeles a Lola Sara (Danielle
Camastra), una joven chicana cuya madre Consuelo (interpretada por
Maria Conchita Alonso) hizo el mismo recorrido riesgoso del
protagonista dos décadas antes. Aunque la cinta no se ha estrenado
todavía en las salas comerciales, tuvo una buena recepción durante
su presentación en el reciente Festival Internacional de Cine Latino
de Los Angeles (LALIFF), del que ofrecemos un informe completo en la
sección Cinerama de esta misma edición.
Otra película que Alonso filmó hace poco es Material Girls, donde
comparte la pantalla con las estrellas juveniles Hilary y Haylie
Duff, haciendo el papel de “un ama de llaves colombiana llamada Inés
que se encarga de cuidar a estas dos niñas, que han crecido mimadas
y son frívolas”, en palabras de la misma intérprete. “Por una
circunstancia especial, ambas deben irse a vivir a mi casa, y se dan
cuenta de la realidad de la vida”.
El tercer proyecto de la siempre activa María Conchita es El muerto,
una cinta de lo más llamativa que se inspira en un popular comic
chicano. Protagonizada por el popular Wilmer Valderrama (That '70s
Show), la cinta de Brian Cox presenta a un joven del Este de Los
Angeles que, tras morir en un accidente automovilístico, ve su alma
capturada por Mictlantecuhtli, el dios azteca de la Muerte, quien lo
devuelve al mundo de los vivos con una misión muy particular. Alonso
encarna a una monja coja que vive en el convento donde se aparece un
fantasma que asesina a las personas como venganza.
En el plano musical, tras estar retirada siete años de las tarimas,
Maria Conchita reapareció durante el verano del 2004 en la
inauguración de Latin Gay Nights, un evento desarrollado en el Conga
Room por la organización Latin Pride, en agradecimiento al apoyo que
le ha brindado dicha comunidad a su carrera.
Pero lo bueno parece estar por venir, ya que ahora tiene en el
mercado un nuevo EP titulado Soy -el mismo nombre de su colección de
ropa-, que además de ser supuestamente el preludio de un disco largo
que debe aparecer en el mercado durante el 2006, contiene un nuevo
tema y varias versiones, a ritmo dance, de recordadas canciones
suyas como La loca y Una noche de copas.
Preguntada por cuál de las dos áreas en las que se ha desarrollado
profesionalmente es la que más le interesa, Alonso responde: “Las
dos. Disfruto mucho cantar por la energía que te da la música y el
público; es algo que no puedes encontrar en ningún otro lado. Pero
también me encanta actuar, porque puedo ser diferentes personas al
mismo tiempo. Creo que he tenido éxito en las dos disciplinas,
aunque quizá lo de la música ha sido más fuerte en el mercado
latinoamericano, porque como ese público es muy efervescente, la
satisfacción es más rápida. Con la actuación, la satisfacción viene
después”.
Hablando de otro tipo de satisfacciones, es necesario incluir una
referencia al hecho incuestionable de que María Conchita, debido a
sus múltiples relaciones de pareja (ninguna de las cuales llegó al
matrimonio) y al gusto que ella misma asegura tener por el sexo, ha
sido acusada a veces de ser una “come-hombres”. “Yo he disfrutado de
mi vida”, dijo escuetamente la actriz y cantante cuando se le
insinuó esta característica hace poco en un programa televisivo.
Pero no parece haber sido parca por una cuestión de pudor, sino
probablemente porque está reservando la información más jugosa para
un libro autobiográfico que piensa publicar pronto, y que según los
rumores está causando mucha preocupación en los artistas con los que
tuvo amoríos.
Algunos de los candidatos para figurar en una lista que se antoja
larga son Julio Iglesias, que la misma Alonso mencionó en una
entrevista para la revista TV Notas, en la que dijo que lo ocurrido
con el divo español “no tuvo nada de romance, porque lo que hubo
entre nosotros fue sólo sexo”. A la relación que sí le adjudicó
valor sentimental fue a la que tuvo con el cantante y presentador
Bertín Osborne, agregando también al actor estadounidense Sean Penn,
con quien habría entablado intimidades en la misma casa que
compartía con su entonces esposa Madonna. |