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NOSTALGIA

FRANK EMILIO FLYNN
(1921-2001)
Un cubano con 'filin'
Por Eric E.
González
manny@comoenla.com
De Frank Emilio Flynn, el gran pianista cubano, Chucho Valdés, otra
gloria cubana del teclado, una vez dijo que era un pianista que
había influenciado cada generación subsiguiente y las que están por
venir, porque siempre se mantuvo al día. “No se puede hablar de
Frank Emilio en el pasado, porque todavía está muy vigente en el
presente”. Esa cita de Chucho Valdés ocurrió en el año 2000, en el
Lincoln Center de Nueva York, cuando bajo los auspicios de su
programa de jazz, Frank Emilio debutó en los Estados Unidos, donde
tocó junto a Orlando “Cachaíto” López, José “Changuito” Quintana y
el legendario “Tata” Guines en una nueva reencarnación del histórico
grupo Los Amigos.
Entre sus logros, Frank Emilio fue uno de los progenitores del
movimiento “filin”, mezcla del bolero cubano con el jazz. Fue el
prominente miembro fundador del Quinteto Instrumental o Grupo Cubano
de Música Moderna, que más tarde se llamó Los Amigos; y formó parte
de agrupaciones como Loquibambia –que incluyó a una joven llamada
Omara Portuondo– y el Club Cubano de Jazz, donde formaban descargas
con jazzistas estadounidenses. “Para algunos es un jazzista que
domina la música cubana; para otros, un pianista cubano con un sexto
sentido para el jazz”. Así lo define Nad Chediak en el Diccionario
de Jazz Latino.
En California, tuve el placer de entrevistarlo gracias a Kathy
Flynn, quien invitó al legendario pianista y a su esposa, Martha
Montes Cobián “La Guajira”, a pasarse una temporada con ella en Los
Angeles, después de que el trompetista norteamericano Winston
Marshallis quedara fascinado con su música durante un viaje a La
Habana y lo invitara a tocar en el Lincoln Center de Nueva York.
Gracias a la publicidad, una prima, Kathy, descubrió su existencia y
viajó a La Habana y a Zaragoza –donde Frank tiene una nieta que
estudia flauta– y dio con él. De su segunda presentación en el
Lincoln Center, Frank Emilio recordó que fue muy bonito.
“Mis cuatro primos y numerosos parientes fueron al concierto.
Vinieron casi 50 familiares de diversas ciudades de Estados Unidos.
Algunos llevaban sin verse entre ellos 40 años”. Muchos eran
maestros como él. “Hablamos de cómo hicimos en Cuba para formar a
los ciegos”, dijo Frank Emilio, autor del libro en braille por el
que estudian música los invidentes en la isla.
La historia de Frank Emilio comienza en 1903 cuando su madre, la
cubana Digna María, vino de vacaciones a EE.UU. y conoció a Francis
Joseph Flynn, un joven norteamericano de origen irlandés que se
enamoró de ella. La boda se celebró ese año en La Habana, y 18 años
después, en 1921, nació Frank en una casa del barrio de San Lázaro.
Durante años, su padre trabajó en la isla como buzo para una
compañía telefónica norteamericana instalando cables submarinos. “Mi
madre era un ama de casa sencilla, pero siempre le gustó la música”,
afirma Frank Emilio, “y aunque nadie en casa sabía tocar el piano,
se compró uno para que los músicos que amenizaban las películas de
cine mudo que se proyectaban en un teatro cercano tocaran allí
después de las funciones”. En su propia casa fue que Frank Emilio
escuchó por primera vez el instrumento que no sólo marcaría su vida
y el reencuentro con su familia, sino que me diera a mí el honor de
conocerlo y conversar con él en varias ocasiones.
Al nacer, el mal uso de los fórceps por la partera lo dejó
prácticamente ciego. “Hasta los 13 años, cuando perdí completamente
la visión, sólo percibía bultos y colores, pero estiré el brazo y
empecé a balbucear mis primeras vivencias musicales al piano, como
el vals Three o'clock in the morning, que era el que yo oía en
casa”.
Cuando Frank tenía cinco años, su madre murió y su padre se regresó
a EE UU, dejándolo al cuidado de unos tíos, que lo criaron como a un
hijo. Durante años recibió correspondencia de su padre, pero en 1933
el contacto terminó. “Imaginé que había muerto”, recuerda el artista.
En La Habana, apoyado por sus tíos y gracias a su innato talento,
Frank Emilio se hizo músico. A los 13 años, todavía vistiendo
pantalones cortos, debutó profesionalmente. Meses después, ya tenía
su propia orquesta. “Se llamó Orquesta de Fran Emilio”, nos dice
entre risas, “porque Frank Emilio es mi nombre familiar ya que mi
padre se llamaba Frank y mi padrino, que fue el que me sirvió de
padre después de que él se marchó, se llamaba Emilio. Entonces, como
me decían Fran Emilio en la casa, Fran Emilio se quedó. Aquí me
dicen Frank Emilio Flynn, pero en Cuba eliminan la k y sólo me dicen
Fran Emilio”.
A los 17 años, Fran Emilio decidió dejar la pachanga para estudiar
música en serio, y por los próximos 14 años estudió piano con el
maestro César Pérez Centenat mientras interpretaba a los clásicos –Lecuona,
Bach, Mozart–, reapareciendo en el año 1945 con otras vivencias. Ya
había empezado a escuchar el jazz y a la orquesta de Glenn Miller,
los arreglos que hacía André Kostelanetz y las composiciones que
escuchaba en las comedias musicales.
En 1945, Fran Emilio comenzó a trabajar en la radioemisora Mil Diez,
estación perteneciente al Partido Socialista Popular. Allí conoció
al grupo del “filin”: Ico Rojas, Antonio Méndez, Cesar Portillo,
Luis Yáñez y Tania Castellanos, entre otros. “Los muchachos que
empezaron con sus guitarras a hacer música influidos por la música
norteamericana –boleros y canciones combinadas con jazz–”, asegura.
“Yo no era un compositor, era un colaborador que cuando ellos
querían presentarle su música a los cantantes, yo era el acompañante.
Yo acompañaba a cualquiera de ellos en sus canciones para que las
personas que pudieran interesarse por ellas las escucharan
acompañadas al piano y no a la guitarra”.
De ahí surge el grupo Loquibambia, que ensayaba en la misma estación
bajo la dirección de José Antonio Méndez. “Yo escuché al grupo y
realmente me gustó y me dije: ‘Ay, qué bien. Me gustaría formar
parte del grupo”, recapitula el artista. “Un día, José Antonio se me
acerca muy tímidamente y me dice: ‘Ven acá, mulato’ –porque nosotros
nos decíamos unos a otros mulatos–’¿a ti te gustaría tocar con
nosotros?’. Digo, ‘¡Si eso es lo que yo estaba deseando que me
dijeran!’. De ahí en adelante empecé a trabajar con ellos”.
“Eso fue en el año 1946”, recuerda. “Loquibamba tocaba canciones
norteamericanas y canciones del “filin”, estilizadas como canciones
americanas. Aparte de Omara Portuondo, otras que cantaron en el
grupo fueron Caridad Cuervo, que tuvo muchas cosas en las que
realmente recordábamos a Celia Cruz pero que, desafortunadamente,
murió de una manera prematura, y Caridad Hierrezuelo, que es muy
buena”. Hablando de Celia, Fran Emilio la conoció cuando ella
comenzaba en la Mil Diez. Además, ambos eran vecinos en el barrio
habanero de Santos Suárez.
En 1951, Fran Emilio fundó Los Modernistas, grupo en el que
estuvieron José Antonio Méndez y Pepe Reyes y, bajo el desenfreno de
la bohemia de los cincuenta, tuvo la oportunidad de fundir los
ritmos cubanos con el jazz y el blues. Hasta el músico Armando Romeu
aprendió braille para transcribirle el Concierto en Fá de Gershwin,
concierto que interpretó con la Orquesta Sinfónica Nacional.
Su primera grabación se llevó a cabo en 1955 cuando grabó con Arcaño
y sus Maravillas cuatro arreglos que él mismo hizo. Del famoso
Quinteto Instrumental de Música Moderna, que después se llamó Los
Amigos, Fran Emilio recuerda que fue una cosa muy espontánea: hacer
música cubana e incorporarle elementos de jazz. “Eso empezó en el
lobby del Hotel Saint John en la Habana. Nos conectamos con un
aficionado a la grabación, un abogado que tenia un estudio magnifico,
e hicimos el experimento. De allí salieron nuestros dos primeros
elepés. Es increíble, pero así fue”.
Durante esos tiempos, haciendo ese mismo tipo de experimentos
estaban el Grupo de Felipe Dulzaides. el de Samuel Telles y Amigos.
Bajo ese mismo “modus operandi”, más tarde surgieron Irakere y otros
más.
Desde su comienzo, Los Amigos fue un gran éxito. Los músicos se
entusiasmaban por tocar con ellos. Dice Fran Emilio: “Nosotros, a
nuestra vez, estábamos deseosos de tocar con ellos. De ahí vino la
necesidad de quitar la limitación de quinteto y Barreto decidió
llamarnos Los Amigos, porque así, cualquier músico podía ser
invitado para tocar con nosotros”.
“El grupo se originó en 1958, pero a través de los años siguió
reviviéndose. Ese mismo año se fundó El Club Cubano de Jazz, donde
iban muchos músicos norteamericanos y tocaban con nosotros. Ellos
iban a tocar gratis; solamente había que pagarles el pasaje. Iban un
día a tocar con nosotros y después se iban trabajar. Los domingos
era el día que nosotros celebrábamos nuestras “jam sessions” (descargas).
Muchas veces llegaban de Miami, terminaban de tocar con nosotros por
la tarde, y se regresaban a Miami para trabajar por la noche. Eso
fue muy bonito”.
Los miembros originales del grupo fueron Gustavo Tamayo (güiro);
Tata Güines (congas); Papito Hernández (contrabajo); Guillermo
Barreto (batería) y Fran Emilio Flynn (piano). Después que Papito se
fue de Cuba, entró Cachaíto López (el sobrino de Cachao). El grupo
se disolvió en 1962 al morir Barreto y Tamayo, aunque volvieron a
hacer algunos trabajos substituyendo a Barreto con Changuito y a
Gustavo con Enrique Lasaga.
Pero, como muchos músicos cubanos, Fran Emilio cayó en el olvido en
los años 60, cuando se desató en la isla la ofensiva revolucionaria;
los clubes cerraban y el jazz pasó a ser casi la música del enemigo.
“Atrevidamente, yo me había dedicado a cultivar otros géneros, y
seguí trabajando”. Compuso, dio conciertos y se dedicó en cuerpo y
alma a enseñar música a otros ciegos.
Su discografía de más de 20 álbumes es tan variada como selecta. Sus
interpretaciones, sean de danzas cubanas, danzones o de jazz, son
excepcionales, y en 1996, cuando la música cubana se puso de moda,
Fran Emilio lanzó Barbarísimo, un genuino y extraordinario disco de
jazz latino. Antes de su muerte grabó el CD de danzones Mi ayer y
Tribute to Lecuona y en 1998, todavía ajeno a la existencia de su
familia, grabó para el famoso sello Blue Note Reflejos ancestrales.
Su nombre también se puede ver en los créditos de dos de las
grabaciones de la flautista Jane Bunnett, aunque de todas sus
grabaciones, su favorita es la de Cervantes. “Eso siempre lo digo
sin reservas de ninguna clase”, asegura. “Mi disco favorito es el
que hice con Ignacio Cervantes”.
La docencia fue también otra faceta importante en su vida. No sólo
fue maestro de varias generaciones de pianistas cubanos, sino que
fue sobre todo profesor para los ciegos en su país.
La entrevista que aquí recogemos fue realizada el 14 de junio de
2001. A fines de ese mismo mes, el maestro regresó a Cuba junto a su
querida esposa. Tristemente, falleció la noche del jueves 23 de
agosto del mismo año en su casa de La Habana. Murió tocando el
piano, víctima de un ataque al corazón.
Con su muerte, el jazz latino perdió a uno de sus grandes pianistas
y fundadores; a un autor de melodías memorables del género; a un
pionero en la introducción y la fusión de los ritmos populares
cubanos y la percusión en el jazz; y a un gran ser humano. Descanse
en paz, maestro. |