...Su revista de música tropical...  

Home
Ediciones anteriores
Artistas incluidos
Calendario
Salsa clubs
Restaurantes
Nosotros
Elenco de escritores
Enlaces
Subscríbase
Contáctenos

 

 

 

 

 

NOSTALGIA

 

(1901-1982)

 

El máximo exponente de la guaracha

 

por Manny González

 

Sin duda, la música popular define la identidad cubana gracias a su capacidad de conmover e impresionar con sus letras, así como de hacernos reír. Entre todos los géneros nacidos allí (boleros, tangos, sones, cha-cha-chas, danzones, mambos, guajiras, etc.), el más propicio para bromear y “soltar el trapo” es sin duda la guaracha; una melodía alegre, con letra de ambiente popular, de carácter satírico, burlona, pícara, irónica, crítica y hasta difamante.


La guaracha se escucha en La Habana desde abril de 1583, cuando Torrequemada y el Gobernador Gabriel De Luján competían por el poder político, mientras que los guitarristas en las calles y las plazas públicas les cantaban expresando su crítica a la situación vigente con un estribillo que decía: “Que Dios te perdone, Gobernador.” Desde luego, no tenían la misma tonada rítmica que las que conocemos desde el siglo XX.


Las guarachas también formaron parte del teatro bufo, donde con mucha frecuencia las estrofas tenían propósitos humorísticos. Más tarde, cuando la guaracha se independizó y entró en los salones de baile, mantuvo siempre el propósito de bromear y de hacer reír. A comienzos del siglo XX, empezó a ser tocada y cantada junto a otros géneros, y desde entonces hasta nuestros días, no ha dejado de aparecer en el flujo creativo de importantes compositores como Osvaldo Farrés, cuyo volumen de boleros es increíble, pero que también escribió piezas de ese tipo (Mis cinco hijos, Un caramelo para Margot, La glotona, Cómo me gusta hablar español y Mario Agüé).


Reflejando siempre situaciones o acontecimientos que tuvieran elocuente repercusión en su momento, entre todos los compositores de guarachas el más importante quizás fue Benito Antonio Fernández Ortiz, aunque mencionarlo por ese nombre en el mundo de la música es como si no se dijera nada. En cambio, si lo llamamos por su nombre artístico, Ñico Saquito, enseguida reconoceremos a un maestro del género que, a través de sus composiciones, ha dejado un legado sin fronteras, un legado universal.


Nacido en febrero de 1901 en Santiago de Cuba, al oriente de la Isla, Benito Antonio Fernández Ortiz fue uno de esos seres que, gracias al talento que se impone ante cualquier obstáculo, nunca se apartó de lo que parecía ser su destino. A los 12 años, tuvo que convertirse en soldador metalúrgico debido a la pobreza en la que vivía su familia. Luego, participó en algunas zafras azucareras, y cuando aparecía el temido “tiempo muerto” –periodo en que cesaba la molida–, vendía sortijas, fosforeras, fogones de cocina y coladores de café.


De acuerdo con la leyenda, en su adolescencia, Ñico (como acostumbran nombrar en Cuba a los Antonio) era contratado por los equipos de béisbol que visitaban Santiago de Cuba para que recobrara las pelotas que se escapaban del terreno, lo que él hacía utilizando un saco. De ahí que los aficionados lo bautizaran como Saquito, apelativo que lo acompañó por el resto de su vida.


La música siempre formó parte de su existencia. Su mamá y su tía cantaban a dueto tanto en su casa como en actividades en el barrio Tivolí, donde él nació. Además, la influencia y la tradición folclórica y musical de Santiago de Cuba, la cuna de los trovadores, lo llevó a los 15 años por primera vez a acariciar una guitarra, y tomó clases con el maestro Félix Premión.


Después de varios años probando fortuna por su cuenta, Ñico se integró al Cuarteto de Manolo Castillo, donde cantó y tocó la guitarra hasta 1934, cuando pasó a formar parte del grupo Típico Oriental, dirigido por el brillante tresero Guillermo Mozo.
Hace años, el difunto Compay Segundo me dijo: “A Ñico Saquito lo contacté en Santiago de Cuba e hicimos un quinteto. Tocábamos en las peñas y nos ofrecían ñame con bacalao –comida de trovadores–; también macho (cerdo) asado con plátanos fritos (tostones) y mucho ron cubano”.


Su primer éxito –por el que todas las miradas lo iluminaron– llegó en 1936, cuando compuso Cuidaíto Compay Gallo, pieza que recibió gran notoriedad en las voces y guitarras del Trío Matamoros, que grabó el tema y lo hizo popular. Más tarde, otros conjuntos lo incorporaron a su repertorio, especialmente por la estrofa: “Valga que hable, que si no, valga que hable, que si no, me coge el gallo Rufino; esto lo dijo el perico, porque un gallo equivocado lo confundió con gallina”.


Estimulado por ese triunfo, Ñico Saquito fundó en 1937 el trío Compay Gallo, con el que grabó otras de sus populares y contagiosas piezas, entre ellas la guaracha Saca la jabita y el son Un domingo en el batey, tema que escogió el maestro Gonzalo Roig para que fuera interpretado en el filme Romance del Palmar.
Pero la canción más popular de Ñico Saquito, que ha quedado como sellada en la memoria de los cubanos, es María Cristina, cuya estrofa, ya convertida en leyenda, dice: “María Cristina me quiere gobernar, y yo le sigo, le sigo la corriente, porque no quiero que diga la gente que María Cristina me quiere gobernar”.


Después de trabajar en los años 40 con el Grupo Típico Oriental en el afamado cabaret Montmartre de la capital cubana, Ñico regresó a su ciudad natal y, junto a Florencio Santana, “Picolo”, voz segunda y guitarra –quien ya lo había acompañado anteriormente en el trío Compay Gallo–, formó Los Guaracheros de Oriente, agrupación a la que después se sumaron Gerardo Macías, “el Chino”, guitarra y tercera voz, y Félix Escobar, “el Gallego”, en los timbales.


De regreso en La Habana, esta vez al frente de Los Guaracheros, actuó con éxito en RHC Cadena Azul y Radio Cadena Suaritos, emisoras radiales que tuvieron una gran influencia en la difusión de la música cubana en esos años, además de presentarse en infinidad de teatros y clubes nocturnos habaneros. En sus grabaciones, Los Guaracheros utilizaron varias voces primeras, como las de Maximiliano Sánchez, “Bimbi”, Orlando Vallejo, Jack Sagué, Alfredito Valdés, Carlos Embale, Manolo Fernández y Ramón Veloz.


Los Guaracheros, genuinos intérpretes del son oriental y de la guaracha, actuaron en la mayoría de los países latinoamericanos, y en 1950, debido a razones políticas –la guaracha fue prácticamente reprimida y perseguida no sólo por su procacidad, también porque se usaba para criticar a los gobernantes de turno–, el quinteto viajó a Venezuela, donde permaneció por los próximos 10 años.


De sus composiciones, una de las más controversiales fue El muñequito, tema que el escritor madrileño Lázaro Morell sentenció como “Muñequito Racista” por creer que la canción se prohibió ya que discriminaba a la mujer de color. Sin embargo, como menciona el Dr. Cristóbal Díaz Ayala en su libro Del Areyto y la Nueva Trova, “canciones como ésa se prohibían por atentar contra la moral y las buenas costumbres de la época, porque el doble sentido que se aplicaba a sus letras se consideraba muy fuerte para las personas decentes. Por eso se creó la Comisión de Etica Radial, con un fuerte código que se aplicaba para la programación de radio y de televisión, y que prohibió canciones y programas. Tarajano –encargado de dicha comisión– suspendió programas como Ranchuelera y Guantanamera, o prohibió de un cantazo ciento setenta y tres canciones por contener frases ‘groseras o sugestivas’, como Devuélveme el coco, A romper el coco, El caballo y la montura, El Yoyo y Pónme la mano, Caridad.”


En 1960, estando en Venezuela, Ñico Saquito decidió regresar a Cuba. Los otros integrantes marcharon entonces a una gira por Estados Unidos, ahora con el formato de trío. En 1962 se trasladaron a Puerto Rico, donde continuaron sus grabaciones y actuaciones. Macías falleció en 1996; “Picolo” se retiró, y “el Gallego” continuó trabajando con otros músicos boricuas, grabando numerosos discos con gran parte del repertorio de Ñico Saquito, mientras que Saquito trabajó por años, cantando acompañado por su guitarra, en el famoso restaurante de La Habana La Bodeguita del Medio.


La obra musical de Saquito – más de 500 composiciones – abarcó toda la gama de la música popular cubana, incluyendo la campesina. Sus composiciones han integrado el repertorio de los más destacados artistas y agrupaciones de Cuba, siendo además interpretadas por importantes voces en el extranjero. Todas adquirieron asombrosa popularidad, entre ellas, Camina como Chencha la Gambá, Mi cinturita y Me voy para la luna. El famoso trío mexicano Los Panchos conquistó a miles de admiradores con el tema Silverio, Facundo y la luna.


Otras piezas famosas de su autoría son la canción de protesta Al vaivén de mi carreta, así como No dejes camino por vereda, La negra Leonor, ¿Qué te parece mi compay?, Choncholí se va pa'l monte y Yo no escondo a mi abuelita, entre otras.


En 1979, ya enfermo, grabó con Eliades Ochoa, el también trovador santiaguero (director del Cuarteto Patria y uno de los participantes del disco Buena Vista Social Club), un disco de antología que hoy tiene perspectivas de reimprimirse, mientras la nueva hornada de músicos cubanos y otros ya arraigados le siguen rindiendo tributo.
Reconocido como el máximo exponente de la guaracha, Benito Antonio Fernández Ortiz, alias Ñico Saquito, falleció el 4 de julio de 1982.

 

 

 

 

 

       
Home ] Ediciones anteriores ] Artistas incluidos ] Calendario ] Salsa clubs ] Restaurantes ] Nosotros ] Elenco de escritores ] [ Enlaces ] Subscríbase ] Contáctenos ]

¿Cómo? en L.A.

2107 D West Commonwealth Ave # 353, Alhambra, CA 91803

Phone: 213-509-2158  Fax: 626-282-9047

E-Mail: info@comoenla.com