
El martes 29 de junio se cumplen 12 años de la desaparición de
Héctor Lavoe. Recordarlo es ingresar en el vasto mundo de su
trayectoria, sus triunfos y reveses y, desde luego, en su universo
musical, donde uno de sus temas, Calle luna, calle sol, se
convierte indiscutiblemente en el palmario relato de su dura vida.
Héctor Juan nació el 30 de septiembre de 1946 en Ponce, Puerto Rico,
uno de los ocho hijos de la familia Pérez. Luis, su padre, tocaba
guitarra en tríos y orquestas locales. Convencido de que la música
iba a ser su subsistencia, Luis matriculó a Héctor en la escuela de
música Juan Morel Campos, con el fin de que llegara a ser un gran
saxofonista; y aunque Héctor aprendió los fundamentos musicales,
pronto perdió el interés, porque consideraba que no tocaba bien ese
instrumento.
En su niñez, Héctor pasaba la mayor parte del tiempo escuchando en
la radio la música jíbara de Puerto Rico. Su sueño era llegar a
cantar como sus ídolos: Chuito el de Bayamón, Odilio
González y Daniel Santos, cuyas voces y estilos
continuamente imitaba. Sin que su padre lo supiera, comenzó a
juntarse con músicos locales, y a los 14 años de edad, debutó como
cantante en una banda local que le pagaba 18 dólares por noche, buen
dinero para él en 1960.
Su deseo de buscar fama y fortuna como cantante en Nueva York lo
llevó a terminar las relaciones con su padre, quien se oponía
totalmente a que se fuera, porque su hermano mayor tomó la misma
decisión y perdió la vida en esa ciudad debido a una sobredosis de
drogas. Así y todo, Héctor dejó a su familia y llegó a Nueva York el
3 de mayo de 1963, con 17 años, para vivir con su hermana Priscilla.
Aunque su visión del Nueva York latino era la de un lugar vibrante y
esplendoroso, quedó prontamente desencantado al ver edificios
alicaídos y basura por todas las calles. Su deseo de cantar comenzó
cuando Roberto García -uno de sus amigos en Ponce, que ahora
vivía en la Gran Manzana- lo invitó a un ensayo de un sexteto que se
estaba formando. Héctor le sugirió ciertos cambios al vocalista, que
estaba tratando de interpretar Tus ojos, y cuando los demás
lo oyeron cantar, lo hicieron inmediatamente su vocalista de planta.
Asumió el apellido Lavoe porque admiraba a Felipe Rodríguez,
un cantante de baladas al que llamaban "La voz"; cuando un promotor
local decidió manejar su carrera, usaron el derivativo del término,
bautizándolo con el nombre con el que se le conoce
internacionalmente.
A principio de los 60s, Héctor pasaba el tiempo cantando en clubes
nocturnos de la ciudad y en giras, donde conoció y trabajó con
destacados músicos, cantantes, productores, arreglistas, promotores
y dueños de locales dentro del panorama musical latino. En Nueva
York cantó con Kako and his All Stars y trabajó por un par de
semanas con el dominicano Johnny Pacheco, quien impresionado,
le presentó a otro joven músico y director de orquesta, el genial
Willie Colón, quien en ese entonces tocaba mayormente Latin jazz
y bógalo, y al que los músicos establecidos consideraban un niño con
un sonido malo. Aún así, Pacheco estaba listo para grabarle su
primer álbum para el sello Fania.
Esa presentación le vino a Colón como anillo al dedo. Willie estaba
buscando un cantante para la grabación, y en Héctor encontró la voz
clara, el estilo y la impecable enunciación que necesitaba, además
de que su nuevo allegado tenía un enorme talento para la
improvisación. Esa unión fue un éxito instantáneo. Pacheco le creó a
Willie la imagen de un niño malo, de un delincuente, de un incivil
pandillero. La imagen pegó, y en 1967, Héctor y Willie grabaron su
primer álbum, El malo, con una orquesta en la que casi todos
los músicos eran adolescentes.
El grupo tenía un sonido fresco y nuevo, y además contaba con Lavoe,
que aparte de ser un gran talento, era muy carismático. Durante los
descansos en las presentaciones, siempre se mezclaba con la
audiencia, firmando autógrafos, diciendo chistes, manteniendo una
gran conexión con sus admiradores, porque siempre se consideró un
jíbaro sencillo, pero con mucha honra. Con su unión, Colón y Lavoe
iniciaron una vertiginosa carrera, llegando al estrellato y
cosechando una larga lista de éxitos como Mi gente,
Ah-ah/Oh-no, Abuelita, Piraña, Songorocosongo, Aguanile,
Emborráchame de amor, Paraíso de dulzura y Periódico de ayer,
entre muchos otros.
Ese mismo año, Héctor conoció a Carmen Castro, a quien dejó
embarazada; pero nunca se casó con ella, porque la muchacha
consideraba que Lavoe era un incorregible mujeriego. El 30 de
octubre de 1968, José Alberto Pérez vio la luz del día, y la
noche en que celebraba el bautizo de su primer hijo, Lavoe recibió
una llamada de Nilda Rosado, quien le dijo que ella también
estaba embarazada. El 25 de septiembre de 1969 nació Héctor Jr.
Eventualmente, Héctor se casó con Nilda, la que prefirió que Lavoe
mantuviera relaciones mínimas con Carmen y su primer hijo.
De acuerdo con el propio testimonio del cantante, su adicción a las
drogas comenzó en una fiesta privada, donde había un sopero de
sustancias prohibidas en una mesa; junto con varios de los presentes,
se entregó al ilícito placer. Tanto se enamoró de la heroína que
comenzó a usarla continuamente, hasta que el abuso empezó a afectar
tanto su vida personal como la profesional. Debido a su
impuntualidad, sus colegas de Fania All Stars lo bautizaron
irónicamente como "El Rey de la Puntualidad". Tanto así que, años
más tarde, Pacheco compuso y le dedicó un tema con ese mismo nombre.
Para 1974, el uso de las drogas y su comportamiento estaban
totalmente fuera de control. La orquesta estaba recibiendo muy mala
publicidad, y la integridad de la banda era cuestionable. Willie
trató de ayudarlo, pero Lavoe era débil y no pudo abandonar el vicio.
Bajo esas circunstancias, Willie no tuvo otra alternativa que
desbandar la orquesta.
Lavoe siguió como solista con su canto chillón y arrabalero, con el
acento boricua que lo vio nacer. Se convirtió en ídolo, ayudado
también por su presencia en las películas de la Fania All Stars.
Era, indiscutiblemente, un sabio de la salsa, un cantante lleno de
improvisaciones que podía contar sus historias sin que sonaran
falsas. Su primer elepé en solitario y su primer hit rotundo fue
Rompe Saragüey. Su segundo álbum contiene otros éxitos como
Periódico de ayer, creación de Catalino Curet Alonso,
quizás el compositor más prolífico y brillante de la historia de la
salsa.
Con infinidad de admiradores, promotores de todo el mundo anunciaban
su presencia, porque presentar a Héctor en vivo garantizaba un cupo
completo. Después de todo, Lavoe era para la salsa lo que Sinatra
era para la música popular estadounidense. Su comparación con
Tony Bennett, conocido como "the singer's singer", llevó a que
lo calificaran como "el cantante de los cantantes".
Preparándose para un concierto de Fania en Africa, Héctor dejó la
droga y comenzó a practicar santería, la religión adoptada por los
esclavos al llegar a nuevas tierras. Después de esa experiencia,
regresó a Puerto Rico y recayó en el vicio. En 1975, sus músicos,
cansados de su comportamiento, lo abandonaron, y José Mangüal Jr.
lo rescató, acompañándolo en un disco que logró lo que Felipe
Pirela y Cheo Feliciano no pudieron hacer: un éxito del
tema De ti depende. El álbum, del mismo nombre, incluyó los
éxitos Hacha y machete, Vamos a reír un poco y
Periódico de ayer.
Dos años más tarde, tres importantes eventos ocurrieron en su vida.
En febrero, en el club Corso, Héctor invitó a Rubén Blades (ahora
vocalista de Willie Colón) a cantar con él, y Rubén, acompañado de
su guitarra, interpretó El cantante, anunciando que había
escrito el tema exclusivamente para Lavoe. Desde entonces, esa
canción se convirtió en su firma.
En abril, sufrió un debilitante ataque de nervios que le impidió
caminar, y que según los doctores se debió a muchos factores: el
estrés en que vivía –cantaba en tres presentaciones diarias siete
días por semana –, la disquera que no le pagaba adecuadamente, los
problemas maritales que tenía y el hecho de que no se hablaba con su
hijo mayor. Le tomó cinco meses poder rehabilitarse. En diciembre,
lanzó al mercado un nuevo disco, Comedia, en el que aparecía
en la portada vestido como Charles Chaplin. Su versión de
diez minutos de El cantante, con arreglos sinfónicos, le ganó
un disco de platino.
Héctor usaba los collares de la santería que identificaban a sus
orishas (dioses del panteón lucumí) y no permitía que nadie se los
tocara. De su fe aparecieron los temas Rompe Saragüey y
Songorocosongo. Irreverente en sus presentaciones, cuando
alguien lo comparaba con algún cantante bonito, afirmaba con orgullo:
"Yo no canto con falda, sino con pantalones".
En 1978, deprimido nuevamente, comenzó a hablar de suicidio, por lo
que visitó a un babalao que le recomendó aislarse por un tiempo de
todo y de todos. Meses más tarde, reapareció fuerte, seguro y libre
de drogas, para luego recaer nuevamente.
Durante los primeros años de la década del 80, el género sufrió una
gran pérdida de popularidad. Lavoe continuó grabando, pero su
adicción y las tragedias personales minaron su claridad mental.
Además, las muertes de su hijo y de su suegra, así como la fractura
de sus piernas al saltar por la ventana de su apartamento que se
quemaba, abonaron el tormento que intentaba apaciguar a través de
las drogas.
Todo esto culminó en el 88, cuando lanzó el álbum Hector Strikes
Back, disco que fue nominado para un Grammy. Sin embargo, tras
la suspensión de un concierto en Bayamón que marcaría el reinicio de
su carrera en la isla que lo vio nacer, se lanzó del décimo piso del
hotel San Juan. No logró suicidarse, pero quedó malherido e
incapacitado para volver a cantar.
Vivió sus últimos años en Nueva York, donde promotores lucraron con
él, presentándolo en conciertos cuando apenas podía hablar. A pesar
de las ventas generadas por sus discos, Lavoe murió el 29 de junio
de 1993 en condiciones económicas precarias.
Su vida fue dura, marcada por tragedias de las que no se pudo
recuperar, especialmente la muerte accidental de su amado hijo. Así
y todo, siempre mantuvo su sonrisa, aún cuando las penas le
quebrantaban el corazón.
Lavoe grabó 257 canciones en sus 11 discos de larga duración con la
orquesta de Colón y en los 9 como solista, aparte de las canciones
ejecutadas con Tito Puente y la Fania All Stara. Es el autor
de No hay quien te aguante junto con Ramón Rodríguez y
de los notables Paraíso de la dulzura y La Fama, entre
los más conocidos.
En 1999, Pablo Cabrera se unió al productor David
Maldonado para crear la obra teatral Quién mató a Héctor
Lavoe. El montaje arrancó aplausos de la crítica especializada,
incluyendo al New York Times, y según se ha anticipado, existe la
posibilidad de que llegue a convertirse próximamente en una
producción cinematográfica.