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ENTREVISTA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LISANDRO MEZA

 

EL ACORDEONISTA DE LA SABANA

 

Por Sergio Burstein

sergio@comoenla.com

 

acarle información a Lisandro Meza (66) a través de una entrevista no es cosa fácil. Y esto no se debe a que el llamado “Rey de la sabana” sea descortés, ya que se trata de una persona sencilla y accesible; parece ser más bien la consecuencia de su propia actitud ante la vida, que lo lleva a estar casi completamente metido en su música aunque se encuentre abajo del escenario, haciendo por ejemplo que emplee casi siempre a manera de respuesta determinados segmentos de sus letras que le parecen convenientes.


¿Cómo? en L.A. tuvo la oportunidad de charlar con el afamado acordeonista colombiano luego de que éste ofreciera una explosiva actuación en el parque angelino que albergó el más reciente Festival Colombiano. Lo que sigue a continuación es una reproducción más o menos fiel de lo conversado con una figura legendaria, cuya carrera tiene más de 45 años.

Hace cerca de un año, Ud. tuvo un accidente que lo obliga hasta ahora a usar una muleta. ¿Qué fue lo que pasó?
Me caí de las escaleras de un tercer piso de una casa en Ecuador. Pisé mal, y como no había baranda, me fui para abajo. No me dañé sólo la pierna, sino también la mandíbula. Pero no pude darme el lujo de hacer terapia: a los 55 días [del accidente] me fui a la Argentina; regresé a Ecuador e hice diez fechas; me fui a Colombia e hice como diez conciertos más. Después tuve que viajar a Europa, y de ahí a la Feria de Cali, a Barranquilla, a los carnavales de Ecuador, a los Estados Unidos…No he parado.

Esa historia es bastante impresionante. ¿Se le ocurrió hacer una canción sobre ella?
Le hice una canción a Cristo, que se llama El amor de Jesús [canta]: “Cuando niño me hablaban de él/ fue creciendo y me hablaban de él/ del amor que le tiene a la Humanidad”…[sigue].

Este es un festival dedicado a la salsa, y aunque muchos pudieran sorprenderse de que un artista conocido por sus vallenatos y cumbias esté aquí, Ud. ha dicho en varias ocasiones que también interpreta ese género, ¿no?
Yo interpreto también salsa en el acordeón; Estás pilla'o y Baracunatana, por ejemplo, tienen una rítmica de salsa. Lo mío además es la cumbia y el paseíto. Si se me reconoce por algo es por el folklore colombiano que llevo dentro. Soy el único artista que ha sido premiado durante dieciocho años en la feria de Cali, que es la capital salsera de Colombia, aunque a ese evento llegan toda clase de salseros y de merengueros. Esto quiere decir que a la gente le gusta el folklore y las cosas que digo, porque yo hago canciones sobre lo cotidiano, como es el caso de El hijo de tuta, una canción mía que es como un cuento de Condorito, pero con algo más, porque además de hacer reír, hace bailar a todo el mundo.

Hay mucho sentido del humor en sus canciones…
A veces tienen una picardía de doble sentido, como en la parte que dice [canta]: “Tuta se fue a la clínica/ a parir y tuvo trillizos/ enseguida me le ofrecí/ Tuta te los bautizo/ Cómo me vino el destino/ las cosas que a mí me gustan/ porque voy a ser el padrino/ de los hijos de Tuta”.

Ud. siempre representa el espíritu desenfadado y festivo de los suyos; ¿lo ha alejado eso de hacer cualquier comentario social o político?
Me encanta la alegría, pero hace poco sí me metí un poquito en la política, porque le hice un nuevo verso a la canción que dice [canta]: “lo que pasa es que el pueblo pide/ los corruptos pa'l infierno/ en toda huelga se meten/ y de ella son activistas/ tiran piedras y quiebran vitrinas/ esos son los triple hijos de … Tuta.”

¿También tiene algunas composiciones románticas, cierto?
Hay una en mi disco nuevo que se llama Perdóname [se pone a cantarla]. Cuando la canción es folclórica, trato de hacer reír a la gente; pero a veces me provoca tocar otros ritmos, y entonces [la letra] sale más tierna, porque uno se pone a profundizar en las cosas bonitas de la vida.

Ud. mismo ha comentado que dejó de hacer vallenato tras un festival del género en el que le negaron el premio mayor, y que desde entonces creó un estilo propio que llama Dimeza.
Y ahí me quedé. Fue cuando hice Las tapas, Baracunatana y Entre rejas, que es una salsa. Es que me dijeron que no podía ganar un festival de vallenato porque era de la sabana [Sucre], y todos ellos estaban haciendo lo que yo hacía, siguiéndome a mí.

Veo que ahora toca con bajo y guitarra eléctrica, pero hay otros artistas que han mezclado la cumbia y el vallenato con elementos más modernos, como es el caso de Celso Piña, que trabaja muy cerca a los rockeros. ¿Ud. llegaría a eso, o se pone límites?
Sí tengo límites. Puedo poner a veces sonidos distintos y una que otra cosita por aquí y por allá, pero sin salirme nunca de mi estilo. Recuerdo que Celso Piña grabó un tema mío, El tren, y que los Aterciopelados grabaron una versión de Baracunatana; me gustó que lo hicieran, porque ésa fue la canción que los sacó del anonimato, lo que demuestra lo buena que es [la composición]. Pero a mí me llaman “el sabanero mayor”, y esto es lo que hago; el día que me vean grabando [con músicos de otros géneros] querrá decir que ya se acabaron mis capacidades, y que necesito ayuda de otros para salir adelante. El que quiera meterse a hacer reggaetón, que lo haga; yo seguiré en lo mío.

Baracunatana tiene una letra polémica, en la que se alude aparentemente a las drogas, como es el caso de Adicción, una canción en la que se compara a una mujer con la marihuana. Pero Ud. ha asegurado que no le interesan las sustancias ilícitas ni el alcohol.
[Canta una parte de Adicción]: “Sus caritas son/ como una marihuana que me traba/ que me lleva hasta el cielo”… Es que cualquiera ha escuchado [los relatos de] gente que ha contado [el estado en que los pone] la marihuana, y me pareció que lo podía usar como metáfora; pero no lo hice porque tuviera nada que ver conmigo. Nunca he usado esas cosas; si me hubieran visto actuando así alguna vez, no me hubiera quedado más que seguir en lo mismo. Hay que saber respetarse a sí mismo, aunque respeto también a la gente que decide hacerlo. Pero mi intención es que se me recuerde como a un artista, como a un señor; eso es lo que ando buscando. Y para eso hay que tener muchas cualidades. Hay mucha gente que es muy buena en lo suyo, pero que ha caído en los vicios y pierde todo el trabajo que ha hecho.

¿Qué piensa de lo que hace Carlos Vives?
Se lo aplaudo, porque después de haber estado en telenovelas, no agarró la guitarra para ponerse a cantar rock, sino lo que es nuestro folklore, aunque le haya metido varias cosas contemporáneas.

El acordeón se usa en muchas formas del folclore popular latino, pero en este país se lo escucha casi siempre en los grupos de música regional mexicana… Es que el acordeón se presta para diferentes géneros, como pasa también en la Argentina. Pero yo lo toco [de manera] diferente a todos; aunque admiro mucho a Alejandro Durán, lo que hago es en mi estilo, creado por mí e influenciado por Los Corraleros de Majagual, que es la primera agrupación en la que estuve.

 

 

 

 

 

 

     

 

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