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ENTREVISTA

VERA FOGWILL

 

La mirada femenina

 

Por Sergio Burstein

sergio@comoenla.com

 

l recorrido internacional de la película Las mantenidas sin sueños –que a pesar de ser argentina se va a estrenar recién en su país de origen en unos tres meses– ha sido ya de lo más fructífero. Además de haber participado en cerca de treinta festivales, el área de Los Angeles ha sido particularmente receptiva en su apreciación, ya que si bien no ha sido lanzada aún en nuestras salas comerciales, en el transcurso de dos semanas ha sido mostrada al público en tres ocasiones, gracias al Festival Internacional de Cine Latino (LALIFF) y al más reciente Festival de Cine Argentino. Y todo esto se ha dado a pesar de lo crudo y controvertido de una historia que presenta la caótica relación entre una madre drogadicta, desempleada y desesperanzada y su precoz hija de 10 años.
El LALIFF fue el evento local más beneficioso para los intereses de quienes se involucraron en la película, porque además de ser recibida con mucho entusiasmo por la audiencia, Las mantenidas sin sueños se hizo acreedora a dos premios, el de Mejor Opera Prima y el de Mejor Película, además de ser sugerida por la Asociación de Prensa Extranjera de Hollywood para su consideración en la categoría del Oscar correspondiente a Mejor Película Extranjera.
Con tantos logros encima, resultaría natural que Vera Fogwill (33) –quien escribió el guión de la cinta, la protagonizó y la co-dirigió al lado de Martín De Salvo– se sintiera abrumada o tuviera el ego por los cielos. Pero cualquiera que reconozca su rostro sabrá que la joven mujer tiene ya una larga carrera artística que, además de haberla convertido en protagonista de películas tan alabadas como Buenos Aires viceversa y El viento se llevó lo que (ambas del notable Alejandro Agresti), le ha permitido desarrollar una reconocida trayectoria como dramaturga y actriz de teatro, la misma que le permitió incluso alcanzar el más elevado galardón otorgado en dicha disciplina dentro de su país cuando sólo tenía 17 años de edad.

¿Cómo se dio el paso de actriz a directora, y por qué en este momento?
Bueno, en realidad no fue en este momento, porque este proyecto fue escrito hace como siete años. No me interesa específicamente la dirección; fue algo que empezó a surgir a medida que desarrollaba el guión, que fue hecho con la mente puesta en un grupo específico de intérpretes, porque mi fuerte es el trabajo de actores. Se estaba dando el fenómeno del “nuevo cine argentino”, que tiene una estética en la que personas que no son actores participan en películas de ficción, interpretándose básicamente a sí mismos; es algo que fue empleado en filmes de Pablo Trapero, Carlos Sorín y hasta aplicado de manera mixta por Agresti. No es que me moleste, pero me empecé a preguntar que iba a pasar con el trabajo artesanal de los actores, por lo que decidí hacer una cinta donde todos pertenecieran al gremio, con la excepción de Lucía Snieg, la niña protagonista, quien no tenía ninguna experiencia de actuación. Es que las niñas-actrices estaban muy teñidas, porque en un nene los vicios se colocan muy rápido. Quería a una nena que estuviera seducida por conocer, que se divirtiera con esto.

Parece haber en tu carrera de actriz una intención por elegir papeles interesantes y hasta cierto punto polémicos, como fue el caso de Buenos Aires Viceversa. ¿Se puede decir que Las mantenidas sin sueños es la continuación de una linea dramática determinada dentro de un trabajo ya directamente tuyo?
He dicho más 'no' que 'sí' a los proyectos que llegan a mis manos. Me interesa involucrarme en trabajos con los que me sienta identificada, que tengan detrás a un gran autor o a un gran director. Me gustan las ideas arriesgadas. No me gusta hablar de influencias, porque tengo demasiadas; creo que lo primero que leí en mi vida influye todavía en mí. Pero me encantan Todd Solonz [NE: el creador de películas tan radicales como Happiness y Storytelling] y Dorris Lorrie [NE: una cineasta alemana que se interesa mucho en historias que muestren profundas relaciones humanas].

Aunque hay muchas escenas realmente espeluznantes en esta pelicula, sobre todo en lo que respecta a lo que la madre hace prácticamente en presencia de su hija, hay momentos que recurren a un gran sentido del humor que aligera la enorme carga dramática. La misma cinta ganó muchos premios en el Festival Español de Peñíscola, un evento que se supone está dedicado exclusivamente a las comedias, ¿verdad?
El director del festival vio la película y se quedó encantado; no la querían incluir, porque es un drama, pero hicieron un 'testeo' y la gente se reía demasiado. La pusieron, aunque después se armó todo un escándalo, sobre todo entre los espectadores mayores que salían llorando, con el ánimo arruinado, porque los jóvenes sí suelen encontrarle todo el sentido.
Es que la película no pretende dar una cátedra de vida; tiene muchas más preguntas que respuestas, porque interactúa con cada persona que la ve. Me gusta que la gente reaccione ante ella, porque eso le permite estar viva. Yo he tomado los peores momentos de mi vida con mucho humor; es parte de mi naturaleza. Todo lo que hago tiene por lo tanto un humor que es dramático, porque la vida de por sí es absurda. No es que me diga: “qué mal que la gente se ría, porque quería hacer un drama y no me salió”; no.

Tu fuerte formación teatral hacía suponer –que esta película que es tu ópera prima como directora de cine– tendría una tendencia muy estática en el plano visual; pero no ocurre eso, aunque algunas tomas sí se van por ese lado al ser extensos planos-secuencia (es decir, tomas contínuas, sin corte alguno).
Hay un plano secuencia que dura como 12 minutos, que fue ensayado con cada actor, pero por separado y de manera individual. Quise hacerlo así para que transmitiera el nivel de incomunicación del que habla también la película; cada actor sabía los diálogos, pero no las acciones que iban a estar haciendo los demás. Me parecía que debía hacerse en una toma, bajo un planteamiento teatral, porque en este caso todos los cuerpos dicen algo al estar juntos, en función de los otros. Pero el lenguaje visual de la película es ecléctico, porque siempre he estado metida en muchas disciplinas y soy parte de la modernidad.

¿Decidiste trabajar con De Salvo porque el hecho de actuar en la película te obligaba a delegar responsabilidades en lo que respecta a la puesta en escena, mientras que tú te centraste quizás en el trabajo de actores?
No. Aunque teníamos inicialmente la idea de dividirnos las labores, me metí mucho en lo que respecta a las luces y a los colores, un degradé de rosas basado en filtros que se van agregando en función de la tensión dramática. Martín –quien tenía ya como 15 cortometrajes en su carrera– siempre quiso hacer esta película. De todos modos, las películas se hacen en equipo; no conozco a nadie que haya hecho una solo, por su cuenta. Yo había escrito antes de esto un par de cortometrajes, aunque eran mucho más experimentales.

Los Babasónicos hicieron la banda sonora, aunque no tienen a ningún integrante femenino. ¿No se te ocurrió nunca tener a mujeres elaborando la música, ya que la película está muy centrada en ellas?
Yo quería hacer una película femenina, pero no feminista, que es algo bastante diferente. Es por eso que la presencia de Martín y la de Babasónicos le brindan una perspectiva masculina, a pesar de que el tema principal [de estos últimos] juega con la ambiguedad al estar cantado por un hombre que representa un papel de mujer, algo que le gusta mucho hacer a ellos.
Las mujeres en esta película ocupan lugares de hombre, por lo que tienen roles que no son los que les están supuestamente asignados. Los Babasónicos habían hecho la música de una obra de teatro que yo escribí hace mucho tiempo, y se involucraron en este proyecto hasta tres años antes de que se filmara, porque escribí las canciones y se las di a Adrián Dárgelos [el vocalista] para que hiciera las letras en función a su talento. Fue una colaboración bastante atípica.

Siendo tú una persona que está tan metida en el arte y que nunca deja de trabajar, me imagino que ésta no es para nada una historia con referencias autobiográficas, porque el personaje que interpretas es un ser incapaz de hacer algo productivo, ¿verdad?
Me encanta mi trabajo; no puedo entender que haya gente que no tenga ninguna pasión en la vida, y me duele. El personaje partió de una oposición de lo que yo soy. Claro que tengo también a una amiga íntima de la infancia que, a pesar de haber tenido las mejores notas en la escuela, a los 14 años tuvo una hija, y ahora esta hija es prácticamente su madre, mientras que ella no hace nada. El personaje que interpreta Mía Maestro [NE: una mujer rica pero vacía] también se basa en alguien real, aunque está llevado al límite. Pero la película es más una mirada que una crítica, aunque trato de reflejar cosas que he visto a mi alrededor, como la forma en que te educan, pensando que un padre fantástico tiene que tener a un hijo fantástico.

 

 

 

 

 

 

     

 

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