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ENTREVISTA

GRUPO CLIMAX
LA IDEA
GANADORA
Por Leo Rodas
En los
ámbitos de la música comercial, las ideas que dan pie a
composiciones que se transforman en insospechados e inmensos éxitos
radiales no suelen venir de sesudos análisis intelectuales ni de
largas horas de desvelo en búsqueda de conceptos revolucionarios. En
realidad, ocurre todo lo contrario: las ideas que terminan
funcionando de este modo surgen de una necesidad simple y directa,
la misma que termina haciendo rápida conexión con la mentalidad de
un público que, a fin de cuentas, se encuentra enfrentado muchas
veces a los mismos deseos del que escribe las canciones.
Za za
za (la mesa que más aplauda), uno de los éxitos radiales más
importantes de la temporada pasada, se inscribe dentro de estas
características y, más aún, cuenta con una anécdota sumamente
entretenida en sus espaldas. Todo partió de la imaginación de
Osskar Lobo, un animador de fiestas y DJ veracruzano que, luego
de trabajar en diversos ‘antros’ del territorio mexicano, terminó
como ‘residente’ de Clímax, uno de esos clubes que se conocen por
allá como “table dance”, en los que las mujeres bailan y se
desvisten al compás de la música y bajo la mirada de los numerosos
parroquianos.
“Era el
primer aniversario del lugar, y como los regalos ya se habían
acabado, se hacía necesario inventar algo para que la gente se
mantuviera entretenida”, le ha contado Lobo a la prensa. “Se me
ocurrió entonces hacer una canción que gustara a todo el mundo y que
ofreciera como recompensa a los que más aplaudieran la presencia en
su mesa de una de las chicas, que es de donde viene la parte de la
letra que dice: ‘la mesa que más aplauda/ le mando a la niña’, y que
no tenía otra intención que despertar el entusiasmo de los
asistentes”.
Por eso,
encontrarle a la canción un sentido de denigración de la mujer o,
más aún, una tendencia perversa (por eso de “la niña”), es
desconocer el verdadero origen y la intención de una composición
que, en medio del “table dance” del que surgió, debía sonar
infinitamente más inocente que en cualquier otro recinto en la que
se la programe (aunque con esto no queremos decir que no hayan en el
mundo lugares que aparenten ser muy respetables, pero que en
realidad encubran mucha más maldad que la que se pueda encontrar en
todos los “table dance” juntos).
Lo
curioso es que, aunque surgió como una canción que se grabó en un
disco de tres temas que se regalaba a los asistentes del club, la
popularidad de la composición hizo que estas copias se empezaran a
“piratear” en todo el país, lo que terminó por llevar a Lobo y sus
compañeros (el DJ Lápiz, el MC Mister Grillo y El Jarocho) a firmar
un contrato con la conocida empresa Discos Musart/Balboa, que se
encargó de grabar un álbum completo de Clímax, una agrupación que,
como era de esperarse, tomó el nombre del citado “table dance”.
Una vez
programado en las radioemisoras, y cuando más éxito estaba
alcanzando, el Za za za empezó a despertar toda serie de
suspicacias y de críticas; los que no la veían como una canción que
denigraba a la mujer la consideraban una pieza satánica, acusando
incluso a Lobo de practicar la magia negra (una actividad que, según
las malas lenguas, se practica efusivamente en su Catemaco natal),
debido sobre todo al empleo de la palabra “Yacu”, que en la
tradición olmeca es supuestamente el Dios de las Calamidades.
El rumor,
aparentemente difundido a través de la Internet, alcanzó eco en el
reconocido diario mexicano Reforma, que llegó a difundir las
opiniones de quienes afirmaban que la canción tenía un malévolo
contenido oculto, al que se agregaba el hecho de que la palabra “za”,
en la citada cultura olmeca, hace supuestamente referencia al número
“6”, con lo que al repetir tres veces esa palabra, “za za za”, se
lograría el que es conocido como número del demonio: 666.
Eso no
fue lo más descabellado que se mencionó, ya que se insinuó incluso
que el tema aludía a varias personalidades de la política mexicana,
e inclusive que en ella se mandaba un mensaje oculto sobre los
supuestos planes del presidente George W. Bush para invadir Cuba.
“Esas
afirmaciones, más que preocuparme, me dan risa”, confesó el aludido
sin amilanarse. “Le quieren encontrar miles de significados, (pero)
todos saben que el Za Za Za nació en un “table dance”, y mis
musas fueron las muchachas que ahí laboran. La cosa es bien simple,
porque la canción es sencilla, casi ingenua: como estaba en el
puerto, el club donde trabajábamos se llenaba de filipinos, chinos y
norteamericanos, y teníamos que hacerle un coro que todos
entendieran. Fue por eso que creamos el “za-za-za-ya-ku-za”, que son
sílabas que riman y que resultan fáciles de entender”.
Además, a
pesar de su extrema sencillez, el tema ha estado en evolución;
cuando empezó, según declaraciones del mismo DJ, duraba más de ocho
minutos, ya que incluía a muchas más profesiones que las que figuran
ahora en su contenido. “Eso fue algo que se hizo paulatinamente, a
diferencia del coro, porque había que ir pensando en agregarle más
cosas que llamaran la atención del oyente”, reconoce Lobo, quien de
ser un cantinero y DJ conocido en cuatro paredes pasó a convertirse
en una especia de estrella internacional.
Otra
acusación que cayó encima del popularísimo corte fue la de ser una
copia descarada de El cepillo, un tema que fuera popularizado
hace unos cinco años por el conjunto dominicano Fulanito. Aunque
reconoce la influencia de dicha agrupación, Lobo descarta la copia
directa, asegurando que su creación tiene elementos musicales muy
propios de su región de origen, y que es por eso que ha logrado el
éxito que ha logrado. “Lo que se plasma en la canción tiene mucho
que ver con la cultura del puerto de Veracruz”, asegura. “Allá
tenemos muchos aportes cubanos, colombianos y puertorriqueños, y es
por eso que tenemos cosas que vienen tanto de la cumbia como del son
y del merengue, que sí llegó de República Dominicana. Lo que hicimos
con el Za za za, a fin de cuentas, fue fusionar los tres
ritmos principales que se escuchan en ese lugar”.
Así como
las copias ‘pirateadas’ de la grabación original empezaron a
circular rápidamente cuando alguien descubrió el gran potencial
comercial de la canción, los imitadores de Clímax en los Estados
Unidos hicieron su aparición antes de que el grupo verdadero llegara
a este país, lo que terminó por poner en guardia a Osskar Lobo y sus
representantes, hasta el momento en que los verdaderos autores del
hit llegaron a este lado del mundo para ofrecer un concierto
masivo en Los Angeles que reunió a 100 mil personas, participando
también en diferentes programas televisivos como Don Francisco
Presenta, Sábado Gigante y El Show de Cristina, en el que
la famosa animadora cubana aseguró que el tema ha funcionado en el
mercado latino porque es “bueno, bonito y barato”. Es decir, un
digno representante de la cultura popular.
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