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HUMOR


PEPITO y MARIA
Confesiones
María, que era muy linda, va en la tarde a la iglesia a confesarse.
– Padre, ¡he pecado!
–Cuéntame, hija, ¿qué has hecho?
– Antes de anoche estaba con mi novio en mi cuarto y nos acostamos,
porque yo, que soy tan frugil, tan frugil…
– Hija, se dice frágil, frágil.
– Ah, bueno. Anoche me encontré con un amigo y fuimos a su
departamento y me acosté con él, porque soy tan frugil, tan frugil.
– Frágil, hija, frágil.
– Bueno, como se diga. Hoy por la mañana me encontré con un ex-compañero
de trabajo, y como no tenía nada que hacer, nos fuimos a mi casa y
en eso nos acostamos, porque yo soy tan, tan…
¿Cómo se dice esa palabra, padre?
– Puta, hija, puta.
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Madres
Pepito estaba en su clase cuando la maestra dice: “Como estamos en
temporada de las madres, de tarea para la siguiente clase, los que
tengan a su madre viva me traen una rosa roja, y los que tengan a su
madre muerta, me traen una rosa blanca.”
Al siguiente día, Pepito llega con una rosa roja en las manos y una
blanca en los pies. La maestra, confundida, le pregunta: “Pepito, ¿por
qué traes una rosa roja en las manos y una blanca en los pies?”
A lo que Pepito le confiesa: “"Mire, maestra, como tengo a mi madre
viva, le traigo una flor roja en las manos. La rosa blanca en los
pies es porque tengo un callo en el pie derecho que no tiene madre.”
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Necesidad
Pepito llega de la escuela y le pregunta a su mamá:
– Mamá, ¿es cierto que los niños vienen de París?
– Sí, Pepito, es cierto.
– Mamá, ¿es cierto que la comida nos la da Dios?
– Si, Pepito, es cierto.
– Mamá, ¿es cierto que los juguetes me lo traen los Reyes Magos?
– Sí, Pepito, es cierto.
Pepito, después de pensarlo un rato, le dice a su madre:
– Entonces, si todo eso es cierto, ¿para qué diablos queremos a papá
en la casa?
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El
billete
Pepito va con su padre caminando por la calle cuando de pronto se
encuentran un billete de lotería. El niño lo recoge y le pregunta a
su papá:
– Papi... ¿y si nos lo ganamos?
– París....champaña....mujeres hermosas…
– ¿Y si perdemos?
– Pues Tijuana, cerveza ¡y tu mamá!
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La
langosta
Estaba la mamá de Pepito conversando con la vecina, que le contaba
que tenía una diarrea muy fuerte que no podía controlar con nada.
Pepito, quien estaba escuchando la conversación, le dice: “Mire,
vecina, yo la puedo ayudar porque tengo la receta.”
La señora, considerando la corta edad de Pepito, pensaba que se
trataba de cosas de niños, y luciendo interesada, le preguntó cual
era su receta.
–Usted lo que tiene que hacer es comer mucha langosta–, le dijo
Pepito.
Tanto la vecina como su mamá se quedaron pasmadas y ambas, al mismo
tiempo, le preguntaron al niño cómo era que la langosta ayudaba a
controlar la diarrea.
Y Pepito les contestó: “Bueno, la verdad es que yo no sé, pero
pienso que trabaja, porque a cada rato escucho a mami decirle a papi
que coma langosta, a ver si esa mierda se le para”.
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