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HUMOR


PEPITO y MARIA
La paliza…
Pepito llega al colegio todo golpeado y la maestra le pregunta:
“¿Qué te pasó? Otra vez estuviste peleando”. –No, profe, responde el
niño; es que mis padres no tienen dinero por la situación que
estamos pasando y los tres dormimos en la misma cama. Por la noche,
mis padres me mandan a dormir y se acuestan. Luego me preguntan:
'Pepito, ¿Estás dormido?'. Yo contesto 'Sí', y entonces me golpean.
La maestra, comprensiva, le dice: “Yo sé qué pasa, Pepito; tus
padres necesitan privacidad. Por eso, esta noche, cuando te manden a
dormir, tú te acuestas, te quedas muy tranquilo y cuando pregunten
algo, quédate callado y verás que no te harán nada.”
Al día siguiente, Pepito llega todo moreteado, con una pierna
enyesada y la cara llena de curitas. La maestra, aterrorizada al
verlo, le pregunta: “¿Qué hiciste, hijo mío? Seguro que no fue lo
que yo te dije”. –Sí, profe, contesta Pepito. Me mandaron a dormir y
lo hice. –Me preguntaron: 'Pepito, ¿estás dormido?', y yo me quedé
como muerto. Al rato se desnudaron y se acostaron, y después de
algunos movimientos, mi mamá empezó a susurrar, 'mi amor, me voy’;
pero cuando oí a mi papá decir 'y yo también', me paré y les dije:
'¡espérenme, que me voy con ustedes!’
En la escuela…
Estaba Pepito estudiando en una escuela de monjas que tenía una
barda enorme que separaba a los niños de las niñas. Pepito, muy
astuto, hizo un pequeño orificio para ver a las niñas, y todas las
tardes veía a Rosita sentada debajo de un árbol. Una de esas veces,
mientras la veía, Pepito decidió brincar la barda para hablar con
ella; pero ésta, además de ser muy alta, tenía un alambre con púas.
Aún así, Pepito agarró valor y decidió enfrentar ese peligro con tal
de conversar con esa niña. Finalmente, pasó al otro lado y se acercó
a la niña, diciéndole: “¿Cómo te llamas?”, a lo que ella respondió:
–Rosita, pero llámame Rosa, porque me quitaron el 'ita' al entrar al
colegio. ¿Y tu, cómo te llamas? “Pepito, pero llámame Pe”. –¿Y el
pito?, le preguntó ella, a lo que él le respondió: “El pito, por
venir a verte, lo dejé en la barda”.
El mal nombre…
Un día, al llegar Pepito a la escuela, ve pegados muchos carteles en
las paredes que dicen: “En Pro de la educación”; “En Pro de la salud”;
“En Pro de la nutrición”, etc. Como desconoce el significado de la
palabra “Pro”, decide ir a preguntarle a su maestra qué quiere decir
la expresión, a lo que ella le responde que significa estar a favor
de cierta causa.
A la hora de la salida, Pepito muy apresurado trata de salir de la
clase, pero la maestra lo detiene y le dice: –Pepito ¿a dónde vas
con tanto apuro?. “¡Voy al registro civil!”, responde Pepito. ¿Y eso
para que? “Porque me quiero cambiar mi segundo nombre”. –¿Y cuál es
tu segundo nombre?, indaga la maestra. “¡Próculo!”
La poesía…
La maestra, de tarea, manda a todos los niños a que escriban una
poesía que termine con la frase “madre, sólo hay una”. Al dia
siguiente empieza: “A ver Pedrito, ¿qué compusiste?”.
Con la mano hacia el cielo, Pedrito dice: –Yo le escribo al ser más
adorado, porque me cuida cuando estoy resfriado; y si debo decir
cosa alguna, le digo, con entusiasmo, madre... sólo hay una”.
–A ver tú, María, continúa la maestra. Con la mano en el pecho,
María dice: “Con sincero sentimiento, me siento muy halagada, porque
tú, madre, me has alimentado. Tú eres mi sol, tú eres mi luna. Por
eso te digo, madre, sólo hay una”.
Muy bien, María. Ahora tú, Pepito. –Con la mano detrás de la cabeza,
Pepito dice: “Defraudado de la vida por la madre que me dio; ayer se
acostó con dos y hoy sigue con la orgía. Qué tristeza la mía, cuando
ella me pidió dos cervezas bien frías que estaban en el congelador,
y al abrir la puerta, le contesté con amargura: 'de las dos que me
pediste, madre, ¡sólo hay una!' ”
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