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HUMOR


PEPITO y MARIA
O bien, o mal…
En la escuela, la maestra les pregunta a los chicos qué quisieran
ser cuando sean grandes, y si no pudieran, cuál sería su alternativa.
El primero en levantar la mano es Luisito, quien contesta:
– Yo quiero ser arquitecto, y si me va mal, dibujante.
– Muy bien, Luis... ¿y tú, María?
– Yo quiero ser gimnasta, y si me va, mal profesora de gimnasia.
Así van contestando todos los niños hasta que le toca el turno al
temible Pepito.
– ¿Y tú, Pepito?
– Yo quiero mujeres y champagne.
La maestra, incómoda, le pregunta:
– ¿Y si te va mal? – Paja y Coca Cola.
El vivo…
Pepito le dice a María:
– María, ¿quieres jugar al muerto y al vivo?
Y ella le pregunta:
– ¿Y cómo se juega?
– Bueno–, le responde Pepito, –tú te acuestas en el suelo y te haces
la muerta, y yo…¡me tiro encima tuyo y me hago el vivo!
Abre los ojos…
El padre llega al doctor con Pepito en brazos.
– Doctor, doctor, mi hijo tiene 6 meses y no abre los ojos.
El doctor revisa al bebé y, sorprendido por la estupidez del señor,
le dice al padre:
– Señor, el que debe abrir los ojos es usted, porque su bebé es
chino.
Trabajar…
Se levanta Pepito y le dice a su papá:
– Papá, papá, hoy me levanté con ganas de trabajar.
El papá, orgulloso, le contesta:
– ¿Y qué vas a hacer?
– Acostarme a dormir de nuevo para que se me quiten las ganas.
Lentes…
Una maestra le dice a María:
– A ver, dígame María, ¿qué pasa si le cortan una oreja?
– Me quedo sorda–, responde la niña.
– ¿Y si le cortan la otra oreja?
– Me quedo ciega.
– ¿Por qué?–, pregunta asustada la maestra.
– Porque se me caen los lentes. El accidente…
María llega a la casa llorando y su madre le pregunta:
– Pero hija, ¿por qué lloras? ¿Qué te pasa?
– Es que en la clase de Educación Sexual nos han dicho que los
niños nacen por donde se mete el pene.
– Sí, hija, pero esa información no es para llorar...
– Es que tengo miedo de que al nacer el hijo de Pepito me rompa la
boca...
El timbre…
Un señor que iba caminando por la calle ve a Pepito saltando al lado
de una puerta, tratando de alcanzar y tocar el timbre. Afectado, el
caballero se le acerca y le pregunta:
– Niño, ¿necesitas que te ayude?
– Sí–, responde Pepito.
Entonces, el amable señor lo levanta y lo ayuda a que toque el
timbre de la casa, y una vez que Pepito lo hace, le dice al
caballero:
– Muy bien, ahora bájeme y mandémonos a correr.
Descansa en paz…
– Hace 15 días–, le dice Pepito a su mejor amigo, –que mi tío
descansa en paz.
Al oír eso el amigo le dice:
– Oye Pepito, ¿y por qué no me dijiste nada sobre la muerte de tu
tío?
A lo que responde Pepito:
– Para qué, si la que se murió fue mi tía. |