

PEPITO y MARIA
Oxígeno…
La maestra le
solicita a los alumnos que traigan artículos para abastecer el
botiquín de primeros auxilios de la escuela. Al día siguiente,
Juanito aparece con una botella de alcohol.
La maestra le dice:
“Muy bien, Juanito, ¿y para qué sirve el alcohol?” El niño responde:
“Pues sirve para desinfectar heridas y hacer asepsia antes de las
inyecciones.” La maestra responde: “Muy bien.”
Entonces, llega María
con un paquete de motitas de algodón, y la maestra le pregunta:
“¿Para qué sirve el algodón?” María contesta: “Maestra, el algodón
se moja con el alcohol que trajo Juanito y sirve para desinfectar las
heridas.” “Muy bien,” asegura la maestra.
En eso llega Pepito
con un tanque de oxígeno, y la maestra le pregunta: “Pepito, ¿un
tanque de oxígeno? ¿Y para que sirve?” Pepito responde: “La verdad
es que no sé. Pero cuando se lo quité a mi abuelita, ella me dijo:
¡No te lo lleves, no te lo… lleeeeeeeeves!”
El diario…
El papá de Pepito
decide irse con toda la familia a vivir a Estados Unidos y, al
llegar, matricula a Pepito en la escuela. El primer día, la maestra
le pide a sus alumnos que le den una frase que utilice la palabra “evidentemente”.
“Bueno,” le dice
Pedrito, “mi papá, mi mamá, mis hermanos y yo fuimos a cenar a un
restaurante y, evidentemente, mi mamá no cocinó ese día.” “Muy bien,”
indica la maestra. “A ver María, deme un ejemplo usando la misma
palabra.” “Mi papá, mi mamá, mis hermanos, y yo nos fuimos a la
playa y, evidentemente, la casa quedó sola”, responde María. “
“Muy bien. A ver
Pepito, deme un ejemplo de la palabra ‘evidentemente’.” ”Bueno,
maestra, yo estaba sentado en el corredor de mi casa, y cuando vi
pasar a mi abuelita con el diario New York Times, me dije:
‘Evidentemente va a cagar, porque ella no habla ni papa de inglés’.”
El fafarafa…
La maestra está dando
clases acerca de los invertebrados y, al terminar, le pregunta a los
alumnos: “¿Cuál es el invertebrado mas diminuto que conocen?” “La
oruga,” responde María.
Y así, continúa con
los demás alumnos, hasta que le toca el turno a Salomón, el
sabelotodo del salón, el típico niño genio de lentes, calculadora
científica y corbata. Se para el chiquillo al lado de su banca y con
voz erudita dice: “El invertebrado más diminuto que conozco es la
fafarafa, maestra.”
La maestra se queda pasmada, pero como era el niño sabio, no sabia
si desmentirlo o no, y le pregunta: “Salomón, ¿podrías explicarnos
que es la fafarafa?”
“Claro que sí,
maestra. La fafarafa es un pequeño animal que habita en la cabeza,
sobre los huesos occipitales, que se alimenta de células muertas que
caen sobre la cabeza, o lo que comúnmente confundimos con polvo o
tierra.” La profesora se queda aún más estupefacta cuando al fondo
del salón, Pepito levanta la mano.
“Sí, Pepito; ¿cuál es
el invertebrado mas diminuto que conoces?” “El feferefe, maestra”.
Nuevamente atónita, la maestra le pregunta: “¿Y podrías explicarnos
que es eso?” “Claro, maestra. El feferefe es un animal muy pequeño
que habita sobre los huesos occipitales de la cabeza y se alimenta
de polvo o tierra, pero a diferencia de la fafarafa de Salomón, el
feferefe tiene un fifirifi que lo mete en el fufurufu de la fafarafa”.
El autobús…
María era una niña de
5 años que estaba con su mamá en la parada del autobús. “Cuando nos
subamos al autobús”, le dice la mamá a María, “le dices al conductor
que tienes 4 años para que no nos cobre tu pasaje.” Llega el autobús,
se suben, y cuando el conductor le pregunta a la niña: “¿Cuántos
años tienes?”, ella le responde: “Cuatro.” “¿Y cuándo cumples los
5?”, le dice el conductor. Y María le responde: “¡Tan pronto me baje
del autobús!”