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PORTADA

 

ISMAEL MIRANDA

 

El niño bonito de la salsa

Por María Elena Piedra

 

A través de los años, todos lo géneros musicales, hasta los que desaparecen en menos de lo que canta un gallo ¿o no recuerdan La lambada de Kaoma?, han tenido sus estrellas y sus estrellados (los que de casualidad pegan una canción para luego, con la misma velocidad, despegarse y terminar donde empezaron, en la total oscuridad). Claro que también hay artistas que, por su talento innato, su personalidad y el volumen de su excepcional trabajo, no sólo son respetados, sino también queridos por audiencias de todas las edades.
          Cuando hablamos de salsa, un género musical que en su modalidad actual cuenta con menos de 50 años de historia, enseguida nos vienen a la mente los nombres de cantantes de la estatura de Rubén Blades, Héctor Lavoe, Ismael Miranda, Andy Montañez, Cheo Feliciano y Ismael “Maelo” Rivera; artistas que, en sus comienzos, le dieron ímpetu al ritmo. Estos iconos le sirvieron de plantilla a músicos de siguientes generaciones como Tito Nieves, Gilberto Santa Rosa, Domingo Quiñonez y Víctor Manuelle, entre otros.
           Lo extraño de todo esto es que, hasta ahora, ninguna casa disquera aprovechó la oportunidad de mezclar dichos talentos, utilizar su popularidad y grabarlos con arreglos modernos y atractivos, prefiriendo en vez de ello – sabrá Dios por qué– refreír las mismas grabaciones de sus catálogos, año tras año, en pusilánimes compilaciones.
          Gracias a Gilberto Santa Rosa, Sergio George y Louis García, ya no tengo que hacerme la misma pregunta, porque en la producción titulada “Ismael Miranda, Edición especial”, el trío le puso la tapa al pomo. Especialmente porque han unido todo el talento que acompaña a Ismael Miranda – uno de mis cantantes y compositores favoritos por más años de los que quiero recordar–, porque dicho sencillamente, Ismael ha sido, es y será siempre, uno de los más destacados soneros de todos los tiempos.
           Repasando su historia, recordamos que nació en Aguada, Puerto Rico, el 20 de febrero de 1950, y el primer grito que dio en vida fue tan afinado que el doctor, al escucharlo, expresó: “Este varón, si no es barítono, por lo menos será un buen cantante”. La declaración fue certera, porque a Ismael le encantó la música desde chico. En el seno de su hogar se escuchaban las canciones de Rafael Cortijo, El Gran Combo, Tito Rodríguez, Felipe Rodríguez y Johnny Pacheco, lo que fomentó en él el amor por las buenas composiciones.
          A sus 4 años, emigró con sus padres a la ciudad de Nueva York, y aunque su familia no era pobre, no le gustaba dar quehaceres dentro de su hogar, por lo que limpiaba zapatos y vendía periódicos para comprarse sus cosas. A los 11 años formaba ya parte de dos grupos de vocalización: The 4 J's y Little Jr. y The Class Mates, con los que participaba en varias actividades, aunque su carrera artística realmente comenzó a la temprana edad de 8 años, cuando cantó junto a figuras de la talla de Frank Sinatra, Jerry Lewis, Andy Williams y Tony Bennett en la primer maratón para la Distrofia Muscular que se llevó a cabo en el Palm Gardens, lugar que luego se convertiría en el famoso salón de baile El Cheetah.
            Interesado principalmente en todo lo vinculado a la música afro-antillana, Miranda se unió primero al sexteto de Pipo y su Combo como instrumentista. Luego pasó a los grupos de Benny Ortiz, Raúl González y su Orquesta y Andy Harlow y su Sexteto, donde cantaba y tocaba las percusiones. En 1967 llevó a cabo su primera grabación, “Let's Ball”, con Joey Pastrana, y uno de los temas, Rumbón melón, se convirtió en su primer éxito radial.
           Después de varios meses, Larry Harlow, el hermano de Andy, lo llamó para hacer una audición junto al “Sonero Mayor”, Ismael Rivera, y el mismo Rivera fue quien le dijo a Harlow que escogiera a Miranda, porque tenía voz, talento y juventud. Desde ese momento, nuestro Ismael se convirtió en su consejero y amigo.
          Empezó inmediatamente un ciclo de explosivas y exitosas grabaciones (ya que todas las que hizo con Harlow funcionaron muy bien) con el álbum “El exigente”. Su alto registro, impecable dicción y perfecta entonación convencieron al “Judío Maravilloso” de lo que tenía entre sus manos, y en 1968, Larry lanzó una nueva producción titulada “Orquesta Harlow presenta a Ismael Miranda”.
           A renglón seguido, los aciertos se repitieron disco tras disco con “Electric Harlow”; “Tribute to Arsenio Rodríguez”; “Harlow's Harem”; “Abran paso” y “Oportunidad”. Con Larry, Ismael incursionó en el campo de la composición, compartiendo créditos con él en los temas La revolución, Guasasa, Arsenio, El malecón y Lamento cubano, entre otros.
           Con sólo 19 años de edad, se integró a las Estrellas de Fania y se convirtió en el cantante más joven del grupo, donde lo llamaron “el Niño Bonito de Puerto Rico”, formando parte del gran concierto de la Fania All Stars en el centro nocturno El Cheetah, de Nueva York.
          Era la época en la que la salsa estaba en pleno auge, e Ismael irrumpió en 1973 con una fuerza espectacular en las ondas radiales con su producción “Así se compone un son”, un disco editado por el sello Fania que marcó su inicio en solitario frente a su propia agrupación, la Orquesta Revelación. Con estos músicos, Miranda se apoderó de la cuenca del Caribe, Perú, Colombia, Ecuador, los mercados latinos de los Estados Unidos y gran parte de Europa.
         Aparte de innumerables aciertos que lo convirtieron en el ídolo de la juventud latina y le ganaron amplia difusión radial con temas de diferentes compositores, entre ellos La cama vacía, La copa rota, Como mi pueblo y Las cuarenta, Miranda también se anotó inconfundibles éxitos como compositor con Señor sereno, Abran paso, el venerable Pa' bravo yo (un tema que popularizara el sonero, flautista y violinista cubano Justo Betancourt) y el incomparable clásico Así se compone un son.
        En 1973, Ismael se radicó definitivamente en Puerto Rico y comenzó a viajar extensamente. Su carrera artística lo llevó a Centro y Sur América, Africa, Japón, España, Suiza y Francia, donde se convirtió en el primer salsero en cantar en el prestigioso Teatro Olimpia de París, junto a Celia Cruz, y en el Teatro de la Opera Nacional de Holanda.
demás, fue el primer salsero en cantar en el Club Caribe del Hotel Caribe Hilton de San Juan, Puerto Rico; el primero en cantar en el Carnegie Hall, en el Primer Festival Caribeño que se presentó en New York, y cantó en el mismo lugar por segunda ocasión junto a Tito Puente en el Homenaje a Rafael Hernández. También, durante varios años fue seleccionado en Puerto Rico como El Mejor Vestido.
       Según Ismael, él quiere a todas sus composiciones por igual, como si fueran sus hijos. Pero después de pensarlo bien, decide que Así se compone un son tiene un lugar muy importante en su corazón, por ser el primer tema que pegó con su orquesta y por ser una composición suya y de María Luisa, la única mujer que no ha podido quitarse de encima en 35 años.
       En la década de los 80, grabó varias producciones para su propio sello discográfico, y en 1986, su álbum “Versos de nuestra cultura”, junto al cantautor José Nogueras, fue uno de los grandes éxitos de la temporada navideña.
      En 1988, anunció su retiro, deseo que nunca cristalizó, porque a principio de los 90, Ralph Mercado lo integró a su sello, RMM, y le grabó “Hasta la última gota” (1992), disco que muchos consideran como uno de sus mejores esfuerzos por la calidad y la elegancia de su contenido. A éste le siguió “Entre sombras”, un álbum que, aunque desigual en contenido, incluye un bolero, Gotas de nostalgia, que gracias a la voz e interpretación de      Miranda se convierte en un verdadero corta venas.
         En el año 1996, la Sra. Gladys Hernández tuvo la idea de unir a Miranda y Andy Montañez en un CD para que cantaran boleros. De esa noción nació “Al son del bolero”, una exitosa producción musical que dio como resultado dos grabaciones más: “Románticos de nuevo” y “Con alma de niño”, discos que, aunque fueron aclamados por la crítica, pasaron casi desapercibidos fuera de la Isla del Encanto debido a la pobre promoción y la falta de distribución internacional.
        En el año 2003, Ismael grabó un disco titulado “Tequila y ron”, un tributo al exánime cantautor mexicano José Alfredo Jiménez, que resultó en una nominación para un Grammy el siguiente año.
        Sobre sus hijos, Israel e Ismael, asegura que nunca auspició el desarrollo de sus carreras artísticas sin que antes concluyeran sus estudios académicos, pero confiesa que la sangre musical pudo más que su deseo, porque “Ismaelito” se prepara para lanzarse como intérprete de reggaetón, e Israel es cantante de salsa, y tiene previsto lanzar al mercado su primer disco en diciembre.
        Como padre, el consejo que Miranda le brinda a sus hijos en vías de entrar a la industria de la música es que “su mayor compromiso debe centrarse en la relación con sus seguidores. Para triunfar y mantenerse, hay que ser responsable con el público, las personas que te contratan y las que trabajan contigo, así como mantener un orden en la vida, y ser ejemplar”.
       Acerca de viajes, una de sus anécdotas favoritas le sucedió en Maracay, Venezuela, cuando las asistentes le empezaron a lanzar panties y brasieres, mientras que los muchachos, para no quedarse atrás, le arrojaban zapatos tenis y camisetas. “De verdad, pude haber montado una tienda de ropa con departamento de zapatería”, recuerda, aunque no deja de mencionar tampoco la vez que cantó en el teatro Olimpia, en 1979, o cuando fue con las Estrellas de Fania al Japón y Africa, se presentó en el estadio de los Yankees o apareció por primera vez en el Centro de Bellas Artes Luis A. Ferré.
          Con respecto a “Edición especial” (lanzado en mayo de este año), Miranda dice que la producción nació por la idea de reunir a un viejo grupo de amigos. “Empecé a llamar a todos mis ‘'panas’, toda esa gente que está ahí y con la que tengo una gran amistad”, afirma. “Nosotros en Puerto Rico somos bien unidos; todos los días nos llamamos, nos ayudamos, somos hermanos. Todos dijeron que sí; empezamos a buscar la música y a prepararnos”.
          Dentro de esta receta de buena salsa, Ismael Miranda incluye canciones en solitario como Más y el merengue Buenos amigos . El resto de los otros 5 temas son La voz de la experiencia, a dúo con Domingo Quiñonez; Eterno niño bonito, con Tito Nieves y Gilberto Santa Rosa; Somos tal para cual, junto a Milly Quezada, y Buena o mala, con Cheo Feliciano.
          Curiosamente, la primera canción del disco es una acertada sorpresa, porque incluye al rapero Cheka en el tema Se fue y me dejó, a ritmo de reggaetón. “Cuando se nos presentó la idea de hacer reggaetón con salsa yo me asusté un poquito”, dice Miranda. “No conocía a Cheka personalmente, pero después de que lo conocí me enamoré, porque el muchacho es tremenda persona, un trabajador, muy profesional, un conocedor de nuestra música, bien respetuoso”.
           La única balada que se incluye en el álbum es Volver a ver a un viejo amigo, melodía que interpreta junto a Chucho Avellanet, a quien Miranda cataloga como “uno de los cantantes más completos de Puerto Rico”.
          Con más de treinta años de trayectoria artística y más de 20 discos grabados, después de poner su voz al lado de todos los grandes del género, Ismael se despide recordándonos que nació para cantar. “Llevo 38 años haciéndolo”, menciona el boricua, “y como dicen por ahí, voy a morir con las botas puestas, porque todavía tengo mucho que dar”.

 
 

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