ENTREVISTA
Joey "Coco" Díaz
y The Longest Yard
UN PESO CUBANO
EN LA CANCHA GRANDE
Por Sergio Burstein
Aunque Joey "Coco" Díaz no ha tenido aún un papel
protagónico en el cine, los últimos años han sido
generosos con él en lo que respecta a sus apariciones en
la pantalla grande; los fanáticos más acérrimos de
Spiderman 2 (2004) lo recordarán seguramente como el
primer pasajero del tren que se enfrenta con poca
fortuna al Dr. Octopus para proteger al arácnido
enmascarado luego de que éste salvara al vehículo de un
terrible descarrilamiento. Anteriormente, Díaz tuvo
papeles breves pero sustanciosos en cintas como
Dickie Roberts: Former Child Star (2003), Taxi
(2004) –donde fungía de jefe de Queen Latifah–
y sobre todo Analyze That (2002), donde
interpretó con gran convicción a un mafioso italiano que
terminaba siendo acribillado a balazos por sus infieles
pares en el crimen.
Y es que este cubano de nacimiento no tiene rasgos
físicos que lo distingan específicamente como latino, lo
que le ha permitido caracterizar a personajes de
distintas procedencias, como es el caso del voluminoso
reo convertido en atleta que figura en el reparto de
The Longest Yard, la nueva comedia cinematográfica
dirigida por Peter Segal (50 First Dates,
Anger Management) y protagonizada ni más ni menos
que por Adam Sandler, Chris Rock y el
veterano Burt Reynolds, quien tuvo el papel
estelar en una cinta del mismo nombre que se hizo hace
cerca de treinta años –y que ha servido de base para
este divertido remake–.
El filme narra la historia de un jugador de fútbol
americano caído en desgracia (Sandler) que, luego de
ocasionar una espectacular persecución automovilística
en estado de ebriedad, va a parar a una prisión ubicada
en medio del desierto, donde se ve prácticamente
obligado a crear un equipo deportivo para enfrentar al
que ya han formado los guardias de seguridad. Uno de los
elementos que se incorpora al equipo de Sandler es Big
Tony (Díaz), un convicto más interesado en comer
hamburguesas y en exhibir descaradamente su sobrepeso
que en convertirse en una estrella de las multitudes.
"Yo trabajo normalmente en clubes dentro de la escena de
la comedia stand-up, y si mi papel en esta película es
mucho más físico que verbal, el fondo de todo es que el
público de uno u utro medio está pagando para reírse de
lo que hago", nos contó el actor días antes del estreno,
recordando luego que sus habilidades para divertir a la
gente le fueron muy útiles desde chico, ya que se
trasladó de su Habana natal a Nueva Jersey cuando sólo
tenía dos años, yéndose a vivir a un barrio peligroso
donde la población era esencialmente italiana e
irlandesa. "No había muchos latinos por allí en esa
época, y es verdad que ser gracioso me sirvió no sólo
para comunicarme con los que me rodeaban, sino también
para protegerme de algunos de ellos. Pero el humor se
puede aplicar realmente en cualquier ocasión".
De hecho, Díaz ha tenido que tomarse las cosas con un
punto de vista bastante positivo para sobreponerse a las
inclemencias de una vida difícil: tras abandonar Cuba
por razones políticas ("esas son las razones por las que
todo el mundo se va de allá", asegura), tuvo que
enfrentarse a la muerte de su padre, ocurrida cuando
tenía sólo tres años, y a la de su madre, sucedida once
años después. "La mamá mía fue una excelente maestra de
comedia, porque me hacía reír todos los días; hace 26
años que se fue, y todavía pienso en las cosas que me
decía", recuerda el comediante con inocultable afecto. "Cuando
murió, mis amigos se convirtieron en mi familia, y como
eran muy divertidos, aprendí mucho con ellos. En
ciudades tan grandes como éstas hay que tener sentido
del humor para sobrevivir".
La superación del pasado
Si bien sus presentaciones en clubes se basan en un tipo
de comedia para adultos que se desarrolla totalmente en
inglés y que no tiene que ver con el hecho de ser
hispano, el mismo "Coco" reconoce que su procedencia
cubana ha influido en el estilo que ostenta. "Cuando te
fijas en los comediantes cubanos, te das cuenta de que
tienen unas voces muy divertidas y expresivas, como es
el caso de Ricky Ricardo, quien curiosamente se
hizo millonario por no poder hablar inglés; y es que las
palabras que decía y su acento le dieron mucha
originalidad", asegura. "Yo también tengo un poquitico
de eso; si alguien me ve no piensa que soy latino, pero
sí creo que hay algo de ese humor en mí. Nunca he
trabajado haciendo un papel así, porque mi pinta hace
que pueda parecer italiano o judío; pero me siento
orgulloso de mis orígenes y me gustaría hacer algo de
ese tipo. Ojalá que algún día a Andy García se le
ocurra hacer una película donde necesite una historia
que involucre a un personaje que me permita rescatar
esos rasgos".
Joey ha tenido como escenario favorito de manifestación
artística las tarimas de los clubes que ha ocupado a lo
largo de once años, en una actividad desarrollada de
costa a costa, empezando por North Bergen (la localidad
en la que pasó su infancia y juventud), hasta llegar a
la famosa Comedy Store de Mitzi Shore, en Sunset,
y pasando antes por Boulder, Colorado –donde vivió
durante un tiempo que resultó suficiente para destacar
en la Comedy Competition– y también por Seattle, donde
llegó hasta la etapa final del Festival Internacional de
la Comedia, en un hecho hasta entonces insólito para
alguien dedicado a la "comedia dura", es decir, la que
se encuentra llena de alusiones sexuales y lenguaje rudo.
Su posterior traslado a Los Angeles, con claras
intenciones de incursionar en el mundo de la actuación,
le permitió acceder a papeles de la pantalla chica que
se iniciaron en el piloto de la serie Bronx County,
siguiendo con actuaciones dramáticas (un giro novedoso
en su carrera) para los programas Cold Case,
ER y NYPD Blue, transmitidos todos en canales
de mucha popularidad y sintonía.
Pero hay una circunstancia de vida que puede haber
resultado determinante en su elección como el personaje
de Big Tony en The Longest Yard, y que no tiene nada que
ver con las dotes histriónicas que le corresponden: se
trata de su condición de ex- presidiario. "Eso me ayudó,
porque cuando me estaba preparando para el papel,
recordé la manera en que actuaba cuando estuve en la
cárcel. Yo me llevaba bien con todo el mundo; los negros,
los mexicanos, los chinos, y eso se ve de algún modo en
la historia de este filme. Eso de estar encerrado me
pasó en el 87, durante una época en la que andaba muy
loco y fui a robarme dos libras de cocaína.
Afortunadamente, eso me abrió los ojos y decidí
apartarme de los vicios, sobre todo porque me gusta
mucho la comida china, y en la prisión no sirven eso".
Uno de los aspectos más llamativos de The Longest Yard
es que, a pesar de que se trata de una película
totalmente comercial, presenta una imagen de la policía
que no resulta habitual en Hollywood, donde muchas veces
se muestra a los miembros de esta entidad como héroes
destacados e inalcanzables. Los guardias de la prisión
en esta cinta son crueles y despiadados, dispuestos a
golpear a cualquiera de los reos por motivos
insignificantes, y exhiben además una conducta racista
que se relaciona muy bien al ambiente tejano en que se
desarrolla el relato.
Curiosamente, a pesar de su mala experiencia con la ley,
Díaz no parece guardarle rencor a estos uniformados.
"Para ser un buen policía, tienes que ser un buen
criminal", dice a modo de justificación. "Si estás en
una prisión federal, los guardias tienen que comportarse
como animales, porque están tratando con gente que
también es así. Antes de que yo cayera en prisión, ya
había sido arrestado veinte veces, pero nunca tuve
realmente enfrentamientos con la policía, y creo que el
respeto era mutuo".