
Por Sergio Burstein
Recuerdos
de la infamia…
Sin pompa
ni brillo se estrenó en algunas salas locales Machuca, una
película chilena que pone sobre el tapete el sangriento golpe de
estado que llevó al poder al dictador Augusto Pinochet, ese
911 (porque ocurrió el 11 de setiembre de 1973) particularmente
aciago para los defensores de la todavía precaria democracia en
América Latina. La cinta, que fue dirigida por Andrés Wood (La
fiebre del loco, Historias de fútbol), no muestra en realidad
los entretelones de la maquinación política, sino que describe sus
consecuencias a través de la historia de dos niños de 11 años que,
aunque comparten la misma escuela, pertenecen a clases sociales muy
distintas.
Machuca,
el que da nombre a la película, es un chico pobre y mestizo (caracterizado
por Ariel Mateluna); pero el filme está visto desde el punto
de vista del infante rico y rubio, Gonzalo, interpretado por un
notable Matías Quer. En medio del desmoronamiento de su
núcleo familiar, Gonzalo se pone en contacto con un universo que
hasta entonces le había resultado totalmente desconocido: el del
cambio social propugnado por el gobierno de Salvador Allende.
Y aunque hay ciertas imágenes que resultan un tanto planfletarias (como
aquellas en las que los pobladores de un barrio popular trabajan en
medio de la más plena alegría), el tono de la cinta no es
estridentemente político ni partidario, sino más bien triste y
desolador, como reflejo directo de una dura etapa histórica.
Hay sin
duda varios momentos donde se exalta el entusiasmo y las buenas
intenciones de los seguidores de Allende, así como una exhibición
despiadada de las crueldades de los militares; pero todo llega de la
mano de los efectos en una comunidad infantil, algo que, si bien
resulta una estrategia especialmente conveniente para conmover a la
platea, es también una herramienta válida de aproximación al
espectador, ya que permite que quien ve la película vaya
descubriendo lo que pasa en el ambiente en que se desarrolla el
relato al mismo tiempo que sus protagonistas.
Machuca está inspirada en las vivencias del mismo Wood durante
su infancia, y empieza con un plan piloto que hizo que varios
estudiantes pobres pudieran acceder a escuelas ricas en las mismas
aulas que sus usuarios habituales, lo que desencadenó una lucha de
clases que resulta convincentemente retratada en el largometraje.
Pero todo este interesante trasfondo político y social sirve también
como excusa para el planteamiento de una historia de crecimiento que
se da en varios niveles, y no debido únicamente a la turbulencia
social.
En
resumidas cuentas, se trata de un filme digno de verse, que tiene
muchas semejanzas con Voces inocentes, la cinta (superior)
del mexicano Luis Mandoki que se sitúa en medio de la guerra
civil salvadoreña para contar las crudas desventuras de un grupo de
niños, y que al igual que Machuca, se pudo ver durante la más
reciente celebración del AFI Fest. Ojalá que el trabajo de Mandoki
pueda proyectarse pronto en las salas comerciales, y que tenga una
promoción mínimamente significativa, a diferencia de lo ocurrido con
el filme chileno que aquí comentamos.
Genio y
locura…
Palm
Pictures, una de las productoras y distribuidoras de películas y
discos más interesadas en ofrecer productos alternativos de calidad
dentro de este país, acaba de lanzar al mercado una edición doble en
DVD del documental DIG!, un fabuloso trabajo realizado por
Ondi Timoner a lo largo de siete años con dos de las bandas de
rock estadounidenses más talentosas pero menos promocionadas a nivel
internacional: The Brian Jonestown Massacre y The Dandy
Warhols. La mirada se centra en la relación de amor/odio entre
los respectivos vocalistas de las bandas, Anton Newcombe y
Courtney Taylor, contando con la narración de Taylor; pero es
evidente que "la estrella del show" es Newcombe, y no siempre por
los mejores motivos.
Calificado hasta por sus peores detractores como un genio artístico,
el líder de The Brian Jonestown Massacre se muestra como un
personaje increíblemente talentoso y productivo, pero también como
un ser egocéntrico, antisocial, autodestructivo y seriamente
desequilibrado. No hay en el filme una explicación concisa de las
razones que lo llevaron a ser así, pero las declaraciones incluidas
de sus familiares (siendo quizás la más relevante la de su padre
alcohólico, realizada poco antes de que éste se suicidara) y las
imágenes de drogas y desenfreno total resultan una explicación lo
suficientemente razonable para el espectador.
Hay que
destacar, sin embargo, que si bien estos aspectos polémicos han sido
los más comentados por los reseñistas de la película, pocos han
destacado la postura abiertamente anticomercial de Newcombe, y su
consecuente rechazo a los moldes del sistema; en un segmento
particularmente trascendente de DIG!, tanto él como varios de
sus allegados vierten críticos y válidos comentarios sobre la
industria discográfica, los mismos que se pueden aplicar sin muchos
esfuerzos a cualquier género musical, en cualquier parte del mundo.
Este no
es un documental convencional, y es por eso que resulta atractivo
para quien pretenda verlo aún sin conocimiento de causa: el material
registrado es tan completo, y exhibe tan bien aspectos íntimos y
personales de cada uno de los involucrados que, de no saberse que
éste es un trabajo de no ficción (y de no estar mínimamente
enterados de la historia de estos artistas), se podría creer que se
trata de una película desarrollada a partir de un guión, y que todos
son actores profesionales interpretando roles desmedidos, pero
finalmente conmovedores.
Un
torrente de diversión…
En los
últimos años, Santiago Segura ha ocupado cierto lugar en el
cine hollywoodense gracias a sus breves participaciones en películas
como Blade 2, Hellboy y Agent Cody Banks 2; pero
cualquier amante del buen cine internacional lo recordará sin duda
como el inolvidable ‘metalero" que ayudaba al sacerdote de la
hilarante cinta El día de la Bestia, dirigida por el
talentoso y desconcertante Alex de la Iglesia (de quien esperamos
aún el estreno de la reciente Crimen ferpecto -sic-).
Pero
Segura, que es en sí todo un personaje, no parece necesitar
necesariamente de
alguien que se encargue de él, ni siquiera cuando se trata de la
pantalla grande; de hecho, su interpretación más importante -al
menos en Europa- es la de Torrente, creado y dirigido por él en las
dos películas que lo han presentado (con el añadido de que
actualmente se encuentra en la etapa de pre-producción de la tercera
parte, que llevará aparentemente como título Operación Perejil).
El debut
de la saga, El brazo tonto de la ley (98), mostró por primera
vez a un personaje absolutamente inhabitual en el cine
estadounidenses comercial, por lo menos en lo que se refiere a la
adjudicación del rol protagónico: Torrente es un policía, sí, pero
en vez de resultar un héroe y un justiciero, es un tipo físicamente
desagradable, alcóholico, insensible, machista, racista y violento.
Y aunque a muchos les puede parecer que un sujeto así no puede ser
de ningún modo divertido, Segura se las ingenia para transformarlo
en una creación absolutamente cómica, ya que la película es una
comedia negrísima cuya exageración desmedida termina convirtiéndola
realmente en una crítica (o, en todo caso, en un comentario irónico)
sobre este tipo de acciones, que él mismo relaciona de manera
despectiva con las secuelas del nefasto franquismo.
Si todo
esto les resulta llamativo, han de saber que LolaFilms y Studio
Latino acaban de lanzar en los Estados Unidos el DVD de Torrente
2: Misión en Marbella (2001), un filme que no pudo verse en las
salas comerciales de este país, pero que aparentemente sigue la
misma línea de su antecesor, es decir, la de la irreverencia
desatada, el humor crudo y desternillante y las bromas políticamente
incorrectas.
A pesar
de ser una secuela, se dice que esta cinta maneja un mejor sentido
del ritmo que la primera, y que Segura se me ha esmerado incluso en
quitar las referencias específicamente españolas que abundaban en el
debut, lo que la vuelve mucho más asequible para el espectador de
cualquier rincón del planeta. Ya están avisados. Eso sí: puritanos,
abstenerse.