Henry
Fiol,
cantante, compositor, percusionista, director de orquesta, productor
de discos, pintor de brocha fina y escritor, nació en Nueva York –
donde siempre ha radicado –, de padre puertorriqueño y madre
ítalo-americana.
A Fiol siempre le gustó la música. Aún cuando
estudiaba Artes Plásticas en el college Hunter, de donde se graduó
de Bachiller en Bellas Artes (BFA), iba regularmente a los clubes a
bailar y escuchar salsa.
Antes de comenzar su carrera en la música, Henry
trabajaba como maestro de artes plásticas en las escuelas católicas
de Nueva York y, más tarde, como consejero de estudiantes con
problemas de comportamiento en las escuelas públicas de Nueva York.
En 1968 – mientras estudiaba en el college Hunter –,
empezó a tocar conga en las rumbas que se formaban en el barrio
latino, en Central Park o en Orchard Beach. En lugares como esos fue
afilando su técnica, al mismo tiempo que desarrolló un mayor interés
por la música.
Después de graduarse y trabajar por un tiempo en los
sitios arriba mencionados, Fiol se desilusionó del mercado del arte,
de las galerías y del personal elitista que, según él, las domina;
como él se considera una persona del barrio y no se sentía cómodo en
ese ambiente, optó por la música.
Así fue que, decidiendo hacer de ésta su profesión,
empezó a trabajar con algunas orquestas de Nueva York como conguero
o corista. Primero, con un conjunto de músicos que se presentaba en
los hoteles judíos de las montañas Catskills, donde el repertorio
era en inglés y él tocaba las congas. El grupo se llamaba La
Placa (una copia del Sexteto La Playa).
Un buen día le dijeron que, a petición del público,
presentara algo en español, y así fue que, por accidente, comenzó a
cantar. Después se unió a la Orquesta Capri, que se
especializaba en tocar sones cubanos, y perfeccionó con ella su
estilo.
En 1974, co-fundó y co-lideró el Conjunto Saoco,
donde también cantaba y tocaba las congas. Para Saoco, Fiol no sólo
compuso la mayoría de los temas en los dos elepés que grabaron sino
que, siendo la época de los elepés, pintó las carátulas de sus
álbumes. La portada de su primer disco, Siempre seré guajiro,
ganó en 1978 el premio de la revista Latin New York como “mejor
carátula del año”.
Cuando empezó con Saoco, la idea fue buscar un
estilo propio, y como Fiol era un admirador del son y de la música
típica campesina de Cuba, se fue por ese rumbo. “Cuando uno se
inicia,” dijo en una ocasión, “es más libre de imitar o de dejarse
influenciar, porque es parte del proceso.” Así que escuchar a
Guillermo Portabales fue para él como una revelación espiritual,
por lo que empezó a investigar las diferencias entre éste y los
demás músicos.
Lo que Fiol encontró fue que en la música campesina
el sentimiento era más sincero. A partir de ese momento, se dedicó a
estudiar la música folclórica de Cuba, el punto cubano y las décimas
guajiras, para tratar de ligarlos con un ‘tumbao’ mas fuerte, de
tendencia más negra, con percusión y la sazón de Nueva York.
Del 80 al 82, Fiol grabó dos elepés para el sello
SAR como solista, pegando varios éxitos tanto en Estados Unidos como
en Colombia, Venezuela, Ecuador y República Dominicana, lo que le
permitió viajar extensamente haciendo presentaciones y numerosos
programas de televisión por toda Latinoamérica.
En 1983 formó su propio conjunto, Corazón, y
grabó por primera vez con un formato diferente. Al principio,
sus grabaciones utilizaban dos trompetas, pero con Corazón cambió
una trompeta por un saxofón “porque el saxofón le inyecta a la
música un sabor a Nueva York, una textura muy americana que coincide
con el jazz o la música brasilera que siempre me ha gustado”, según
dijo. “Es decir, una mezcla de muchos orígenes.”
Esa instrumentación idiosincrática terminó siendo no
sólo original y totalmente diferente a la de los otros conjuntos que
tocaban sones cubanos – como Pacheco o el Conjunto Clásico
–, sino también extremadamente pegajosa, porque su ‘tumbao’ era
mucho más rústico y auténtico. O sea, que sonaba más a la música
campesina del Caribe.
En 1983 fundó su propia compañía de discos, Corazón
Records, y empezó a usar un vestuario que muchos todavía recuerdan:
rojo y negro, con el símbolo del corazón. Bajo su propio sello grabó
tres elepés, hasta que en 1987 regresó de nuevo a trabajar como
solista, grabando dos años más tarde un elepé con su hijo Orlando.
En 1990, Fiol organizó nuevamente un conjunto donde
amplió la instrumentación de vientos a dos trompetas y un saxo, y
con su nuevo sonido siguió viajando y haciendo presentaciones.
Entre sus mejores grabaciones están Sonero,
que lanzó para el sello Earthworks/Virgin en 1991, una excelente
compilación de material previamente grabado en el sello Corazón que
se distribuyó mundialmente. Otra es la compilación de éxitos
titulada Lo Máximo, y la tercera es un lanzamiento hecho
hace un par de años bajo el nombre de Guapería. Este disco
fue grabado y producido por Fiol para Corazón Productions, y
consiste de siete composiciones originales suyas y tres adaptaciones
de viejos temas cubanos que, según algunos de los conocedores de
salsa que lo han oído, puede ser considerada como una de sus mejores
obras hasta la fecha.
A través de su carrera, Fiol ha probado ser no sólo
un salsero diferente, sino también un ‘sonero’ elegante. Compositor
de casi todos sus temas – aunque no lee ni escribe música –, siempre
ha participado activamente en la preparación de sus arreglos y de
sus discos, algunos de los cuales podrían considerarse incluso de
protesta, aunque Fiol no se considera político. El considera que su
temática trata más acerca de la condición social y de los pobres en
general.
Un ejemplo es la canción Picoteando por ahí,
que trata simplemente de esa condición, la pobreza, de la necesidad
de vivir de mano a boca y del rebusque: “Me levanto por la
madruga y no hay nada en la nevera / no hay jugo, no hay pan / no
hay leche tan siquiera / Pero la busco, picoteando por ahí / y me
despierto, picoteando por ahí / Si esta gente come el jamón / y a mí
me tiran el hueso / como si yo fuera un ratón / me dejan un tanto de
queso”.
Hasta el día de hoy, Henry Fiol sigue viajando por
toda Norteamérica y presentándose a nivel internacional,
especialmente en Latinoamérica, donde a través de los años, sus
fanáticos lo consideran uno de sus favoritos y, además, un verdadero
artista clásico.
Es padre de tres hijos. El mayor, Orlando, es
pianista-arreglista-percusionista, y a veces trabaja con su papá.
Henry
Fiol se presentará en vivo con su orquesta en el Quiet Canyon de
Montebello, California, el 13 de octubre de 2005.