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EDITORIAL

Queridos lectores:
Bienvenidos a nuestra primera edición de 2006, porque como ya deben
saberlo, nunca publicamos en enero, ya que nadie quiere trabajar,
escribir o comprar publicidad en el último mes del año.
Ahora, después de
un merecido descanso y con las energías renovadas, le dedicamos la
portada de este mes a Luisito Carrión, un boricua que ha estado
cantando salsa de manera exitosa por más de dos décadas.
En la sección de
Nostalgia, decidimos exaltar a Desi Arnaz, un hombre que con sus
conquistas, tanto técnicas como artísticas y amorosas, cambió el
panorama del cine y de la televisión estadounidenses y mundiales,
siendo además el pilar en el que muchos otros –especialmente latinos–
se apoyaron para avanzar en una industria que, hasta su llegada, era
netamente anglosajona.
Para complacer a
los lectores que nos solicitaron que escribiéramos acerca de
artistas de cumbia o vallenato, esos pegajosos ritmos musicales
colombianos, después de considerar las alternativas, decidimos
ofrecerles una entrevista con Lisando Meza, un acordeonista y
cantante que, debido a su trayectoria, ocupa un sitial muy especial
dentro de la música folclórica sudamericana.
Como de costumbre,
continuamos con nuestra sección de cine, en la que presentamos
reseñas de los más recientes DVDs y los estrenos del mes que les
recomendamos, así como pertinentes notas del sétimo arte y de sus
artistas, siempre de la mano de Sergio Burstein.
Completamos la
edición con los artículos de costumbre, las observaciones de Arpía,
los chismes del Príncipe, las anécdotas de Luis Tamargo, las reseñas
musicales, el horóscopo, el crucigrama, la Sátira y, desde luego, la
página en la que pueden encontrar dónde bailar salsa, merengue,
reggaetón y cumbia en el Sur de California.
Meses atrás,
escribí una columna dando mis razones para la existencia de los
hombres-bomba, y deduje que todo se debía a creencias y
restricciones religiosas (si quieren leer esa columna, la pueden
encontrar en www.comoenla.com, en la sección de Sátiras), así como a
la falta de Navidad, balnearios, Wallmart, queridas, Pollo Locos y
bikinis, entre otras carencias. Pues les digo que no pasa ahora una
semana sin que reciba comentarios acerca de ese escrito; y aunque no
todos son halagadores, algunos de ellos me piden que conserve el
mismo humor. Por eso, ahí les va este cuento (que posiblemente me
llenará otra vez de mensajes electrónicos).
Había un terrible
incendio en un edificio, y la gente, desesperada, fue subiendo y
subiendo, hasta que llegaron a la azotea. En medio de un pánico
general, se oyó a un gallego que desde la calle les comenzó a gritar:
“Tírense, tírense, que yo los agarro”.
Todos pensaron que
estaba loco, pero al no tener nada que perder, uno de ellos se
arrojó, y el gallego, con gran destreza, lo atajó en el aire, para
ponerlo luego en el suelo sano y salvo. Al ver que el sistema
funcionaba, el resto comenzó a arrojarse de uno en uno; pero cuando
se arrojó un negro, el gallego lo esquivó, y el pobre tipo se hizo
pedazos contra el piso.
Entonces, mirando hacia los que quedaban arriba, el gallego les
gritó exasperado:
–¡Coño, no pierdan el tiempo tirándome a los que ya se han quema'o!
Feliz día de los
enamorados y hasta la próxima.
Manny González
Publisher
Manny González
Publisher
manny@comoenla.com |