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EDITORIAL

Estimados
lectores,
Bienvenidos a la edición de septiembre de 2005. Con
todos los eventos que se están promocionando en nuestras páginas
para éste y el siguiente mes, habrá que empezar desde ahora a
guardar los “chavitos”.
Espero que se hayan dado cuenta de que hemos
engordado varias páginas, algo que logramos gracias a todos ustedes,
y que les dará la oportunidad de tener más que leer, más que
aprender y, desde luego, más de qué reír.
En la portada y en la nota central tenemos a
Albita, una cantante cubana que interpreta como pocas la música
guajira de su patria y que ahora, si confiamos en el contenido de su
más reciente disco, regresará con más empuje y vigor. En la sección
de Nostalgia recordamos al inolvidable Tito Rodríguez,
mientras que en las otras columnas encapsulamos al “Idolo del
pueblo”, el colombiano Alci Acosta; al grupo mexicano
Clímax, que convirtió una simple idea en un mega-hit
discográfico; a Henry Fiol, el “Elegante del Son”, y a
Angelisa, un dúo de mellizas cubanas que hacen lo que quieren
con sus bellas voces.
Aparte de los comentarios de Arpía, mi Sátira
(que esta vez no es realmente 100% mía), las reseñas musicales, el
Talento Local –en este caso, Bobby Matos –, el Cancionero,
las 20 más tocadas por Oscar Abadía en K-LVE y las más
pedidas a nuestros 9 DJs residentes, le damos la bienvenida a
Luis Tamargo, escritor trilingüe (español, inglés y cubano),
quien comienza en esta edición una página de anécdotas de artistas
de ayer y de hoy, con los que ha compartido en su ilustre carrera
como reportero e historiador musical.
Y si piensan que todo nos está yendo color de rosa,
quiero que sepan que recibimos una queja acerca de la página de
Pepito, ya que uno de los cuentos fue considerado racista por
alguien que nos llamó. Gracias a Dios que no fui yo el que contestó
el teléfono, porque para mí, la persona segura de sí misma no
necesita de títulos ni de acusaciones para prosperar o probar su
punto. .
Para clarificar lo que digo, les voy a relatar la
falta de sensatez de un individuo que trabajaba como camarero en
una línea de trenes que viajaba de Nueva York a Miami y viceversa.
Resulta que en uno de esos viajes, el comedor se llenó de judíos,
que lo hicieron trabajar como mulo para luego no dejarle luego ni un
centavo de propina. Lo mismo pasó en el almuerzo y en la cena.
Muchas exigencias, pero nada de aguinaldo.
El mesero, cansado y enojado, le pidió una audiencia
a su supervisor y le exigió que lo cambiara de sección, ya que esos
judíos, en sus palabras, “lo estaban crucificando como crucificaron
a Cristo”. El super, sabiendo que solo tendría que servir un
desayuno más, porque después de eso el tren llegaría a su destino,
ni lo quiso escuchar.
Al otro día, el empleado sirvió el desayuno y, otra
vez, nada de gratificación. Cuando el tren llegó a la estación,
indignado, el camarero se paró en la puerta de salida y, para su
sorpresa, cada uno de los 50 judíos le regaló 50 dólares. Cuando el
supervisor vió lo que pasó, le preguntó sonriente: “¿Por qué lo
aceptaste? ¿O no eran esos los que crucificaron a Cristo?”
Reflexionando, el camarero le respondió: “Chico, la
verdad es que yo no sé si ellos fueron los que crucificaron a
Cristo, pero lo que sí te puedo asegurar… ¡es que lo torturaron!”.
Por eso, antes de acusar o quejarse, es
imprescindible reflexionar.
Que la pasen bien. ¡Hasta la próxima!
Manny González
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