Estimados lectores:
Bienvenidos a la primera edición de una revista que
esperamos sea no sólo de su agrado, sino que resulte también un
rotundo éxito comercial (después de todo, no se vive únicamente del
aire, por más que muchos gobernantes latinoamericanos quieran que el
pueblo haga lo contrario).
Si recuerdan, hasta hace menos de un año, muchos de
nosotros participábamos en Vista USA, una publicación dedicada al
arte y al entretenimiento; pero como descubrimos después de mucho
tiempo de batalla, varias de las secciones en las cuales escribíamos
fielmente no combinaban ni pegándolas con "super glue", porque al
final, por mucho que pretendamos llamarnos todos "latinos", la
música regional mexicana no le interesa para nada a los que les
gusta la salsa y el rock, o viceversa.
Por lo tanto, decidimos utilizar un nuevo nombre, ¿Cómo?
en L.A., porque "cómo" es una expresión común entre los músicos y
seguidores de los ritmos afro-antillanos, y optamos por dedicarnos a
los ritmos tropicales, con algunos tintes de rock, pop y hasta
reggaetón (cuando sus exponentes se lo merezcan), para elaborar así
un contenido que no existe en español en el Sur de California, donde
los amantes de la música tropical están totalmente marginados, ya
que con excepción de Canto Tropical, Alma del Barrio y Sábado
Gigante, la radio está dedicada totalmente a la música mexicana y a
una que otra lamentable balada, mientras que el resto de la prensa
hispana tiene mucho menos que decir.
En nuestras páginas encontrarán entrevistas, reseñas
musicales, visitas a clubes nocturnos, notas de artistas y músicos
locales, recuerdos de estrellas del pasado, notas del cine
iberoamericano y de sus artistas, pero escritas en el correcto
idioma de Cervantes y con nuestro "inimitable" sentido del humor (donde
el "besarrabismo" no está permitido).
Esperamos que esta información sea de su agrado, ya
que no queremos que les pase lo que a un cura que se ofreció,
después de una misa, a llevar en su auto a una monja. Cuando al
sentarse a su lado ella cruzó las piernas y dejó ver parte de su
piel, el cura, sin pensarlo mucho, posó la mano en su rodilla. La
monja lo miró y le dijo: "Padre, ¿recuerda el Salmo 129?". La
respuesta hizo que el clérigo removiera inmediatamente su mano.
Al poco rato, cuando cambiaba velocidades, el
párroco nuevamente rozó el muslo de la religiosa, y ella otra vez le
repitió: "Padre, ¿recuerda el Salmo 129?". El le pidió excusas, y no
se hablaron más hasta que la dejó en su residencia.
Al llegar a la iglesia, el sacerdote corrió a
averiguar qué era lo que decía el Salmo 129, y para su sorpresa,
leyó: "Sigue adelante y busca, más arriba, y encontrarás la gloria".
Amigos y amigas, la moral de esta historia es que,
si no se informan bien, podrían perder una gran oportunidad para
alegrar sus vidas.
Que disfruten de ¿Cómo? en L.A., y
hasta la siguiente edición.
Manny González