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CUENTO
Los Sobrevivientes
Un avión que viaja de Sudamérica en rumbo a Australia pierde el uso
de sus cuatro motores y se estrella en el Pacífico Sur. Después de
un espantoso impacto y una terrible explosión, sólo sobreviven tres
personas: el piloto, un auxiliar de vuelo y una azafata, los que,
agarrados de uno de los restos del avión, tras una semana a la
deriva, agotados, somnolientos y hambrientos, llegan a una isla
desierta.
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Bien lejos de cualquier ruta aérea o marítima, el trío sabe que en
corto tiempo dejarán de buscarlos, por lo que deciden,
armoniosamente, organizar sus vidas, y entre los tres construyen una
bella cabaña de tres recámaras entre el mar y un riachuelo cercano
que les provee agua fresca. Además, con los conejos y cerdos
salvajes, los peces, las aves y las frutas y vegetales que abundan
por toda la isla, tienen a mano todo lo necesario para sobrevivir
por mucho tiempo.
Aunque jóvenes y fuertes, al cabo de un par de meses conviviendo en
la isla, la azafata decide hablar de un tema muy privado cono los
otros dos, a los que reúne en el patio de la cabaña para decirles:
–Vamos a ver, amigos... Estamos solos... Y puede que sea para
siempre. Hasta este momento, nos hemos respetado desde que llegamos
aquí, algo que aprecio muchísimo. Tenemos nuestra intimidad, nos
repartimos el trabajo y todo está fenomenal; pero creo que los tres
estamos sufriendo de ciertas carencias. Yo sé que ustedes, por
delicadeza, no quieren hablar conmigo de este tema. Por lo tanto, lo
tendré que hace yo y, si están de acuerdo, tú (el piloto) me puedes
hacer el amor los lunes, los miércoles y los viernes; y tú (el
auxiliar de vuelo), me puedes hacer el amor los martes, los jueves y
los sábados. Los domingos, como manda Dios, será mi día de descanso;
y si surge algún problema, nos reunimos sensatamente, lo hablamos y
lo solucionamos”.
Quedando los tres contentos y encantados por haber llegado a tan
importante acuerdo, pasan varios meses fabulosamente –cada uno
observando su turno y dejándola descansar cada siete días– con un
respeto y un entendimiento ejemplares.
Desgraciadamente, al llegar el invierno, la chica es atacada por un
espantoso virus que, después de varios días con un afiebre altísima,
le cuesta la vida. Los dos hombres, ahora solos, quedan extremamente
tristes, y no les queda otro remedio que volver a la misma rutina de
antes.
Al cabo de un mes, el piloto le dice al auxiliar:
– Escúchame, el tiempo está pasando y yo sé que esta conversación
será tan dura para ti como para mí. Yo creo que a ambos nos falta
algo. Los dos todavía somos jóvenes y no podemos seguir así. ¿Tú que
piensas?
El auxiliar, sonriente, le da las gracias por sacar a relucir el
tema y le dice que él también estaba pensando en lo mismo.
– Entonces– le preguntó el piloto, – ¿tú también piensas como yo?
– Sí– fue la respuesta; – y si no funciona, lo discutimos.
– Ambos de acuerdo, deciden organizarse utilizando el mismo sistema:
el piloto los lunes, los miércoles y los viernes, y el auxiliar los
martes, los jueves y los sábados, descansando los domingos.
De acuerdo, los hombres pasan otro montón de semanas geniales, hasta
que una noche uno le dice al otro:
– Escúchame, quedamos en que si algo no iba bien lo discutiríamos
amigablemente, y yo pienso que esto no debe continuar. Yo sé que
estamos solos y necesitados, pero lo que estamos haciendo no es
natural y, francamente, no me convence, porque va en contra de la
naturaleza.
– Sabes qué, me tranquilizas– le dice el otro.
– Yo también estaba pensando lo mismo, y me gustaría que paremos
porque, de todas maneras, las sensaciones que sentía ya no son las
mismas que antes.
– ¿Estás de acuerdo? – pregunta uno.
– Sí – responde el otro.
– Entonces –, aprueba el primero–… ¡sepultémosla!
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