|
CUENTO

La carta
Querido esposo:
Te estoy escribiendo esta carta para dejarte saber que, para bien de
los dos, he decidido dejarte.
Desde que te conocí, he sido siempre una buena mujer. Sin embargo,
en los siete años que llevamos casados, no recuerdo nada bueno que
me haya tocado a mí, especialmente en las dos últimas semanas, que
puedo proclamar han sido un infierno.
Ayer, tu jefe me llamó para decirme que sin más ni más habías
renunciado, que recogiste todas tus pertenencias y te fuiste sin
despedirte de nadie. Eso, mi ex esposo, fue lo último que pude
soportar.
La semana pasada, llegaste tarde a la casa y ni cuenta te diste de
mi nuevo corte de cabello o del arreglo de mis uñas. Antes de ayer,
te cociné esa receta de lechón que tanto te gusta y ni lo probaste,
ni las gracias me diste. En vez de eso, te fuiste directamente a la
cama, encendiste la televisión y te pusiste a ver el juego de pelota
hasta que te dormiste.
Hace mucho tiempo que no me halagas, que no me dices que me amas y
que no me tocas. Por eso, he llegado a la conclusión de que andas
con otra o que ya no me quieres.
Pero ya no me importa. Cualquiera que sea el caso, te abandono y me
voy de Miami, y por favor, no trates de buscarme o reconciliarte
conmigo, porque me voy a mudar a Nueva Jersey y empezar una nueva
vida con tu hermano Carlos.
Adiós, y que te vaya bien.
Tu ex-esposa.
La respuesta
Querida ex-esposa:
En los últimos siete años, nada me ha causado mayor alegría que
recibir tu carta.
Es verdad que tú y yo hemos estado casados 7 años, aunque eso no
significa que hayas sido ni buena cónyuge ni compañera. Al revés, ha
sido todo lo contrario.
La razón por la que yo veo tantos juegos de pelota es porque es la
única manera que puedo amortiguar el aburrimiento y la molestia que
me causan tus constantes quejas, comportamiento, actitud y modales.
Siento mucho que lo nuestro no haya funcionado, porque francamente,
yo sí te amaba.
Sí noté que te habías cortado el cabello y pintorreteado las uñas,
pero ¿que te podía decir, si parecías un travesti? Como desde niño
mi madre me enseñó que si no tenías nada bueno que decir, mejor era
que te quedaras callado, no te dije nada.
Cuando cocinaste lo que tú piensas que era mi comida favorita, te
equivocaste, ya que yo dejé de comer cerdo hace casi cinco años; y
la razón por la que me fui al cuarto a ver televisión cuando te me
apareciste con ese vulgar negligé es que todavía cargaba la etiqueta
con el precio, que marcaba $49.99, y recé que no fuera una indigna
coincidencia, porque mi hermano me pidió prestados 50 dólares esa
misma mañana.
Aún así, como todavía te amaba, sentí que tú y yo podíamos resolver
lo nuestro, y cuando descubrí que me había ganado diez millones de
dólares en el ‘Lotto’, renuncié al trabajo para dedicarte todo mi
tiempo, y compré dos boletos para irnos a renovar nuestra pasión a
Ocho Ríos, Jamaica, viajando en primera clase; pero cuando llegué a
la casa, tú te habías marchado y encontré tu carta.
Lo siento mucho y espero que tengas la vida que siempre deseaste.
Por cierto, mi abogado dice que, gracias a la carta que me dejaste,
no tendré que darte un solo centavo. Así que cuídate mucho, aunque
no recuerdo si alguna vez te comenté que cuando nació mi hermano
Carlos, se llamaba Carla.
Confío que nada de lo anterior te cree malestar alguno.
Sinceramente,
Tu ex-esposo
(Ahora rico… ¡y libre!)
|