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CINEMA

Por Sergio Burstein

sergio@comoenla.com

 

Cambio de planes
Quinceañera –recientemente galardonada con el Gran Premio del Jurado y el de la Audiencia en el importante Festival de Sundance– es una película sobre latinos que viven en Estados Unidos, pero dirigida por dos anglosajones, Richard Glatzer y Wash Westmoreland, quienes después de hacer varias cintas relacionadas con la comunidad gay a la que pertenecen, decidieron escribir y filmar un guión basado en la vida de las personas que habitan el vecindario de Echo Park en el que ellos mismos radican.


En la película, que se estrena en las salas locales este mes, la joven Emily Ríos (17) –quien creció en la ciudad de El Monte– interpreta a Magdalena, una muchacha que tiene sólo 14 años, es hija de inmigrantes y planea con mucho entusiasmo la tradicional celebración mexicana, pero que se enfrenta súbitamente a un problema inesperado que puede cambiar completamente no sólo sus planes inmediatos, sino su vida entera.


Esta es la primera actuación de Emily, quien no pensaba ser actriz hasta que un buscador de talentos se le acercó en un centro comercial para darle una tarjeta. “Fue entonces que decidí buscar un manager y un agente”, dice la muchacha, que fue entrevistada por nuestra revista en inglés, ya que si bien su personaje es latino, ella parece sentirse mucho más cómoda hablando en la lengua oficial de este país.
“No hubo demasiada preparación para interpretar al personaje; cuando leí el guión, sentí prácticamente
que conocía a Magdalena, una chica que, a pesar de su juventud, es muy madura e independiente, pero que a la vez resulta ser una adolescente típica, en el sentido de que le gustan las cosas materiales, como la limosina que quiere que alquilen sus padres para la fiesta”, señala Emily con abierta convicción. “Me identifiqué con ella en muchos niveles”.


Aunque la entrevistada no ha tenido el problema que afecta a su personaje –un embarazo imprevisto–, reconoce con naturalidad que se trata de una situación que se ha dado mucho en su entorno inmediato. “Es una epidemia; le pasó a mi hermana cuando era muy joven, y en la escuela te enteras siempre de muchos casos semejantes”, señala.


Emily parece sentirse particularmente agradecida con el trabajo desempeñado por los dos directores, quienes según sus palabras se preocuparon en “evitar los estereotipos y no quisieron juzgar a los personajes”. “Trabajan muy bien juntos, porque parecen estar siempre en la misma línea sobre lo que esperan de sus actores y de la historia que están filmando”, agrega la chica.


Como Ríos hizo Quinceañera cuando tenía 16 años, los realizadores tuvieron que pedir la autorización de sus padres, algo que llama la atención cuando se lee la biografía de la actriz y se descubre que estos siguen las estrictas normas de los Testigos de Jehová.


“Crecí en ese ambiente, pero ya no somos miembros activos”, asevera Emily, sin dar mayores explicaciones al respecto. “Al estar ahora expuestos a diferentes realidades del mundo, mis padres fueron capaces de ver esta película como lo que es: una gran historia de la que hay sentirse orgulloso, porque presenta la vida de los latinos de un modo muy realista”.


La misma adolescente asegura que tampoco fue un problema el hecho de que los directores fueran homosexuales, y que uno de los personajes principales del filme –Carlos, un “cholo” que es primo de Magdalena, y que es interpretado por Jesse García– perteneciera a la misma comunidad.


“No importaba lo que eran o lo que habían hecho antes en sus carreras, porque se comportaron de una manera extremadamente profesional y muy madura”, asegura Emily; “bastaba además con leer el guión que habían escrito para sentir un profundo respeto por ellos”.


Con la misma espontaneidad que parece caracterizarla, Ríos responde a una interrogante sobre el personaje de Carlos, que a muchos les parecerá quizás inverosímil, ya que se puede pensar que la cultura profundamente machista de los “cholos” no permite la existencia abierta de gays dentro de ese círculo.


“Hay una pandilla entera que es gay, y que usa todo el atuendo propio de los cholos, así como los tatuajes”, afirma ella. “Esta es una realidad que no está oculta ahora en Los Angeles”.


Aunque la joven es consciente de que algunos espectadores se sentirán ofendidos ante algunos de los personajes que figuran en la cinta, dice que todo lo que se ve en ella forma parte de una realidad. “No tiene sentido cerrar los ojos ante lo que pasa frente a ti”, prosigue. “Además, la visión de Richard y Wash no es tremendista ni trágica [NR: como ocurre en muchas películas latinas], sin que le deja mucho espacio a la esperanza”.


Lo más curioso es que, a pesar de los cambios recientes que se dieron en su familia, Emily no tuvo una fiesta de quinceañera, por lo que se vio probablemente forzada a tomar prestados ciertos recuerdos ajenos para darle sentido a los anhelos de su personaje, tal y como lo haría cualquier actriz profesional.
“No me di realmente cuenta si me había perdido algo importante, porque nací con esa religión y no conocía nada mejor”, asegura. “Cuando crecí, me di cuenta de lo trascendente que era para las chicas mexicanas; pero, finalmente, un cumpleaños es un cumpleaños, y la verdad es que uno podría celebrar todos los días que tiene de vida, porque cada uno es un regalo”.

De Caracas a Hollywood
Natasha Pérez es una joven actriz venezolana que, a sólo seis años de haberse mudado a Los Angeles, ya está teniendo interesantes papeles en algunas películas estadounidenses de largo alcance, como es el caso de Lady in the Water, el más reciente estreno del polémico director de ascendencia hindú M. Night Shyamalan (The Sixth Sense, Signs, The Village).


“Creo que he tenido mucha suerte”, es lo primero que nos dijo Natasha cuando le preguntamos por las razones que habrían provocado que una actriz latina no nacida en este país empiece a figurar en la complicada industria hollywoodense. “Como siempre me dijo mi mamá, querer es poder”.


En realidad, Pérez no hubiera tenido la oportunidad si es que no se hubiera preparado en el campo artístico durante varios años; y es que esta chica, además de sus estudios de actuación en el Instituto Lee Strasberg, se ha desempeñado en el periodismo de espectáculos, la locución radial, el doblaje de películas y la música, un área particularmente importante para ella, ya que es autora de muchas composiciones de rock alternativo (una de las cuales llegó a ser incluida en Ruta 101, un recopilatorio producido por Josh Norek, esforzado promotor de la escena musical en español).


En Lady in the Water, la sudamericana tiene un rol sustancialmente mayor que el que desempeñó en Spanglish, donde su papel fue severamente mutilado en la sala de montaje. “Cuando fui a ver esa película con toda mi familia, me quedé muy sorprendida, porque había quedado sólo como una extra”, dice con una sonrisa. “Eso es algo que suele pasar en el cine y a lo que ya me estoy acostumbrando, sobre todo si se tiene en cuenta que Kevin Bacon hizo en su primera película un papel aparentemente importante hasta que su personaje moría, pero que en la pantalla terminó reduciéndose a sus piernas en un sarcófago, sin que se le viera ni siquiera la cabeza”.


La película de Shyamalan encuentra a Natasha en el papel de una joven latina que vive en un complejo de apartamentos de Filadelfia –totalmente construido para la filmación–, al que llega súbitamente una misteriosa mujer (interpretada por Bryce Dallas Howard) que resulta ser un personaje surgido de un antiguo cuento de hadas.


“Yo he seguido mucho la carrera de Shyamalan, pero cuando fui al casting no sabía que se trataba de un filme suyo”, recuerda Pérez. “Fue mejor así, porque eso hizo que me sintiera mucho más relajada en el proceso”.


Natasha recuerda especialmente un momento del rodaje que le permitió departir con los famosos que la rodeaban. “Uno de los actores, que hace el papel de uno de los fumadores, llevó una guitarra y se puso a tocar canciones de [Bob] Dylan, porque Paul Giamatti [NR: protagonista de la película junto a Howard] es súper fanático de éste”, dice la chica; “después le tocó el turno a Cindy Cheung, una actriz china-coreana que es todo un personaje incluso fuera de la pantalla, y finalmente me la dieron a mí”.


Cerró los ojos para empezar su canción, y cuando los abrió, Giamatti y Shyamalan estaba delante suyo, observándola. “Les gustó mucho lo que se escucharon, y después de eso se produjo entre todos un intercambio muy interesante de opiniones, porque en la película trabajó gente de varias culturas distintas”, agrega la entrevistada.


Aunque algunos piensan que The Sixth Sense fue la primera pelicula de Shyalaman, él ya había hecho antes dos más, siendo una de ellas una comedia, lo que explica de algún modo el sentido del humor que tiene Lady in the Water, a diferencia de todas las cintas recientes del mismo cineasta, que resultan sumamente serias (sin que esto le quite al presente filme la fuerte carga de suspenso y de fantasía que caracteriza ya al realizador).


“Tiene ciertos elementos terroríficos, pero a diferencia de The Village, que no me gustó la primera vez que la vi –aunque después le fui agarrando gusto–, esta película es muy cómica y creo incluso que se dirige a un público muy amplio”, asegura Pérez. “De hecho, nos reímos mucho durante los ensayos, y todo se reflejó de algún modo en la película, cuyo mensaje final de colaboración, compasión y unidad me parece muy acertado para los tiempos de guerra que vivimos”.

 

 
 

 

 

 

       
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