
Por Sergio Burstein
sergio@comoenla.com
Cambiando de barrio, no de pasión
Larry Clark es un talentoso director estadounidense que impresionó a
toda la comunidad cinéfila con su primer largometraje, Kids (1995),
un feroz muestrario fílmico de la decadente juventud estadounidense
contemporánea. Tres películas después –enfocadas todas en
adolescentes, lo que ha levantado ciertas suspicacias sobre su
obsesión temática, ya que él tiene actualmente más de 60 años–,
Clark se metió en los peligrosos barrios de South Central para
filmar allí Wassup Rockers, una llamativa cinta que tiene como
protagonistas a siete jovencitos de la zona, todos de ascendencia
latina y con un verdadero interés en el arte del skating y la
contundencia del punk rock.
La
película fue presentada ante la prensa con una vistosa exhibición de
skaters, un enérgico concierto con bandas de la zona –entre ellas
The Revolts, el grupo que aparece en la cinta y que está formado por
varios de los actores de la misma– y una serie de entrevistas,
permitiéndole a nuestra revista conversar personalmente con Clark.
“Es probable que en algún momento haga algo que se relacione con la
época en la que yo mismo fui adolescente, pero creo que me interesa
más mostrar lo que sucede actualmente con la juventud”, fue lo
primero que nos dijo el cineasta. “Lo que me interesa en realidad es
hacer películas sobre cosas que suceden cada día pero que nadie se
atreve a contar como son en realidad”.
Según él, el mismo concepto es aplicable a Wassup Rockers, una
película que no está protagonizada por afroamericanos –como las
emblemáticas Boyz In The Hood o Menace II Society–, sino que muestra
literalmente un rostro (o varios, en verdad) distinto del lugar. “La
mayor de la gente allá no está metida en pandillas, aunque las tenga
siempre muy cerca y crezca en ese ambiente”, aclara.
En contraste con sus películas anteriores, en las que los personajes
eran amorales y despiados –y muchas de las escenas en las que
participaban venían cargadas de sexo explícito–, Wassup Rockers es
una especie de homenaje tierno a los skaters latinos de South
Central, que son reflejados como seres con mucha menos maldad (y
presentados en situaciones mucho menos comprometedoras).
“No es que quisiera decir que por ser latinos estos chicos son más
dulces que los otros, sino que ellos son así en la vida real”, dice
Clark. “El guión de la película está directamente inspirado en
ellos, ya que lo escribí luego de conocerlos en un parque de
patinaje. Se trata simplemente de jóvenes que aún no han llegado a
madurar totalmente y que están tratando de sobrevivir en un medio
hostil”.
Resulta curioso saber que este es el primer guión escrito realmente
por Clark, un anglosajón nacido en Tulsa, Oklahoma. “Pero mis
películas anteriores fueron hechas sobre la base de historias que yo
desarrollé”, aclara. “De todos modos, tomé la decisión de hacer un
guión completo sobre estos personajes porque me parecieron muy
interesantes, y el suyo era sin duda un universo nuevo para mí, sin
que se tratara necesariamente que quisiera hacer una película sobre
latinos”.
A diferencia de sus películas anteriores, en las que los personajes
se movían siempre dentro de su entorno natural, los chicos de Wassup
Rockers se pasan la mitad del tiempo fílmico en Beverly Hills, lugar
completamente ajeno al espíritu de su barrio, al que llegan en busca
de la rampa de patinaje perfecta, aunque eso desencadena toda una
serie de conflictos con la gente de la localidad, incluyendo unos
policías rebosantes de racismo.
“Todo lo que se ve en la primera parte de la cinta es real, es
decir, retrata las vivencias originales de estos chicos, que no son
actores formales”, prosigue el director. “Lo de Beverly Hills sí fue
creado para la película, pero surgió como una sugerencia de ellos
mismos cuando les pedí que se pusieran en una situación hipotética
que les resultara inusual, porque se mostraban siempre muy
interesados en la gente blanca”.
Del mismo modo, si la primera parte de la película tiene un tono muy
realista (algo que ha sido siempre característico en el cine de
Clark), la segunda sigue rumbos menos tradicionales, casi
fantasiosos. “Quise poner allí una mezcla de diferentes géneros:
acción, comedia de enredos y comedias de tendencia sexy”, reconoce
el veterano. “A veces está bien reírse, ¿no?”
Aunque muestra abiertamente los problemas raciales entre los latinos
y los afroamericanos que se dan con cada vez mayor frecuencia en Los
Angeles, la película no pone énfasis en consideraciones sociales que
podrían resultar adecuadas con respecto a unos personajes cuyos
padres son de hecho inmigrantes. Pero el cineasta entrevistado
asegura que sí hay elementos relacionados a este tema, como la
escena en la que unos respingados residentes de Beverly Hills llaman
'mexicanos' a los protagonistas –quienes en realidad son en su
mayoría de ascendencia centroamericana–, o la secuencia en la que la
policía se muestra despreocupada ante el ataque sufrido por uno de
ellos, a quien califican de 'ilegal'.
Lo cierto es que, a pesar de su edad, Clark parece tener dentro de
sí un espíritu de adolescente, como lo demuestra no sólo el buen
estado físico que exhibe, sino el hecho de que empezó a patinar en
skate cuando tenía más de 40 años (“lo hice por muchos años, pero ya
no puedo, porque mis rodillas no funcionan como antes”), aunque él
mismo tenga una explicación menos poética sobre el asunto.
“Aprendí a hacerlo porque quería hacer una película sobre skaters y
no podía estar persiguiéndolos a pie, sino que tenía que ir a su
lado para filmarlos”, explica. “Claro que después empecé a poner
muchas escenas de ese tipo en mis filmes, porque es visualmente
excitante y me encanta”.
Otro interés de Clark que no parece corresponder a su edad es el que
manifiesta por el punk rock, un género musical que forma parte de la
banda sonora de todas sus cintas, aunque no existía todavía cuando
él era un jovencito. “Me interesé en el punk a fines de los 70, es
decir, cuando empezó”, recuerda el director. “Mi hijo de 22 años
tiene una banda de ese tipo en Boston, donde estudia, o sea que creo
que está en la sangre. Pero toda la música que sale en Wassup
Rockers es de bandas latinas locales de garaje que son muy
talentosas, como South Central Riot, The Remains, The Retaliats, L.A.
Moral Decay y, por supuesto, The Revolts”.
Tributo al maestro
Aunque se trata obviamente de una coincidencia, estos días parecen
ser particularmente positivos para la difusión del punk rock tanto
en la pantalla grande como en la chica, ya que se acaba de lanzar en
formato de DVD Let's Rock Again!, un excelente documental que
retrata los meses finales de la vida de Joey Strummer, fundador de
The Clash y símbolo por excelencia del género aludido. Pero, lejos
de centrar su mirada en la famosa agrupación británica, el recién
lanzado material se enfoca en la trayectoria del músico al lado de
The Mescaleros, la espectacular banda que lo acompañó durante varios
años y que, a pesar de no alcanzar nunca el reconocimiento que
merecía, le permitió no sólo ampliar considerablemente sus
horizontes musicales, sino mostrar un lado sensible, divertido y
conciente que se revela con amplitud en este trabajo.
El director del documental es Dick Rude, un talentoso cineasta que
ha trabajado como actor y asistente en películas independientes tan
reconocidas como Sid y Nancy, Repo Man, Straight To Hell y Walker.
Fue justamente durante el rodaje de la primera –un biopic de Sid
Vicious, el desaparecido bajista de los emblemáticos Sex Pistols,
que se rodó en 1986– que Rude conoció a Strummer, quien ya para
había dejado de ser parte de The Clash.
“Tuve desde entonces el privilegio de ser su amigo hasta el día en
que murió sorpresivamente, en el año 2002”, nos confesó el
realizador en una entrevista realizada en el exterior de un
confortable café hollywoodense. “Aunque el haber estado en The Clash
le daba un status de súper estrella, jamás le negó la mano a un fan
ni perdió la oportunidad de sentarse a hablar con quien quisiera
escucharlo para dar sus inteligentes puntos de vista sobre la música
y la política. Te aseguro que nunca he conocido a otra persona que
sea tan generosa como él; y eso hace que me sienta en una especie de
misión para enaltercer su memoria”.
No
cabe duda de que Dick puede sentirse satisfecho, porque Let's Rock
Again! –que pudimos ver por primera vez en el pasado Festival del
AFI– es una extraordinario tributo póstumo para Strummer, ya que no
sólo lo muestra en vivo al lado de The Mescaleros, sino que incluye
muchas tomas en las que el ídolo aparece conversando sencilla pero
profundamente con periodistas, admiradores y simples transeúntes.
“A lo largo de mi carrera, he trabajado mucho en esta clase de
proyectos con gente como los Red Hot Chili Peppers, Iggy Pop, Tommy
Lee [de Motley Crue] y Debbie Harry [de Blondie], y siempre me ha
interesado mostrar el lado humano de mis personajes”, agrega el
entrevistado. “No me interesa hacer únicamente un video de
concierto, sino ir más allá, indagar en lo que se encuentra tras el
artista público. Creo incluso que esta forma de pensar me ha
brindado una fórmula casi matemática, porque sé cuánto poner de la
música y cuánto de la persona misma”.
Este DVD debería ser visto por todos los que creen que los punks son
gente de mal vivir, porque lo primero que queda claro al verlo es
que Strummer era una persona francamente extraordinaria. “El punk
rock ha sido representado muchas veces como un fenómeno propio de
gente con problemas, cuando en realidad se trata de una herramienta
para promover la libertad, sin temor a desafíar los prejuicios y las
tradiciones”, enfatiza Dick
.
Según él mismo, le sirvió mucho crecer en Los Angeles “con este
sentido ético que se relaciona a hacer las cosas por tu cuenta y con
escasos recursos”. De hecho, Let's Rock Again! fue filmado en cerca
de 20 conciertos, y además de que la dirección fue de Rude, él mismo
se encargó de operar la cámara –que es una sola, aunque parezca que
hubiera varias–, de llevar a cabo el montaje y de hacer la edición
de sonido. Todo un ejemplo de la filosofía del DIY ('Hazlo Tú
Mismo').
“Joe murió cuando yo estaba trabajando en la post-producción de este
filme, por lo que el proceso final para mí fue muy, muy doloroso”,
recuerda Rude con un justo suspiro. “Pero finalmente lo hice, porque
tal y como se ve en el filme, la enseñanza mayor que nos dio se
resume en la frase que le dice a alguien en una de las escenas
finales del documental a modo de consejo: 'nunca te rindas'. ”