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CINEMA

Por Sergio Burstein

sergio@comoenla.com

 
Un embrujo auténtico 
An American Haunting –que se estrena el 5 de mayo– no es una película de terror más, en el sentido de que no sigue el molde que se ha venido presentando en el cine contemporáneo dentro del género, como ha sido el caso de las recientes cintas ultraviolentas o de los remakes de filmes asiáticos. Pero tampoco es una película de terror más en el sentido de que es realmente escalofriante, a pesar de que se basa en un caso de la vida real que, según se dice, puso a toda una familia de Tennessee en medio de una desagradable situación sin explicaciones razonables a principios del siglo XIX.
“Me gustan todas las películas que se hacen dentro del género, si es que sirven para que éste pueda mantenerse vivo”, nos contó Courtney Solomon, director y guionista, en una entrevista exclusiva para esta revista, para decir después que sus máximas inspiraciones para este proyecto vinieron de la versión original de The Haunting (1963), de Robert Wise, y de Rebecca (1940), de Alfred Hitchcock.
“Lo que me atrae de este filme [el suyo] es que va más allá de los relatos convencionales de miedo, porque es una especie de thriller sobrenatural con muchos giros en la historia, y me parece que ser original es la mejor manera de apoyar al género”, prosigue.
Los buenos resultados de esta cinta –que cuenta con una estupenda fotografía del talentoso Adrian Biddle (Aliens, Thelma and Louise, V for Vendetta), fallecido hace sólo cuatro meses– pueden llamar la atención de quienes sepan que el anterior largometraje de Salomon fue la desafortunada versión cinematográfica de Dungeons and Dragons (2000), vapuleada tanto por la crítica como por los fans de la saga.
“¿Por qué crees que me tomó seis años hacer otra película?”, cuenta el canadiense Solomon con una risa de resignación. “La verdad es que nunca debí dirigir eso; era muy joven, y de todos modos me parecía que el guión era bastante malo. Pero son cosas que pasan cuando eres un primerizo. Creo de todos modos que valió la pena hacer un desastre así, porque me sirvió para aprender y para desarrollar este gran proyecto, que me permitió trabajar con actores tan legendarios como Donald Sutherland y Sissy Spacek”.

Pecados de familia
La mujer de mi hermano es la película latina que ha tenido mayor distribución en los Estados Unidos, con un estreno simultáneo en 250 salas. Todo esto representa un gran logro para su director, Ricardo de Montreuil, quien hasta el momento se había dedicado a trabajar en el área de la publicidad y de los video-clips (colaborando con artistas como Plastilina Mosh, Libido, Nicole y Andrea Echeverri).
Además de que la cinta cuenta con un vistoso reparto internacional –que incluye a una uruguaya nacionalizada mexicana (Bárbara Mori), a un peruano que vive en Colombia (Christian Meier) y a un colombiano que se hace pasar por mexicano (Manolo Cardona)–, su guión no está sólo basado en una novela del polémico autor peruano Jaime Bayly, sino que fue escrito por el mismo literato y presentador de televisión.
“Esto es algo que marca una diferencia con No se lo digas a nadie, otra película que se hizo en base a una obra de Jame, pero cuyo guión no fue escrito por él”, le contó Montreuil a ¿Cómo? en L.A. “Yo tuve un trabajo más de edición [de lo que él escribió], tratando de respetar sus diálogos y su estructura”.
Montreuil, quien comparte con Bayly la nacionalidad, asegura que siempre admiró el trabajo de éste, incluso antes de que ‘Jaimito’ le diera a la pluma. “Sentí que La mujer de mi hermano –la historia de un complicado triánguloso en un ambiente burgués– era un libro que se podía traducir muy fácilmente al cine”, sigue el cineasta. “Me gustan las historias que son universales, que se centran en los personajes, más que las que tienen implicancias políticas y sociales”.
Aunque Montreuil se había desempeñado anteriormente en la publicidad y en los video-clips, su primera película no emplea nunca un estilo rápido ni agresivo, como tampoco lo hizo su obra anterior. “Prefiero la estética contemplativa. Soy fan de [David] Lynch y de [Stanley] Kubrick, de Woody Allen y de Ang Lee; ésas son mis referencias. Me interesa ver hasta dónde se puede prolongar un plano sin que la gente se aburra”.
Según él mismo, “las películas latinas están obsesionadas con la violencia, los secuestros y las violaciones, y a veces lo hacen de manera gratuita para vender o ‘shockear’, cuando hay otras historias que se pueden contar. Brokeback Mountain, por ejemplo, es un gran filme que habla de homosexualismo sin recurrir a escenas gráficas”.

La Cuba que se fue
Otra cinta que se encuentra ya en cartelera es The Lost City; y aunque no se trata estrictamente de un producto latino (empezando porque sus diálogos son en inglés), toca un tema particularmente relevante y polémico dentro de nuestra comunidad, pues se ubica en el momento mismo en que estalló la Revolución Cubana que llevó al poder a Fidel Castro, uno de los enemigos más grandes (sino el mayor) del sistema capitalista estadounidense.
Tuvimos la oportunidad de asistir a una conferencia de prensa realizada con motivo del lanzamiento del filme, y pudimos escuchar de boca del mismo Andy García (director y protagonista de la película) sus apreciaciones sobre una obra que despertará sin duda más de un comentario, y cuya historia surgió de un guión de 300 páginas escrito por el afamado novelista Guillermo Cabrera Infante, fallecido el año pasado.
Se trata aparentemente del proyecto más ambicioso en la vida de Garcia, quien si bien había actuado ya en varios clásicos del cine (como The Untouchables, Black Rain y The Godfather III), tuvo que esperar cerca de 16 años para poder desarrollar este film, realizado de manera independiente en la República Dominicana. Se trata además de la primera película de ficción que dirige, ya que anteriormente hizo un documental titulado Cachao… como su ritmo no hay dos (1993), en homenaje al legendario bajista cubano.
The Lost City tiene una escena especialmente llamativa que intercala una reconstrucción del frustado asalto rebelde al Palacio Presidencial de Batista con una furiosa danza afrocubana, empleando un método visual que recuerda lo que se vio en The Godfather, la primera película de una serie en la que –como ya se ha dicho– García participó. Preguntado por nuestra revista acerca de esta circunstancia, el cineasta y actor respondió que ese estilo de montaje paralelo no viene de la citada cinta sobre la mafia, sino que se empleaba ya desde el cine mudo.
“[Francis Ford] Coppola la usó magistralmente; claro, pero incluso cuando filmé con él la escena de la ópera en The Godfather III, me dijo que ésta iba a ser un homenaje a The Red Shoes [1948, un gran clásico] de Michael Powell. El fue el primero que dijo: steal from the best”.
Además de tener una fuerte carga dramática, The Lost City contiene numerosas escenas musicales que representan a populares figuras artísticas de la época, con coreografías francamente espectaculares. Hay que notar que no todo esto figuraba ya en el guión de Cabrera Infante, sino que fue desarrollado por García, un gran amante de la música hecha en su isla de origen.
“Pero Guillermo y yo estábamos en lo mismo, porque si yo le decía: ‘Voy a poner a Rolando La Serie a cantar en la [escena de la] cena de Año Nuevo’, él me respondía: ‘Ah, muy bueno’. Por otro lado, hay partes de su guión que tenían hasta la letra de las canciones, como en el caso del Trío Matamoros, que le sirvió de inspiración en determinados momentos. Y debo decir que yo mismo me motivé casi siempre por la música para filmar”, concluye García.

 
 

 

 

 

       
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