
Por Sergio Burstein
sergio@comoenla.com
Melquiades, en cuerpo y alma
The Three Burials Of Melquiades Estrada, que se estrena el 3 de
febrero, es una película particularmente interesante para la
comunidad inmigrante, no sólo porque se basa en la historia de un
indocumentado asesinado por “la migra” (uno de esos casos que se
repiten tanto en la frontera), sino porque ha sido realizada por un
estadounidense que muestra interés y muchísima compasión por el tema.
Hay que decir, además, que no se trata de un “gringo” cualquiera,
sino del gran actor Tommy Lee Jones, que ya había dirigido hace
algunos años un filme para la televisión, pero que dirige por
primera vez una producción para la pantalla grande.
Lo
curioso es que el aspecto duro y poco amable de Jones no hacía
presagiar su respeto por esta clase de asuntos, como lo confirma
ante la grabadora de COMO EN L.A. Julio César Cedillo, el actor que
interpreta a Estrada en la brillante cinta. “Los periodistas temen a
Jones porque es rudo y los estruja un poco, pero en realidad es una
persona muy buena que ama mucho la cultura mexicana”, asegura el
entrevistado. “Aunque es actor de Hollywood, ha vivido en Texas casi
toda su vida; allí están sus raíces y su gente, y siempre está
rodeado de gente latina, porque los tipos que le manejan sus
caballos de polo son argentinos, mientras que los que trabajan para
él en el rancho son mexicanos”.
Según el actor, la carrera de Jones se ha divido de manera
balanceada entre trabajos hechos por cuestiones económicas y papeles
de gran valor artístico. “El tipo tiene ranchos y casas por todo el
mundo, o sea que debe tener sus deudas”, afirma; “pero lo bueno es
que ha preservado su calidad de trabajo, algo raro para los actores,
y no se ha prestado para comercializarse tanto. Esta película no es
sobre mexicanos o sobre vaqueros, sino sobre la amistad entre dos
amigos y el respeto por la vida de un ser humano. Es el homenaje que
Jones le hace al inmigrante”.
Cedillo, quien habla perfectamente el inglés y el español, se mudó a
Texas desde su Durango natal a los cinco años de edad, y recuerda
que el proceso de audición para ser parte de este filme fue de lo
más inusual, ya que Jones estuvo presente desde el inicio,
eligiéndolo para el papel tras una reunión de sólo cincuenta minutos.
“Me habían mandado el guión dos días antes, y me dejó fascinado,
porque cuando un americano hace una película utilizando a los
latinos siempre se equivoca, mientras que éste era perfecto”, sigue
Julio. “El hecho de que el guionista sea el mexicano Guillermo
Arriaga [Amores perros, 21 Grams] y el director Jones le permite
mostrar a la vez estas dos sensibilidades, porque a veces los
latinos que viven en los Estados Unidos son los responsables de sus
propios estereotipos”.
Cedillo, quien ha participado ya en cerca de 40 películas, siendo
dirigido incluso en un par de ocasiones por Billy Bob Thornton y
Alan Parker, siente que éste ha sido su trabajo más importante hasta
la fecha. “Es la primera vez que me toca un papel con el que no me
siento actor, sino que me brinda la gran responsabilidad de ser
parte de una historia justa”, señala. “Cuando conocí a Jones no lo
veía como el Tommy Lee Jones de El Fugitivo, sino como a un ranchero
deseoso de ayudar a un inmigrante”.
El proceso fue complicado: Cedillo tuvo que entrenarse cuatro meses
para el papel de vaquero en el rancho de Jones sin recibir paga
durante todo ese tiempo (“a mí nunca me han pagado por preparar a un
personaje, y no voy a empezar contigo”, le dijo escuetamente Jones),
y no le fue del todo fácil establecer un contacto fructífero con el
actor y director. “El es una persona muy culta, a tal nivel que no
se puede hablar con él de cosas sencillas como el clima, porque no
te responde”, comenta el duranguense. “Mi estrategia de comunicación
fue a través del español, porque al tener que hablar conmigo en este
idioma, Jones debía hacer un esfuerzo que lo llevó a asumir más el
sentido de sus palabras y volverse más tierno”.
Aunque Cedillo vive ya treinta años en este país, su excelente
manejo del español lo distingue de otros latinos que mascullan a
duras penas el idioma de sus antecesores. “Es que mis padres me
hicieron viajar siempre a México”, dice. “Hay que respetar esta
cultura, pero sin olvidar tus raíces, porque eso te ayuda a resolver
las crisis de identidad. En la industria se quejan de que no hay
suficientes actores latinos, y eso es una mierda, porque los
directores de casting y las agencias son flojísimas, ya que aseguran
que no pueden encontrarlos aunque estén [ubicados] en Los Angeles.
Lo que me encantó de esta película es que se fueron directamente a
México a conseguir a todos los actores mexicanos; yo fui el único
actor local, porque hablaba bien el español, vivía en la zona donde
se filmó y conozco muy bien las dos culturas”.
Alto a la violencia
Ya se encuentra en nuestras salas de cine End Of The Spear, una
interesante película estadounidense que toca un asunto relacionado
con la comunidad latina, porque varios de sus personajes principales
son los integrantes de una tribu salvaje ecuatoriana que, a mediados
de los años 50, asesinaron a cinco misioneros occidentales en las
profundidades de la selva amazónica.
La
cinta, dirigida y co-escrita por Jim Hanon, está fielmente basada en
sucesos reales; y aunque tiene una escena muy fuerte, la de la
muerte de los desafortunados visitantes (que de todos modos se
presenta de la manera menos sangrienta que resulta posible), no es
un filme que se inspire en la violencia, sino todo lo contrario,
porque muestra las impresionantes consecuencias del crimen: en vez
de vengar la muerte de sus seres queridos, las esposas de los
fallecidos tomaron la resolución de introducirse por cuenta propia
en los inhóspitos territorios para hacer contacto con los indígenas
y lograr que dejen de lado sus arraigadas tendencias agresivas, algo
que lograron de manera francamente histórica.
Aunque no fue filmada en el lugar original de los hechos, sino en
Panamá, y sus imágenes no respetan totalmente lo ocurrido (se sabe
por ejemplo que las mujeres de la tribu llevaban los senos al aire,
y acá los traen convenientemente cubiertos), la película tiene una
gran tendencia realista que parte de la colaboración que el hijo de
uno de los sobrevivientes le brindó a los realizadores, y que da
como resultado un vibrante relato que, además de su recuento
histórico, contiene muchos detalles emocionales, sobre todo en sus
logradas escenas finales.
Llevada a cabo con un bajo presupuesto, End of the Spear tiene la
ventaja de no lucir 'hollywoodense', y de presentar en gran parte de
su metraje la versión de los hechos desde la perspectiva de los
Waodani, que en el filme no hablan en inglés, sino en su lenguaje
original, traducido mediante subtítulos. Para reproducir
acertadamente sus costumbres y actitudes, Hanson vivió durante un
tiempo con los sobrevivientes de la tribu original, llegando incluso
a filmar un documental sobre el mismo tema, Beyond The Gates Of
Splendor, que se estrenó en algunas salas hace un año.
Teniendo como intérpretes de los indígenas a actores latinos con
experiencia en la industria fílmica estadounidense – como es el caso
del dominicano Louie Leonardo, el colombiano Jack Guzmán y la
neoyorquina Christina Souza –, la cinta no enfatiza las implicancias
religiosas de la historia, aunque es evidente que lo que las viudas
de los asesinados hacen con quienes ejecutaron a sus esposos (perdonarlos
y alejarlos de la violencia entre sí mismos en vez de odiarlos y de
vengarse de ellos) proviene de una base cristiana pura y noble, en
abierto contraste con las despiadadas tendencias bélicas del
fundamentalismo cristiano que se encuentra actualmente en el poder.