
Por Sergio Burstein
sergio@comoenla.com
La
coincidencia de tres festivales de cine en los últimos días es
excusa suficiente para dedicarle la sección entera a estos eventos,
sobre todo si se tiene en cuenta que cada uno de ellos nos brindó la
oportunidad de apreciar cuando menos varias propuestas cuyo valor
supera considerablemente el nivel de las producciones que suelen
desfilar por la cartelera comercial.
El más reciente de estos eventos y, en realidad, el que menos
cubriremos aquí –debido a cuestiones relacionadas con el cierre de
edición– fue el Festival de Cine Argentino, que se llevó a cabo
entre el 17 y el 20 de noviembre en el Teatro Egipcio de Hollywood;
pero la falta de abundancia en las referencias a esta actividad se
ve plenamente compensada con la extensa nota que presentamos en esta
misma edición sobre la excelente película Las mantenidas sin sueño,
de Vera Fogwill y Martín De Salvo, que fue no sólo el trabajo más
esperado del citado festival, sino que se llevó nada menos que tres
premios –detallados en la nota respectiva– en el Festival
Internacional de Cine Latino de Los Angeles (LALIFF), que se realizó
desde el 21 hasta el 30 de octubre, básicamente en el mismo
escenario hollywoodense (aunque también se dieron varias actividades
en el Teatro Ricardo Montalbán).
Como resulta comprensible, no estamos en capacidad de brindar un
panorama detallado de este último evento, empezando por el hecho
realista de que es casi imposible ver todas las películas que se
presentan en estas circunstancias; pero, con el temor de pecar de
frívolos, hemos de decir que todo empezó del mejor modo posible,
gracias a que el buffet de bienvenida tuvo en esta ocasión el
inolvidable sabor cubano.
Pero
lo más acertado es que estos manjares fueron el cierre perfecto de
una gala de apertura que tuvo como punto central la proyección de
Habana Blues, un logrado filme de Benito Zambrano que muestra la
historia ficticia pero muy verosímil de un grupo de rock en la
capital de Cuba. Sin dejar de lado las penurias que atraviesan los
cubanos –y dejando en claro el criticable aspecto machista de
algunos de ellos–, la cinta resulta un verdadero deleite debido no
sólo al interés que despierta su guión, sino también a las muchas
sesiones musicales de artistas radicados en la isla que se exhiben (incluyendo
a bandas de punk y de metal).
La cuestión musical se extendió a varias películas, como fue el caso
de la brasilera Cazuza: O Tempo Nao Para, de Walter Carvalho y
Sandra Werneck, que se valió también de la ficción, pero para
reconstruir esta vez con sinceridad y crudeza la vida del
desaparecido y recordado líder de la banda rockera Barao Vermelho,
fallecido a causa del SIDA.
No tuvimos la oportunidad de ver el documental Música cubana, de
German Kral, por lo que no podemos hacer ningún comentario al
respecto; pero sí disfrutamos de Las manos de Dios, otro documental,
dedicado esta vez al arte del ya fallecido “Caitro” Soto, un
excelente intérprete del cajón peruano, quien no sólo aparece en
este trabajo dando sus impresiones y revelando que su respeto por
las corrientes religiosas afrocubanas es lo que le daba razón de ser
a su música, sino que figura también en muchas valiosas secuencias
de archivo que muestran su desarrollo a través de los años,
destacándose sus aportes para Perú Negro y Perú Jazz. “Caitro” actuó
en Diarios de motocicleta, de Walter Salles, haciendo el papel de
uno de los enfermos atentidos por monjas en la selva amazónica.
Lamentamos la ausencia de El milagro de Candeal, el documental del
español Fernando Trueba protagonizado por Bebo Valdés, que a pesar
de haber sido anunciado para el evento (lo que nos llevó incluso a
promocionarlo en nuestro artículo de portada de la pasada edición),
no se proyectó en ninguna de las fechas.
Fuera
del plano estrictamente musical, tuvimos la suerte de apreciar
Ciudade Baixa, de Sérgio Machado, que compartió con Habana Blues el
premio a Mejor Guión. Este filme brasilero, a pesar de su crudeza y
del entorno pobre que refleja en sus imágenes, muestra con
sensualidad y mucha sensibilidad las consecuencias de un apasionado
pero peligroso triángulo amoroso que involucra a dos amigos de la
infancia y a una tentadora pero confundida prostituta que los hace
dudar del significado de la lealtad.
El que escribe estas líneas es peruano, por lo que le prestamos
especial interés a las producciones provenientes del país andino.
Cuando el cielo es azul, de Sandra Wiese, fue el único trabajo de
ficción de dicha nación, y resultó una verdadera decepción por el
tono pretencioso y confuso de su historia, a pesar del eficaz empleo
de los sobrecogedores paisajes de la serranía.
Le fue mucho mejor a otras películas que, sin haber sido
necesariamente realizadas por peruanos, se centraban en
problemáticas de enorme importancia para nuestros compatriotas, como
es el caso de los traumáticos años que empezaron con el estallido de
la lucha armada subversiva y que culminaron con la escandalosa caída
del régimen de Alberto Fujimori y su secuaz Vladimiro Montesinos,
quienes asumieron de manera francamente tenebrosa el terrorismo de
estado.
Esta historia real y preocupante fue la base de dos notables
documentales: State Of Fear, de la estadounidense Pamela Yates, y
The Fall Of Fujimori, del también estadounidense Blen Perry. Aunque
los dos están muy bien hechos, si hubiera que elegir nos quedaríamos
con el segundo, ya que a pesar de ser un documental, está construido
con tanta maestría que parece una película de suspenso de altísimo
nivel. Lo más interesante fue ver las reacciones de la audiencia
tras las proyecciones, ya que se estable-cieron muchas comparaciones
entre el gobierno de terror de Fujimori y lo que está haciendo
actualmente Bush en nombre de la “lucha contra el mal”. No nos
entusiasmó tanto Mario Vargas Llosa: literatura y libertad, de
Mauricio Bonnett, un retrato completo pero predecible del famoso
escritor.
Cuando no nos habíamos recuperado todavía del festín audiovisual, se
dio inicio al Festival Internacional de Cine de Los Angeles del AFI
(Instituto Americano de Cine), más conocido como AFI Fest. Aunque
ciertos comentarios de la prensa anglosajona le restaron méritos al
evento al señalar la ausencia de varios títulos importantes, las
actividades realizadas entre el 3 y el 13 de noviembre en las salas
ArcLight de Hollywood nos dieron la oportunidad de ver algunas
películas realmente valiosas y de conversar con muchos de sus
creadores.
Este fue por ejemplo el caso de la notable película canadiense
C.R.A.Z.Y., de Jean-Marc Vallée, que a pesar de ser una cinta de
ficción donde se narra la vida de un joven gay enfrentado a un padre
conservador y a un hermano problemático, cuenta con muchísimas 'intromisiones'
musicales, incluyendo llamativos fragmentos de temas interpretados
por Pink Floyd y David Bowie. Aunque trata una temática compleja y
arriesgada, la cinta resulta sumamente accesible y conmovedora, lo
que tuvo que ser determinante para que se hiciera acreedora al
Premio de la Audiencia a Mejor Película (que fue compartido con la
sudafricana Tsotsi, de Gavin Hood, que lamentablemente no pudimos
ver).
El Gran Premio del Jurado en la categoría de Películas
Internacionales fue para Kissed By Winter, de Sarah Johsen, una
cinta noruega de perfil bajo que, sin dejar de tener méritos
artísticos, no resulta en nuestra opinión un trabajo particularmente
notable en el plano visual o narrativo. Parece que lo que pesó en
esta elección fue una cuestión sentimental, ya que el citado filme
tiene una fuerte carga emocional que parte del hecho de que su
protagonista es una mujer devastada por la muerte accidental de su
hijo.
Nos pareció mucho más interesante en términos estrictamente
cinematográficos la aterradora Next Door, también de Noruega. Aunque
fue anunciada como una cinta de tendencia 'hitchcockniana', la
excelente película de Paul Sleutane resulta en realidad mucho más
agresiva que cualquier trabajo del desaparecido maestro, y posee un
inquietante estilo visual que recuerda quizás más el arte de otro
notable del cine, el canadiense David Cronenberg (History Of
Violence, Dead Ringers). A pesar de sus grandes valores artísticos,
es probable que el Jurado haya optado por no premiarla debido a su
extremada violencia y sus perturbadoras escenas sexuales.
En
lo que respecta al apartado de las Series Latinoamericanas, fuimos
gratamente sorprendidos por la película colombiana Rosario Tijeras,
de Emilio Maille, basada en la popular novela de Jorge Franco Ramos
que, a su vez, inspiró una canción reciente de Juanes. Por fortuna,
a diferencia del estilo complaciente de este músico 'paisa' (cuya
composición figura en los créditos finales de la cinta), el filme es
implacable y contundente en su exhibición del ambiente cargado de
peligro que se vive en una ciudad como Medellín, además de contar
con la invalorable presencia de Flora Martínez, una talentosa y
bellísima actriz que interpreta con particular convicción el papel
de la seductora pero letal sicaria que protagoniza la historia.
Otra sorpresa fue Historias del desencanto, de Alejandro Valle y
Felipe Gómez, una cinta mexicana realizada en video y trasladada a
formato de 35 MM que, a pesar de sus desvaríos narrativos, tiene el
gran valor de ser plenamente transgresora no sólo en el plano, sino
también en lo que respecta al lenguaje visual, elaborado sobre la
base de originales animaciones por computadora. Partiendo de la
inesperada inmersión de dos adolescentes en un mundo de personajes
tan atemorizantes como atractivos, el filme parece ser una versión
para adultos, retorcida y alucinada, de cuentos como Alicia en el
país de las maravillas y Hansel y Gretel, con referencias al arte
del desquiciado genio chileno Alejandro Jodorowsky (director de
cintas tan rabiosas como Santa sangre y Fando & Lis).