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CINEMA

Por Sergio Burstein
La
del pollito, pero con un 'twist'
A pocos días del estreno de Chicken Little, una de las películas más
esperadas del año, nuestra revista tuvo la oportunidd de acudir a
una reunión periodística con Mark Dindal, director de la lograda
cinta, y de conversar personalmente con él sobre lo que resulta
siendo la primera incursión de los estudios Disney en la animación
completamente computarizada.
“La historia vino básicamente del amor que tengo por los cuentos y
los relatos de hadas”, dijo el cineasta, quien se encargó
anteriormente de la dirección en The Emperor's New Groove. “Pero me
interesaba de algún modo revalorizar la figura del pollito, y ver
qué podía pasar si imaginábamos que lo que le cayó en la cabeza fue
realmente algo más complicado que una nuez; algo que pudiera
presentar un peligro mucho mayor”.
Dindal se mostró completamente emocionado por las posibilidades que
brinda la nueva tecnología, y dejó de lado los comentarios que
puedan surgir ante el paulatino abandono del estilo tradicional en
dos dimensiones, surgido directamente de la mano humana.
“Cuando empezamos con el proyecto, hace cerca de cinco años, nos
preguntamos: ¿cuál es realmente el legado de Walt Disney? ¿La
animación de dos dimensiones, hecha con pinceles, o la creación de
grandes historias con grandes personajes?”, recordó. “Finalmente, y
a través de los comentarios de veteranos que habían trabajado
estrechamente con él, nos dimos cuenta de que Walt, en sus tiempos,
recurrió a toda la tecnología que tenía a su alcance para contar del
mejor modo posible sus historias. Además, al público le encanta esto,
porque las posibilidades son muchísimo mayores: el personaje de
Chicken Little, por ejemplo, tiene cerca de 250 plumas solamente en
la cabeza, lo que te permite trabajar con atributos de viento,
gravedad y todo lo que se te ocurra”.
Preguntado por ciertos detalles que quizás pasen inadvertidos para
los espectadores anglosajones, pero que para una persona nacida
fuera de este país pueden ser vistos como una especie de crítica al
sistema educativo estadounidense (como el énfasis excesivo en el
deporte por encima de las labores intelectuales, el uso de celulares
por parte de los niños y la división entre 'ganadores' y 'triunfadores'),
el realizador aseguró que todo eso había sido inconsciente.
“Provino de experiencias que tuvimos de chicos en la escuela, aunque
lo de los celulares se inspiró más bien en mi hija”, afirmó.
“Quisimos utilizar circunstancias con las que la gente se
relacionara: me parece que todos hemos soñado con ir a clases sin
nuestros pantalones, y que a todos nos ha pasado la mala experiencia
de tratar de insertar un billete en una máquina de bebidas. Tuvimos
un debate sobre porqué poner como juego al béisbol en vez de al
soccer (fútbol), que es mucho más conocido internacionalmente; pero
en realidad no importaba de qué actividad se tratara, sino de la
idea de la competitividad”.
El vocero de los inocentes
El salvadoreño Oscar Orlando Torres es un elemento imprescindible de
Voces inocentes, ya que si bien no aparece directamente en la
pantalla durante lo que se constituye ya en uno de los estrenos más
importantes del cine latino en nuestras salas tras la difusión de
Diarios de motocicleta, la historia original (así como el guión,
reescrito junto al director mexicano Luis
Mandoki)
es suya, y se basa en sus experencias personales durante la feroz
guerra civil que azotó a su país durante la década de los 80.
De hecho, “Chava”, el protagonista de la cinta, quien se ve
literalmente enfrentado al fuego cruzado entre la guerrilla y las
fuerzas del ejército, está directamente inspirado en Torres, que
escapó de la nación centroamericana para trasladarse a Los Angeles,
donde se ha transformado en actor y guionista.
“Como soy un extranjero que vive aquí, algunas pocas personas me
criticaron por contar una historia que muestra el modo en que el
gobierno de Estados Unidos apoyó a los escuadrones de la muerte;
pero la mayor parte de americanos me han agradecido el que les
mostrara algo que no sabían, porque ellos mismos dicen que los
noticieros no les dicen toda la verdad”, asegura el joven. “Espero
que acá sirva como una película que concientice la gente, tal como
lo hicieron Schindler's List y Hotel Rwanda”.
La película logró estrenarse en El Salvador a pesar de la mala
recepción del gobierno del partido Arena (el mismo que se encontraba
en el poder en la época en la que se desarrolla la cinta), que de
hecho no sólo impidió que se filmara en el país lo que obligó a
trasladar el rodaje a la selva mexicana-, sino que luego trató de
prohibirla, teniendo finalmente que ceder ante los reclamos de la
población.
“Ha sido algo muy positivo en mi país, porque ha desatado una
especie de catarsis a nivel nacional”, comenta Torres. “No entiendo
por qué se le ha dado una calificación 'R' en Estados Unidos. Acá
están protegiendo a los niños de las cosas inadecuadas; cuando la
película se proyectó en México y en El Salvador, los niños que la
vieron se relacionaron con el protagonista, y muchos de ellos me
dijeron que ya no querían jugar con sus Nintendos”.
Escribir este guión le sirvió además a Oscar como una terapia
personal. “Ahora puedo hablarte tranquilamente de todo eso, porque
ya me liberé de ese pasado; pero hace dos años, cuando tuve que
sacar esas experiencias a flote, estaba hecho un desastre”, asegura
nuestro entrevistado. “Hay gente que ha dicho que éste es un filme
de izquierda, pero yo no lo hice para apuntarle el dedo a nadie,
sino para mostrar simplemente lo que yo pasé; sé que no ocurrió lo
mismo en todo el país, pero en el lugar donde viví, el abuso venía
de parte de las fuerzas armadas, y los guerrilleros estaban peleando
con el pueblo”.
El mismo cuento, una nueva voz
Nacida en Veracruz, Natalia Sosa se trasladó al D.F. durante la
adolescencia para participar en un festival musical que le permitió
descubrir su verdadera vocación: el canto. Pero su inclusión en esta
columna no se debe específicamente a sus méritos en la
interpretación musical, sino al hecho de que su voz es la de la
sufrida Cenicienta en la versión en español del famoso clásico de
Disney que se acaba de poner a la venta por primera vez en formato
de DVD.

A pesar del excelente manejo de la garganta que la mexicana muestra
en la encarnación del célebre personaje animado, ella misma nos
cuenta que no tuvo clases de canto ni de actuación, aunque luego de
su trabajo en Cinderella (que es el nombre con el que encontrarán el
DVD en los estantes de las tiendas), recibió muchas ofertas, las
mismas que terminaron plasmándose en algunas de las voces de filmes
tan populares como El extraño mundo de Jack, Tarzán, Toy Story 2 y
Las locuras del emperador.
“Hice este doblaje hace cerca de diez años, cuando Cenicienta se
lanzó en VHS”, recuerda la artista. “Reemplacé el excelente trabajo
que había hecho muchos años atrás Evangelina Elizondo, ya que los
productores querían mejorar el audio y darle frescura a la voz de
este personaje. Pero se conservó toda la orquestación, porque no
querían perder la esencia musical del filme”.
Natalia asegura que esto fue algo que siempre quiso hacer, ya que
desde niña, al ver las películas de Disney, imitaba las voces de las
ardillitas y de animalitos semejantes. “Sinceramente, cuando empecé
en el doblaje no tenía la preparación necesaria”, confiesa. “Pero me
atrevo a decir que el talento estaba allí. Además, hubo gente que me
dijo que lo que les gustaba de mí era justamente mi frescura y la
inocencia de mi voz, algo que se puede perder con la técnica, ya que
dejas de responder a tus impulsos naturales”.
Aunque nadie en su familia era cantante profesional, la casa de
Natalia siempre estaba llena de notas musicales. “Escuchábamos de
todo: desde música clásica y bolero hasta salsa, debido a que vengo
de la costa”, señala. “De hecho, en el musical teatral Bésame mucho,
donde interpreto a dos personajes (una muchacha y su abuela), sólo
canto boleros. Se trata de una obra completamente nueva que, basada
en una profunda investigación sobre el género, presenta una historia
de amor entre una mulata cubana uno de mis dos personajes y un
trovador yucateco, con la intención de mostrar las relaciones que
existieron y existen entre los dos pueblos”.
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