
Por Sergio Burstein
sbursteinr@yahoo.com
Haciendo
Historia
Como las
compañías encargadas de la promoción de películas en la pantalla
grande parecen haberse olvidado de nosotros en los últimos días, ya
que no hemos recibido invitación para la presentación de ningún
filme (aunque, por otro lado, como estamos terminando el verano, es
natural que esta clase de actividades hayan disminuido, o sea que lo
nuestro es quizás pura paranoia), dedicaremos la mayor parte de la
columna de este mes a dos lanzamientos en DVD que sí hemos recibido
directamente en nuestras manos.
El primero es un trabajo que no corresponde a la
categoría de ficción que resulta nuestra preferida por sus
características dramáticas; pero vale la pena hablar de él aquí, no
sólo por la calidad de su contenido, sino también porque va
perfectamente de la mano con la orientación de nuestra revista. Y es
que se trata de Chucho Valdés Featuring Irakere, un
documental dirigido por Ilena Rodríguez que, en sus cerca de
dos horas de duración, reúne entrevistas y tomas de concierto para
dar cuenta del valor y de los fabulosos aportes artísticos de este
célebre músico cubano, que revolucionó el ambiente jazzístico cuando
fundó la citada agrupación en 1973, y cuya edición se hace
particularmente necesaria en un momento en el que resulta
prácticamente imposible conseguir muchos de los discos de estos
memorables músicos.
Aunque ya han pasado más de veinte años desde que se
creara el grupo, el DVD (producido por EforFilms y distribuido por
MVD –Music Video Distributors–) logra reconstruir eficazmente el
momento de la creación y el desarrollo del proyecto. Y no lo hace
recurriendo a incómodos narradores o a textos insertados a la
fuerza, sino a las declaraciones de muchos de los protagonistas de
la aventura musical, incluyendo evidentemente al mismo Valdés,
Enrique del Puerto y Carlos Plá (y dejando de lado,
también de manera evidente, a ex integrantes de Irakere como el
trompetista Arturo Sandoval y el saxofonista Paquito
D’Rivera). Lo que se muestra en esta obra, más allá del
excepcional talento de Valdés en el piano, es su capacidad
visionaria, la misma que le permitió dar origen a un combo que, a
pesar de inscribirse en territorios del jazz, no dejó nunca de lado
al público masivo, incluyendo inteligentemente dosis de pop
elaborado.
Aunque hay muchas imágenes de archivo extraídas de
presentaciones ofrecidas desde la germinación del grupo hasta la
década de los 90 (que no tienen siempre la mejor nitidez, pero que
se agradecen por su cualidad testimonial), se extraña la inclusión
de más temas completos, ya que sólo figuran cuatro: Juana 1600
y La Molinaria: Variaciones sobre un tema de Beethoven, ambos
como legado del Festival Jazz Plaza del 84 (antes de una gira que
los llevó a varios países sudamericanos, dándole a este escritor la
oportunidad de disfrutar a muy temprana edad de su música en la
ciudad de Lima, Perú); San Francisco, registrado durante la
etapa con Iván Lins, y Dinorah, Dinorah, como parte de
una actuación televisiva a finales de los 90.
Los
problemas de la pasión
Otro
lanzamiento en DVD que merece atención es el de Deseo
(titulado Beyond Desire en inglés), una interesante película
-wsta vez de ficción- de Gerardo Vera, un cineasta que ha
tenido una continuidad bastante lograda en el panorama español de
los últimos años con cintas como La Celestina (1996) y, sobre
todo, Segunda piel (2000), un largometraje protagonizado por
Javier Bardem que presentaba un triángulo amoroso en el que
se incluía una relación homosexual que desató cierta polémica
(aunque, después de lo mostrado por Pedro Almodóvar en sus
propios trabajos, quede poco en la Madre Patria por hacer en la
materia).
Deseo,
distribuida por Studio Latino, se centra en una temática que, al
igual que la de las libertades sexuales, se ha convertido en una
suerte de obsesión para los realizadores cinematográficos de la era
post-franquista: la Guerra Civil y sus consecuencias inmediatas. En
realidad, el momento que se retrata corresponde a los años
posteriores al triunfo de la dictadura, y muestra claramente no sólo
las relaciones entre el régimen que controló España hasta mediados
de los 70 y los militantes nazis, sino también el modo en que muchos
de estos últimos, una vez muerto Hitler, obtuvieron
facilidades para trasladarse a ciertos países sudamericanos
(¿alguien dijo Argentina?).
Bajo este marco histórico se desarrolla un
apasionado relato que tiene como protagonistas a Elvira (Leonor
Watling), una joven y atractiva mujer que, a pesar de tener en
prisión a su esposo por razones políticas, termina siendo seducida
por Pablo (Leonardo Sbaraglia), un argentino misterioso que
parece estar conectado de algún modo con los militares alemanes.
Todos los que hayan resultado embelesados por la
belleza del personaje de la película Hable con ella -del
citado Almodóvar- que se convertía en objeto del deseo para el
enfermero protagonista deben saber que quien interpretaba a tan
tentadora figura era Watling, que en esta ocasión tiene
evidentemente muchas más líneas de texto (aunque, para beneplácito
de los caballeros, exhibe también generosas partes de su anatomía).
Pero, más allá de cualquier tipo de morbo, hay que decir que la
chica lo hace muy bien (en los planos histriónicos, mal pensados),
construyendo a un personaje en el que la sensualidad y la
vulnerabilidad se combinan por partes iguales.
Si bien la película -que cuenta también con un
amplio papel de la siempre cautivadora Cecilia Roth -cae a
veces en un nivel de melodrama que Vera ya empleó de forma algo
desmedida en Segunda piel, y que le arrebata muchas veces el
sentido de verosimilitud, no cabe duda de que estamos ante un
trabajo hecho por alguien que le tiene un gran respeto a la vieja
tradición fílmica, porque, aún en medio de sus defectos, Deseo
deja finalmente en la retina un resabio de ese cine clásico cuyas
huellas ya no se suelen vislumbrar en las cintas contemporáneas, con
el agregado de reforzar unas implicancias políticas que, sin ser
para nada desconocidas, le otorgan un interés narrativo adicional al
relato.
La
mordida del reggaetón
Para terminar esta sección con algo ligero que nos
aleje de tanto dramatismo (aunque no faltarán quienes consideren que
lo que aquí se leerá es lo más trágico de toda la columna, o quizás
de toda la revista), hay que decir que Daddy Yankee, el más
famoso exponente del reggaetón en la actualidad, se acaba de
convertir en actor. Bueno, se acaba de convertir al menos en una
persona que figura en una película, porque no hemos visto aún su
participación en Vampiros, una cinta que se estrenó
recientemente en Nueva York como parte del sexto Festival
Internacional de Cine Latino.
Y aunque no queremos darle malos augurios al
muchacho, debemos recordar que, hace sólo unas semanas, cuando nos
vimos obligados a acudir a un festival del género de marras por esos
gajes a veces tan ingratos del oficio, vimos un largo video en el
que el mentado boricua trataba de imitar a uno de los personaje de
The Fast And The Furious, con una mala fortuna que imaginamos
se hará extensiva a una carrera fílmica que parece que no se
limitará a Vampiros -que, a fin de cuenta, es aparentemente
una comedia, lo que podría justificar finalmente el chiste-, sino
que, por lo pronto, incluye ya a Talento de barrio, otra
cinta puertorriqueña que verá la luz a fin de año, y que amenaza con
tenerlo en un rol más importante.
En este caso, además, parece que la cosa no será
divertida. ¿O alguno de Uds. está sonriendo ante la idea? O sea que
ahora, antes de entrar a la sala oscura, además de las tradicionales
palomitas, ¡habrá que cargar la gasolina!