|
CINEMA

Por Sergio Burstein
Del lado oscuro al infantil
Ya se encuentra en las pantallas The Adventures of Shark Boy and
Lava Girl in 3-D, la nueva película del infatigable Robert Rodríguez
(El Mariachi, Spy Kids, Sin City). Lo menos que se puede hacer tras
ver la cinta es reconocer la inmensa versatilidad de un cineasta que
es capaz de crear una historia tan representativa de la inocente
mentalidad
infantil luego de filmar un filme tan violento y despiadado como Sin
City. Y es que, después de todo, como lo dijo el comediante George
López (uno de los protagonistas de la película) durante la rueda de
prensa a la que fuimos invitados, “Robert es una persona increíble,
porque asume y aprovecha todas las responsabilidades de un creador
adulto, pero tiene una cualidad de niño que no se le ha ido”.
Vestido con un curioso atuendo de vaquero, Rodríguez reconoció
indirectamente el halago al recordar que escribió la historia de Spy
Kids cuando aún no tenía hijos (a diferencia de lo ocurrido con el
guión de la nueva cinta, que se basa en un relato de su hijo Racer,
de 8 años). “Creo que he mantenido ese aspecto de los ninos que
creen que pueden hacer de todo cuando se les pregunta”, aseguró,
demostrando luego su gran sentido del humor. “Por ejemplo, cuando [empecé
mi carrera] y se me dijo: “¿quién va a hacer la música de tu
película?, yo respondí: “¡yo, yo!”… ¡y es por eso que ahora me
encargo de todo en mis filmes! Para mí, el éxito que tuvo El
Mariachi fue absolutamente sorprendente, y de ahí en adelante decidí
que lo que tenía que hacer era creer en mí mismo y seguir filmando
lo que me saliera. Si hago tantas películas y trabajo tan rápido es
porque no me gusta quedarme sentado pensando demasiado en las cosas”.
Ante una pregunta directa de ¿Cómo? en L.A. sobre la técnica ‘retro’
de 3D empleada en la película (la misma de Spy Kids 3-D: Game Over y
que, a nuestro parecer, es el único gran reparo que se le puede
hacer a una cinta que resulta entretenida y vistosa), el director
insinuó que se había visto prácticamente obligado a apelar a esta
forma primitiva del citado formato porque sus vertientes más
avanzadas, que requieren de proyección digital, se encuentran
disponibles en muy pocas salas, lo que hubiera limitado seriamente
la distribución de la cinta.
Aunque su debut cinematográfico (El Mariachi) fue en español, el
realizador chicano está ahora plenamente involucrado en la industria
anglosajona, aunque asegura que sus producciones aún tienen una
identidad hispana. “Nunca he querido hacer películas que se dirijan
únicamente a latinos ni que estén encerradas en un nicho determinado”,
comentó; “queremos ser parte de una cultura mundial, y es por eso
que filmo historias con cierto sabor latino, porque crecí en un
medio así, pero con un atractivo universal. Aunque los protagonistas
de la serie de Spy Kids se apellidaban Cortez, cualquier niño podía
anhelar ser como ellos. Es curioso, porque si en vez de crear a un
personaje genérico le das una identidad cultural específica,
terminas por volverlo universal al transformarlo en un ser verosímil”.
Ante otra pregunta de nuestra parte, referida al hecho de que
rechazó en el pasado un rol en la segunda película de Rodríguez
(Desperado) porque, según se comentó entonces, consideraba que el
personaje recurría a estereotipos sobre los latinos, López nos
respondió que, en realidad, no había aceptado porque cuando le
avisaron “ya no quedaban buenos papeles. “El papel no era pequeño;
pero fue una película de tan bajo presupuesto que ni siquiera los
diálogos figuraban en el guión”, se excusó Rodríguez; “¡los iba a
inventar durante el rodaje mismo!”
Latinos al volante
Aunque se suele mencionar muchas veces la presencia latina en
Hollywood, lo cierto es que en la mayor parte de ocasiones, cuando
uno se enfrenta a uno de estos actores de ascendencia hispana,
descubre que el susodicho no habla ni papa del idioma que por
esencia define a un integrante de esta comunidad, y que es, señores,
ni más ni menos que el español. Pero éste no es el caso de Peter
Pasco ni de Mario Larraza, los dos jóvenes actores que interpretan a
los Hermanos Hernández (amigos de escuela de la protagonista) en
Herbie: Fully Loaded, el nuevo vehículo promocional -nunca
mejor empleado el término- de la yo tan virginal Lindsay Lohan.
Pasco y Larraza, además de dominar nuestra lengua (aunque el primero,
de padre peruano, nació y creció en El Bronx, mientras que el
segundo se fue de su Guatemala natal a los 6 años), demostraron
durante la entrevista exclusiva que le dieron a esta revista un
sentido del humor que sólo puede provenir de quienes se han curtido
con vivencias ajenas a las del típico blanco anglosajón. Así, cuando
Pasco aseguró que no se le había elegido para el papel por su
apariencia, porque “en esta carrera hay que luchar todos los días,
Larraza –un sujeto decididamente bonachón– lo interrumpió para
comentar: “Pues a mí sí me eligieron por mi belleza física, porque
se dice por ahí que estoy destinado a quitarle el cetro a
Schwarzenegger”. Al ser interrogado sobre la conveniencia de su
apellido artístico, el mismo Mario aseguró que no fue algo que
surgió de sí mismo, sino de una circunstancia que se produjo durante
uno de esos rodajes independientes tan frecuentados tanto por él
como por Peter: “Mi apellido verdadero es Larrazábal, pero en esa
ocasión no entraba en la ficha de registro, y se quedó nomás como
Larraza”.
Sea como sea, lo cierto es que los dos parecen tener gran química en
el celuloide, y aunque ésta es su primera participación en un filme
de tan alto presupuesto, la exposición masiva que éste tendrá puede
ser el augurio de una provechosa trayectoria. “Siempre es difícil
interpretar papeles de latino que te quieran estereotipar, pero
cuando empiezas en esto tienes que aceptar lo que viene, porque
quieres que la gente se de cuenta de que tienes talento”, dice
Pasco. “De todos modos, a nuestros personajes les dimos un poco de
sabor personal para que no resultaran acartonados”, lo sigue Larraza;
“y creo que nos salieron bien, porque lucen como dos amigos de la
escuela, normales pero divertidos”.
Leguizamo en español
En 1999, cuando dirigió su ópera prima, Ratas, ratones, ratones, el
joven director ecuatoriano Sebastián Cordero sorprendió a propios y
extraños con una película de bajísimo presupuesto pero de muchísima
creatividad y espíritu saludablemente “maldito”, que recreaba las
aventuras de un amoral pero carismático delincuente y consumidor de
pasta base (algo muy semejante al crack de estas calles). La falta
de compromiso o de moralina de la cinta, sumada a un estilo nervioso
que le brindaba un aire casi documental –y a la presentación de unos
personajes despreciables pero bien construidos–, hizo que Cordero se
mostrara como una verdadera promesa del siempre alicaído cine andino.
Han
tenido que pasar seis años para que el director pueda presentar una
segunda película, la misma que se estrena el 8 de julio en algunas
salas angelinas. Y aunque los créditos de Crónicas –su nueva cinta–
resultan francamente impresionantes (empezando por el rol
protagónico encomendado al gran actor de origen colombiano John
Leguizamo, quien a pesar d estar plenamente inmerso en la industria
estadounidense, interpreta aquí un raro papel en español, y
siguiendo con la nómina de productores, entre los que se encuentran
Alfonso Cuarón, creador de Y tu mamá también, y Guillermo del Toro,
director de El espinazo del diablo), los resultados artísticos no lo
son tanto.
Como si el tiempo pasado entre película y película hubiera mellado
su talento para la construcción dramática, así como su capacidad
para distinguir entre una estética desprolija pero muy comunicativa
–algo que ya parecía dominar en su debut– y un estilo que resulta
simplemente caótico, Cordero presenta un trabajo cuya precariedad
técnica distrae, y cuyo guión, debido a su debilidad y a su aspecto
predecible, echa por tierra las buenas pretensiones de narrar un
relato crudo pero verosímil, el del grave sensacionalismo de la
prensa al tratar el caso de un violador de niños en un remoto
poblado ecuatoriano, sumergido en un nivel de miseria que sí se
representa acertadamente en la cinta.
En todo caso, hay que señalar que el filme (distribuido por Palm
Pictures, una compañía que se ha encargado siempre de difundir cine
de calidad) se llevó nada menos que tres premios en el más reciente
Festival de Guadalajara, en rubros tan importantes como Mejor
Película, Mejor Guión y Mejor Actor, lo que indica que tiene cuando
menos fuertes adeptos dentro del círculo de supuestos entendidos.
Habrá que ver cómo recibe el público local a un filme que, desde su
temática misma, resulta difícil en relación a un mercado tan
susceptible para algunas historias como éste.
|