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BOSQUEJO

JOSE "CHEO" FELICIANO
El señor sentimiento
Por
Manny González
Una voz… mil recuerdos es una de las producciones
discográficas que se lanzó en 1999 y que, como pocos títulos,
definió magistralmente la voz, el carisma y la trayectoria de José
“Cheo” Feliciano. Su gran historia artística comenzó cuando tenía 17
años y se trasladó, junto a su familia, a la Gran Manzana, Nueva
York, donde abandonó los estudios para seguir a las orquestas de
moda en esa época: Machito, Tito Puente y Tito Rodríguez.
Feliciano nació el 3 de julio de 1935 en Ponce, Puerto Rico, hijo de
padres humildes, lugar donde estudió en la Escuela Libre de Música,
y siendo un niño, organizó en Navidad un pequeño grupo musical
llamado el Combo Las Latas, pues esos eran los instrumentos que
empleaban, porque su inclinación, en ese entonces, se orientaba
hacia la percusión.
En Nueva York, “Cheo” empezó su carrera profesional como
percusionista con el grupo Ciro Rimac's Review, pasando luego a
trabajar como percusionista con la orquesta de Tito Rodríguez, quien
se percató de su buena voz y lo invitó a compartir el escenario con
él, y más tarde como conguero con el Conjunto Marianaxi, liderado
por el maestro Luis Cruz, y con la orquestra de Kako y su Trabuco.
En 1957, Joe Cuba se quedó sin cantante y Tito le recomendó a Cheo,
quien tras una magnífica audición se ganó el puesto y, como
vocalista del Sexteto de Joe Cuba por los próximos diez años, grabó
17 producciones para los sellos disqueros Seeco y Tico, grabaciones
con las que obtuvo sus primeros éxitos, con temas como A las seis,
El ratón, Como ríen y El pito, donde comenzó a ganarse la lealtad de
un público que lo ha seguido por donde quiera que vaya. Además, por
un tiempo, hizo breves apariciones con la orquesta de Eddie Palmieri.
En 1965, Feliciano decidió convertirse en solista, aunque siguió
trabajando con otras exitosas bandas de la ciudad de Nueva York,
hasta que en 1969 se retiró de la industria musical en protesta por
la guerra no declarada de los Estados Unidos contra Vietnam.
Después de un retiro de tres años tras su desgraciado paso por el
mundo de la droga, volvió con fuerza y revivió su carrera en 1971
con una histórica grabación para el sello Vaya, titulada Cheo. Ese
elepé rompió todos los records de ventas impuestos hasta ese momento
con las canciones Anacaona, Mi triste problema y Pa’ que afinquen,
temas del consagrado compositor boricua Tite Curet Alonso. Por ese
esfuerzo, “Cheo” recibió numerosos premios, incluyendo el Front Page
Award (Premio Primera Plana) del diario New York Daily News.
Poco después, se unió a la legendaria orquesta Fania All Stars,
mientras continuaba grabando y presentándose como solista. Feliciano
grabó quince álbumes como solista o integrante de La Fania hasta que
se retiró del grupo e inauguró su propio sello discográfico en 1983.
A partir de 1975 se mudó de Nueva York a Puerto Rico, porque su
ilusión era vivir en una casita con un porche donde se podía sentar
sosegadamente lejos del mundanal ruido de la ciudad. En sus años de
grabación con el sello Fania se produjeron éxitos como Juguete,
Salomé, Los entierros de mi gente pobre y Juan Albañil.
El 25 de mayo de 1983, José “Cheo” Feliciano celebró sus 25 años en
la industria de la música con un concierto en el Centro De Bellas
Artes de San Juan, Puerto Rico, acompañado por una orquesta de 25
músicos. Ese espectáculo, grabado en vivo, fue titulado 25 años de
sentimiento, y fue la primera producción de las cinco que lanzó al
mercado bajo su sello Coche Records, denominación creada al unir las
dos primeras letras del nombre de su adorada esposa, a la que
cariñosamente apoda “Coco”, y las tres primeras de su propio mote,
Cheo. Además, tambien formó parte del elenco de la primera opera de
salsa Hommy, creación del fallecido músico, cantante y compositor
Genaro “Heny” Álvarez Doménech.
En 1990, Feliciano se unió, a pedido de Ralph Mercado, el fundador
de ese sello disquero, a RMM Records, y su primer lanzamiento para
éste se tituló Los Feelings de Cheo, donde con temas como Cuántas
cosas, Regálame tus manos, Coincidencia y Quédate este bolero,
recapturó su lado romántico. Para Mercado, su segunda producción,
Cantando, confirmó una vez más su eminente posición como uno de los
mejores intérpretes de la música tropical.
En su tercera, Motivos, combinó la salsa y el bolero, y su cuarta,
Un solo beso, fue para él “un sueño hecho realidad”, ya que cantó
bajo la dirección de Armando Manzanero, el legendario compositor
mexicano. En plena cima, en 1995, se ganó un Disco de Platino como
parte de la exitosa producción La Combinación Perfecta, lo que
repitió el siguiente año con su participación en Tropical Tribute To
The Beatles.
Entre otros triunfos discográficos, Feliciano cuenta con la
grabación titulada Le cantan al amor, cuando debutó en el Hotel
Tamanaco de Venezuela, en un espectacular concierto acompañado por
la prestigiosa Orquesta Sinfónica de Caracas, así como el compacto
titulado Cheo Feliciano Live At The Tropicana, Cuba, donde,
acompañado por la crema y nata de los músicos cubanos, interpretó
sus más reconocidos temas en el famoso centro nocturno habanero.
A fines de 1999, editó una prominente producción llamada Una voz,
mil recuerdos, donde le rindió homenaje a las grandes figuras del
género: Tito Rodríguez, Ismael Rivera, Frankie Ruíz, Mon Rivera,
Gilberto Monroig y Santitos Colón, entre otros, interpretando temas
como Me faltas túu/Congoja, Hoy como ayer/Dolor y perdón, Perdón/No
llores más, La última copa/Rebeldía y Camionero, con arreglos
musicales originales para cada una de las canciones. Merecidamente,
el álbum fue escogido como uno de los veinte mejores en 1999 por la
Fundación Nacional de la Cultura Popular de Puerto Rico.
En 2002, para el sello Universal, “Cheo” lanzó En la intimidad, un
disco compuesto de 10 boleros como él solo puede interpretar; y en
2004, salió a la venta una compilación de dos compactos titulada Las
32 más grandes de Cheo Feliciano, bajo RMM.
Siendo indiscutiblemente uno de los cantantes más significativos del
mundo tropical de los últimos 50 años, posee una forma de cantar y
un estilo tan propio, refinado y sofisticado que le da un sabor
incuestionable a cualquier género que desee interpretar.
Si es verdad lo que dijo Ernesto Sábato –el escritor y filósofo
argentino– que “para quedar, un libro basta”, “Cheo”, con sus
soberbias grabaciones, quedará entonces muchas veces para siempre.
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