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BOSQUEJO

JAIME SABATER
Veterano del sabor
Por
Sergio Burstein
sergio@comoenla.com
Jaime Sabater González vio sus primeras luces el 11 de abril de 1936
en la ciudad de Nueva York, en el mismo hospital donde nació el
legendario Tito Puente. Se le conoció desde muy chico como Jimmy
Sabater, nombre que lo definiría como uno de los precursores de la
salsa y uno de los más notables timbaleros y cantantes del género.
Inicialmente quería ser pianista, porque era fanático de Noro
Morales, un popular líder de bandas musicales de los 40s y 50s, al
que escuchó por primera vez cuando tenía 5 años. “El fue el que hizo
que me interesara en la música”, le contó el maestro a nuestra
revista a través de la línea telefónica, desde su hogar en la Gran
Manzana. “Y también el danzón [cubano] Almendra, que escuchaba en la
radio”.
El respeto por la música latina se debe a que en su hogar sólo se
hablaba el español, aunque él fuera estadounidense de nacimiento,
porque todos sus antepasados son boricuas. “Pero nadie en mi familia
era músico, o sea que yo me quedé en esto por insistencia mía”,
aclara. “A los 14 años ya estaba probando unos timbales que me
regalaron, y a los 17 estaba en el [famoso] grupo de Joe Cuba”.
El ritmo latino parece haber sido también una terapia de curación
para el entonces infante, quien perdió a su padre a los 6 años,
llevándolo a mudarse a la misma calle en la que ensayaban algunos de
los monstruos más grandes del latin jazz, como Machito, Tito Puente
y Marcelino Guerra. “Me paraba afuera a escucharlos, y de allí no me
sacaba nadie”, recuerda Sabater. “Mientras más los oía, más quería
meterle mano a la música. Después de escuchar a Puente, decidí que
lo mío eran los timbales”.
En 1949, Jimmy pudo conocer en persona a su ídolo gracias a la
intermediación de Willie Bobo, otro conocido percusionista que era
también un vecino muy cercano, y que lo ayudó a entrar en el difícil
círculo de los músicos. “Después estudié con Willy Rodríguez, que
era percusionista de la Filarmónica de la CBS”, sigue el ‘nuyorican’.
“Y antes de formar parte del sexteto de Cuba, fui integrante del
grupo instrumental de Joe Panamá, un tipo que, a pesar de ser moreno
americano, hacía salsa en un quinteto con varios puertorriqueños,
entre ellos yo, hasta que su mamá lo sacó del grupo, porque no
quería que tocara con nosotros”.
Fue entonces que el resto –incluyendo, obviamente, a Gilberto
Calderón, más conocido como Joe Cuba– metió a la orquesta al
tecladista Nicolás Jiménez (“quien compuso todos los ‘palos’ en los
discos de Joe Cuba”) y a un cantante, Willie Torres, quien después
de un tiempo fue reemplazado por el célebre Cheo Feliciano.
“Trabajamos con Cheo durante nueve años, y cuando se fue, me tocó
cantar sus partes –además de los coros que ya hacía– y seguir
tocando a la vez los timbales, por lo que tuve que perfeccionar las
dos cosas”, dice Jimmy. “Fue difícil, pero cuando te pasas seis días
de la semana haciendo lo mismo, tienes que aprenderlo”.
A diferencia de las fuertes y numerosas secciones de viento de las
agrupaciones que se encontraban entonces en boga, el grupo de Joe
Cuba llevaba vibráfono, algo que marcó el sonido del sexteto y que,
de hecho, permanece en el registro actual de Son Boricua, la
agrupación que acompaña a Sabater en estos días, aunque él mismo
asegure que la inclusión de ese instrumento no depende de él, sino
del director musical José Mangual Jr.
Lo que sí parece haber cambiado en el quehacer de Sabater es la
selección de estilos, ya que él mismo asegura haber dejado
completamente de lado el boogaloo (esa mezcla de son montuno y de
R&B que fue muy popular en los 60s, pero que cayó después en
desuso).
“A mí no me llama la atención ese estilo; lo mío es la salsa y el
bolero”, aclara el entrevistado. “Pero lo cierto es que yo fui quien
escribió completamente el tema Bang Bang [uno de los mayores éxitos
del sexteto, que era en ritmo de boogaloo], y después Joe Cuba se
puso como co-autor de una pieza que era una porquería, sí, pero una
porquería que es mía. De ese modo me robó un reguete de dinero,
cerca de un cuarto de millón de dólares; yo ya no hablo más con él.
No me gusta decir nada malo de nadie, pero la verdad es la verdad”.
Luego de trabajar 23 años con Son Boricua, Jimmy abandonó el sexteto
en 1979 para asumir rumbos musicales que no le fueron siempre
favorables. “Al comienzo estuve con Alfredito, haciendo de conguero
y tocando en bodas, pero se me hizo demasiado aburrido”, rememora
sin entusiasmo. “Después pasé a ser el cantante de la orquesta de
Tito Rodríguez Jr., que estaba tocando música de su papá. Pero lo
mejor llegó definitivamente hace unos diez años, cuando José Mangual
Jr. me llamó para formar parte de este proyecto, porque él quería
usar el vibráfono y sabe que puedo manejar muy bien ese formato”.
Mo (2002), el disco más reciente de Jimmy, lo encuentra justamente
en compañía de Son Boricua, el conjunto de Mangual que lo ha
acompañado desde entonces, y con el que se presentará este 4 de
junio en el Festival del Día de San Juan de Long Beach. En la placa,
Sabater canta tanto salsa como boleros, sus géneros predilectos; e
incluye una vieja pieza de su autoría, Salchicha con huevos, que
cuenta evidentemente con un doble sentido.
“Es que la compuse en el inodoro de donde vivo, aquí en mi casa”,
dice el cantante y timbalero sin reparos. “Yo digo que el baño es mi
oficina, porque es donde compongo… y donde me salen bien las cosas”,
agrega, para soltar luego una risa inmensa. “Tengo incluso un
teléfono allí; pero si estoy inspirado, escribiendo algo, no lo
contesto. No necesito ningún instrumento, sino que le dicto las
ideas a una grabadora y después las musicalizo con quien quiero que
haga los arreglos”.
Con 70 años recién cumplidos, el veterano no ha disminuído sus
actividades públicas. Acaba de regresar de Israel, donde permaneción
cinco días con motivo del Congreso de la Salsa. “No queríamos
volver”, señala con emoción. “Esos judíos están a todo vapor; no
paran de bailar hasta que amanece”.
Aunque sobren los que han decretado la muerte de este género,
Sabater cree firmemente que lo se ve en la calle dicta lo contrario.
“El mundo entero está loco con la salsa; en diciembre estuve en
Osaka, y la manera en que los japoneses se han metido en esto es
simplemente despampanante, no sólo bailando, sino también tocando”,
prosigue. “El show que dimos allá fue impresionante, porque muchos
sacaron unas banderitas puertorriqueñas y se pusieron a corear mi
nombre. Imagínate que Albert Torres se está yendo a Bulgaria para
hacer allí su Congreso de Salsa, mientras que Eddie Palmieri está en
Yugoslavia y Dave Valentín en Corea. Esto es cosa seria, hombre”.
El repertorio actual de Jimmy está constituido por temas de su
autoría y selecciones de Cobo, la compañía discográfica para la que
graba; e incluye también muchas descargas, como es el caso de la
sabrosa Boozaba Zoo. “[Es una expresión] que no quiere decir nada,
pero que se ha convertido en una especie de seudómino mío en
Inglaterra y en Holanda, donde me llaman así”, asevera el músico.
Lo que sí conserva Jimmy es su vieja vocación por interpretar
algunos temas de sonido tropical en inglés, una tendencia muy
neoyorquina que llama la atención en los circuitos ajenos a los
Estados Unidos, pero que se ha venido trabajando en la ciudad que
nunca duerme desde hace mucho tiempo.
“Eso es lo bueno de ser completamente bilingüe, porque canto en
inglés sin acento”, comenta el entrevistado, para hacer luego
alusión a To Be With You, un tema que se grabara con su voz en junio
de 1962, cuando Cheo estaba aún en el sexteto de Joe Cuba (y es que
Feliciano no se encargaba de las canciones en inglés).
“Ese tema, compuesto por Nick Jiménez, sigue siendo un tremendo
éxito en todos lados, aunque ya hayan pasado más de cuarenta años
desde que se lanzara”, termina Sabater con orgullo. “No era algo
nuevo para la época, porque ya lo habían hecho Tito Puente y
Machito; pero sus [aproximaciones a esta tendencia] no se pegaron
como ésta. Hace algunos años, Tito Nieves la volvió a grabar, y eso
demuestra su vigencia”.
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