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BOSQUEJO

BOBBY CRUZ
El cantante predicador
Por
Manny González
En 1974 se celebró en San Juan de Puerto Rico un evento musical con
el fin de elegir, entre todas las orquestas del género, a la que
sería coronada con el título de “Reyes de la Salsa.” Dicho
acontecimiento se llevó a cabo en el Coliseo Roberto Clemente, donde
por más de 12 horas, 24 orquestas compitieron por el codiciado
honor. Richie Ray y Bobby Cruz, para su sorpresa, resultaron los
ganadores.
“Después de casi diez años de lucha, parecía ser que el verdadero
triunfo había llegado”, recuerda Cruz. “Por fin éramos reconocidos
como los 'Reyes de la salsa', un género musical que había nacido a
nuestro alrededor.”
Con ese éxito, comenzaron a caerles innumerables ofertas para
trabajar en todos los campos, incluyendo el cine y la televisión;
pero como nadie puede predecir el futuro, ese mismo año llegó a
Puerto Rico la cruzada del evangelista Nicky Cruz, y Richie Ray
decidió ir a ésta, aunque Bobby no quería nada que ver ni con
religiones, ni con Dios. Para él, la música que hacía y esa clase de
creencias eran incompatibles.
“A pesar de la insistencia de Richie para que lo acompañara, yo no
quise ir, y esa noche, cuando el evangelista hizo el llamado y
Richie pasó al frente para hacer la oración aceptando a Jesucristo
como su Salvador, me dije: ¡se formó la tángana!”, recuerda Bobby.
El próximo día, todo lo que se escuchaba en la radio y en la
televisión era que “Los reyes de la salsa”, Richie Ray y Bobby Cruz,
se habían metido a la religión. En las próximas semanas estaban en
todas las revistas faranduleras, y los empresarios comenzaron a
llamar porque temían que no iban a cumplir con sus contratos. Cuatro
meses más tarde, después de varias situaciones que vivió, Bobby
reconoció que Richie estaba bien y él mal, y se entregó en cuerpo y
alma al Evangelio.
Hijo de campesinos, Bobby Cruz nació un 26 de febrero de 1937 en el
pueblo de Hormigueros, Puerto Rico, y desde muy pequeño sintió una
gran inclinación por la música. En el humilde campo donde se crió,
su mayor diversión era cantarle a los chivos de la finca que
pastoreaba. Cuando terminaba, los saludaba diciéndoles, al estilo de
su ídolo, el difunto cantante mexicano Pedro Vargas: “Muy agradecido,
muy agradecido, muy agradecido”.
Bobby se mudó con su familia a Nueva York, y ahí siguió
desarrollando sus tendencias musicales, hasta que encontró un
cómplice, su vecino Richie Ray, con el que formó la Orquesta Richie
Ray y Bobby Cruz.
Así, mientras Richie tocaba el piano y se encargaba de los músicos,
Cruz aportaba su potente voz, sus dotes como arreglista musical y
sus composiciones, que le ganaron amplia notoriedad en el pentagrama
popular, además de tener la ventaja de cantar impecablemente en
español.
En ese entonces, sus mayores influencias eran Cortijo y su Combo, la
plena y los temas relacionados con el campesino, hasta que se
consolidó como cantante con Mr. Trumpet Man. Desde ese momento, y
por los próximos diez años, Richie Ray y Bobby Cruz formaron uno de
las parejas más importantes no sólo en la historia del género, sino
también en su definición.
En 1965, el dúo logró su primer éxito profesional con Comején, un
tema que pegó primero en Nueva York y se extendió luego por toda
Latinoamérica; y a fines de la misma década, grabó “Salsa y
control”, donde por primera vez un disco le dio el nombre de 'salsa'
a la música que interpretaban. Más tarde, otras grandes figuras del
género se unirían a ellos para interpretar esta nueva música a
través de la compañía discográfica Fania y sus sellos asociados.
En una de sus exitosas giras, presentándose en Venezuela, el
reconocido locutor caraqueño Fidios Danilo Escalona les pidió que
definieran el estilo tan único de su música, que era una extraña
combinación de mambo, guaguancó, cha-cha-chá, pachanga, son montuno,
guajira, jazz y hasta música clásica. Ellos respondieron: “Nuestra
música es como el ketchup, la salsa de tomate que se le pone a las
hamburguesas para que le den sabor”, a lo que Escalona anunció: “La
música de ustedes es salsa y, de hoy en adelante, la llamaremos
salsa”.
En los años 60s, su música le hizo frente al rock and roll,
llevándole al puertorriqueño un mensaje de identidad nacional a
través de las canciones. Luego, Bobby grabó varios temas en inglés
para la orquesta de Richie Ray, y también sobresalió como solista en
la década del 70 con el álbum “Bobby Cruz canta para ti”, producido
por el propio Ray. Cuando ambos se unieron al cristianismo, se
despidieron de la música secular con el tema Adiós a la salsa, su
última grabación de corte popular para Fania.
Bobby Cruz estudió música clásica, pero le gustan todos los tipos de
música, vengan de donde vengan, hasta de China y Rusia. El siempre
pensó que la salsa era una música bastante sencilla y que, por eso,
se podía combinar con cualquier otro ritmo. Según él, allí se
encontró una de las cosas que los hicieron originales, porque
combinaban cositas del jazz, de la música clásica, del rock and
roll, de la música cubana, de la música jíbara, etc.
Su conversión le costó el apoyo de una gran parte de su fanaticada,
mientras que, al mismo tiempo, tanto él como Ray encontraron una
tremenda oposición entre los miembros de su nueva fe. Pero poco a
poco, se ganaron la comprensión tanto del público como de sus
compañeros en el Evangelio, mientras tocaban salsas con mensajes
religiosos.
En el 1998, Bobby publicó el libro Cuando era niño, y editó un disco
que complementa la obra literaria. Un año más tarde, Bobby y Richie
celebraron un reencuentro en el Coliseo Rubén Rodríguez de Bayamón
para revivir los éxitos de sus años como netos salseros. Ese
concierto fue llevado al disco y se convirtió en una de las 20
producciones más importantes de 1999.
Desde entonces, ha grabado “Caminando”, “Lo nuevo y lo mejor”,
“Bobby Cruz 101” y “40 Aniversario”, un disco registrado en vivo en
Puerto Rico. Al igual que Richie, Bobby se ha mantenido activo
participando y presentándose en prestigiosos escenarios como el
Carnegie Hall y el Madison Square Garden de Nueva York, el Centro de
Bellas Artes y el Coliseo José Miguel Agrelot de Puerto Rico. En
octubre del año pasado, recibió el prestigioso premio especial de La
Academia de los Premios Arpa en Mexico.
Con más de cien discos en su haber –muchos de ellos de oro–, y con
clásicos del género como Jala jala, Agúzate, Sonido bestial, Juan en
la ciudad, Señora, Pancho Cristal, La zafra, Yenyere, Amparo
Arrebato, Agalla, Guaguancó raro, Comején y Traigo de todo, entre
otros, Bobby es pastor de su propia iglesia en la calle Flager de la
ciudad de Miami, y ha fundado 20 iglesias, de las cuales él es el
administrador.
En lo personal, lleva más de 40 años felizmente casado con
Rosemarie, una mujer anglosajona pero, como él dice, “con corazón
puertorriqueño”. Tiene tres hijos: Bobby Jr., Tania y Cindy.
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