Hace un tiempo, en unas conferencias que se llamaron Radio y Música
y que se llevaron a cabo durante varios años en Los Angeles,
California, tuve tanto el placer como la desdicha de conocer y
departir con muchos de los presentes: artistas, dizque-artistas,
compositores, promotores, casi-publicitarios, administradores de
casas discográficas (de los que, según mi último recuento, ninguno
sigue trabajando para la empresa en la que laboraba cuando lo conocí),
periodistas con y sin título, escritores con y sin dónde publicar
sus escritos, etc.
En uno de esos eventos, entre mis encuentros más placenteros estuvo
un almuerzo con varios personajes del ambiente y Roberto Antonio
Pérez Herrera, quien desde niño fue la joya de su abuela, la que lo
consideraba su 'rubí'.
Antonio nació en la República Dominicana, en el barrio de Haina, en
el seno de una familia humilde y, desde niño, como muchos de sus
compatriotas, su mayor deseo fue ser pelotero. Aunque dotado de
excelentes cualidades, la carrera del hijo del reverendo Francisco
Pérez y Modesta Herrera, quien nació en marzo de l956, se truncó
debido a un desafortunado accidente automovilístico a mediados de
1975. Irónicamente, su hermano menor, Neifi Pérez, sí llegó a lograr
ese sueño, ya que es el paracorto de los Gigantes de San Francisco.
Herido pero no vencido, Rubby –con su nuevo seudónimo– abandonó el
guante, el bate y la pelota, y los cambió por la música, la tarima y
el micrófono. Armado de la tenacidad necesaria para triunfar en
cualquier terreno, pronto, con la ayuda de la Iglesia Dios
Pentescotal, se dio cuenta de que en su nueva carrera ya no tenía
que correr para llegar a la meta.
Por cierto, la iglesia donde fue a buscar acojo y dirección era
pastoreada por su padre en la ciudad de Azua de Compostela, al Sur
de la República Dominicana. Allí se hizo parte del coro de la
Sociedad de Orientación Juvenil de Haina, del Ateneo dominicano,
dando así inicio a lo que posteriormente se convirtió en una
fructífera carrera para uno de los artistas del merengue más
queridos y de mayor trascendencia en el mundo entero.
Rubby, como buen perfeccionista, se inscribió en el Conservatorio
Nacional de Música y estudió solfeo, graduándose con honores. A los
21 años de edad, entró a la música del merengue como miembro de la
orquesta Los Pitágoras del Ritmo, en Haina. Aún residiendo en Azua,
ingresó en l978 a la orquesta Los Juveniles de Baní, con la que
realizó sus dos primeras grabaciones discográficas: Adelita y La
muñeca.
Para Rubby, Los Juveniles de Baní era un gran proyecto; pero después
de esas grabaciones, el reconocimiento que adquirió como cantante de
primera llegó a la capital, y el reputado empresario Cholo Brenes lo
llamó para que formara parte de la orquesta Los Hijos del Rey,
liderada en ese entonces por otro famoso merenguero dominicano,
Fernando Villalona, “El Mayimbe”. Rubby estuvo alrededor de un año
con Fernando y grabó Pato roba'o, aportando él mismo todas las
inspiraciones.
Cuando Villalona se separó de Los Hijos del Rey, Rubby pasó a ser
parte del grupo de músicos que se quedó con el nombre de la orquesta.
Grabó en esa etapa de su carrera Soñar, un merengue tradicional, y
Merencumbé, un tema alegórico al ritmo que se fusionó con el calipso
y música brasileña y que el propio artista califica como “algo muy
extraño”.
Rubby permaneció con Los Hijos del Rey por tres años, estadía que le
dio la oportunidad de darse a conocer por toda la República
Dominicana, Centro y Sudamérica, Estados Unidos y parte de Europa.
Cuando regresó en l982 de una gira por el Viejo Continente, fue
llamado por el genial merenguero Wilfrido Vargas, quien le ofreció
el puesto de vocalista principal en su banda, oferta que Rubby
aceptó incondicionalmente. Cuando grabó con Wilfredo El Africano, no
sólo ganó fama y proyección internacional, sino que se ubicó también
como la nueva estrella del canto popular dominicano, algo que el
propio artista confirma cuando dice que “ése fue el tema que me
presentó como cantante ante el mundo”.
Después, Rubby grabó, a ritmo de merengue, Volveré, un tema que
anteriormente hiciera popular Los Terrícolas. Cuando esa grabacion
salió al mercado, estuvo tan caliente que reventó termómetros. Con
su tradicional silbido y el “me voy” tan característico que incluyó
el cantante, se convirtió en un éxito que le dio la vuelta al mundo.
Volveré, canción que hace un par de años Víctor Manuelle reprodujera
a ritmo de salsa, es la grabación que más ha vendido en toda la
historia del merengue dominicano. Además, reafirmó a Rubby como el
gran cantante que era, y le ganó el reconocimiento que aún demuestra
en todas sus grabaciones como “la voz más alta del merengue”. Rubby
siguió al lado de Wilfrido Vargas por cinco años, grabando para él
otras joyas musicales del nivel de Por qué no te tengo, Para que no
me olvides y El Beduino. Para los interesados, hizo una remembranza
musical de todo lo que fue su historia junto a Wilfredo en el
compacto titulado “Vida, canción y suerte”.
En 1987, Rubby decidió lanzarse con su propia orquesta, y con el
súper éxito Buscando tus besos recibió un apoyo tan grande del
público nacional e internacional, que todavía no se ha repetido el
fenómeno de popularidad generado en ese momento por una agrupación
principiante.
Al paso de los años, los éxitos llegaron uno tras otro: Fiesta para
dos, Simplemente amor, De color de rosa, Enamorado de ella, Amor de
hembra, Ojos, Si te vas, Amores extraños, Dios y No te olvides,
entre otros, fueron temas que lograron el mismo impacto en Santo
Domingo y Estados Unidos como en Centro y Sudamérica,
particularmente en Venezuela, donde Rubby es uno de los artistas más
populares.
Además de “Buscando sus besos” y “Amores extraños”, fruto de la
unión de Rubby y Dioni Fernández, sus otras 8 producciones
discográficas son “Fiesta para dos”, “Simplemente amor”, “Ojos”, “No
te olvides”, “Vuelve el merengue”, “Volando alto”, “El cantante” y
el reciente “Tonto corazón”, un excelente disco que incluye, por
primera vez en sus trabajos, un dúo con un grupo juvenil local, T4,
en el tema Así no te amará jamás, una extraordinaria fusión de
reggaetón y merengue que definitivamente levanta muertos (y que los
Djs en esta revista ya han comenzado a tocar en las discotecas
locales), basada en la canción que popularizara en los años 80s, a
ritmo de balada, la cantante argentina Amanda Miguel, y que también
es parte de la producción discográfica de la joven agrupación
dominicana.
Además, “Tonto corazón” incluye 11 canciones más, como Se nos fue el
amor, en versiones de merengue y balada, Hipocresía, La fotografía y
¿Cuántas veces?
En lo personal, Rubby está felizmente casado con Inés Lizardo, y
tiene con ella seis hijos: July Alberto, Rub Mariel, Rose, Keysy,
Yuzulka y Zulinka. Estas dos últimas lo acompañaron en el concierto
“Volando Alto”, uno de los recitales más trascendentes a lo largo y
ancho de su carrera artística. Este show se celebró en la Sala
Eduardo Brito del Teatro Nacionales Santo Domingo, y allí, Rubby
demostró su excelencia no sólo para interpretar merengues, sino
también ópera, cuando cantó Torna a Surriento, Oh Sole Mío, El
hombre de la mancha y When I Fall in Love.
Sobre este concierto, Rubby ha dicho que “es una de las cosas más
importantes que he hecho en mi vida: cantar ópera en el mismo lugar
donde han cantado Plácido Domingo y Pavarotti”. Por cierto, en todos
los temas que cantó esa noche, lo acompañó la Orquesta Filarmónica
de Santo Domingo, bajo la batuta del maestro Amaury Sánchez.
De sus manías, confiesa que le gusta comer y dormir mucho,
especialmente después de haber hecho el amor. Asimismo, le encanta
leer y pescar, odia la falsedad y quedarse solo, y le espantan los
ratones. Finalmente, puedo asegurarles que Rubby es un caballero, un
ser humano muy sensible y un artista que agradece y ama a Dios, en
quien cree, completamente… con su “Tonto corazón”.