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Omara Portuondo

La novia del 'filin'

 

Por Luis Miguel Cabrera

 

 

 

 

Una de las grandes cantantes de Cuba de los últimos 50 años ha sido, sin lugar a dudas, Omara Portuondo. Solo basta darle un vistazo a su trayectoria profesional, su relación artística con los mejores exponentes de la música cubana, y su participación en muchos de los mejores momentos de la historia musical de La Perla del Caribe.


Omara Portuondo, llamada a menudo la Edith Piaf de Cuba, tiene una historia familiar bastante curiosa. Hija de padres que desafiaron las costumbres de la época –su madre provenía de una familia rica de origen español y su padre jugaba basketball en el equipo nacional cubano, era negro y no pertenecía a ninguna familia de la llamada “alta sociedad” – Omara fue la segunda de tres hijos nacida en el barrio de Cayo Hueso de La Habana, el 29 de octubre de 1930.


A pesar de no tener fonógrafo en casa, la música siempre estaba presente en su hogar. Omara se crió escuchando a sus padres cantar las mismas canciones que aún hoy, después de 50 años de carrera musical, forman parte de su repertorio. Con el tiempo, llegaría a conocer y admirar a figuras como Ernesto Lecuona, Isolina Carrillo, Bola de Nieve, Rita Montaner, Beny Moré, Arsenio Rodríguez y tantos otros más.


La carrera de Omara comenzó casi por casualidad. Haydée, su hermana mayor, trabajaba como bailarina en el mundialmente famoso cabaret Tropicana y siempre llevaba a su hermanita, quien no perdía oportunidad de copiar los pasos de baile y presenciar los ensayos de todas las bailarinas. Un buen día, Omara tuvo la suerte de que le ofrecieran reemplazar a una bailarina que había renunciado dos días antes, después de una premier. Mientras ella trabajó como bailarina en el Tropicana, su pareja de baile fue Rolando Espinosa, considerado por entonces como el mejor rumbero de Cuba.


Acompañadas por unos amigos, las hermanas Portuondo tenían la costumbre de cantar jazz americano. Entre ellos, se encontraban Cesar Portillo de la Luz, José Antonio Méndez y el fallecido pianista Frank Emilio Flynn, a quienes habían conocido en casa de una compañera de las clases de mecanografía donde, noche tras noche, Omara ampliaba su formación académica. El nombre de su compañera era Eva Martiatu, y gracias a ella y a otros músicos aficionados, como Justo Fuentes y Tania Castellanos, Omara formó parte del núcleo de artistas que formaron el ‘movimiento del filin’.


Bajo el rimbombante nombre de Loquibamba Swing, interpretaban una versión cubanizada de la bossa nova, mezclándola con influencias de jazz americano, en lo que se denominó “filin” (por ‘feeling’, vocablo inglés que significa “sentimiento”). Durante su primera presentación en radio, Portuondo fue presentada por un locutor de la Mil Diez como “la señorita Omara Brown, la novia del filin” (un sobrenombre que aludía a su aptitud para cantar temas en inglés).


Por esta época conoce a una tímida pero talentosa muchacha llamada Elena Burke, quien la pone en contacto con el Cuarteto de Orlando de la Rosa, con quien recorre Estados Unidos en una gira que se extendió por seis meses. Como ella misma reconocería años después, el trabajo diario con esta agrupación fue su mejor y más importante escuela.


Corre el año 1951. Omara se incorpora al grupo musical femenino Las Anacaonas, para un año después formar, junto a su hermana Haydeé, Elena Burke y Moraima Secada, el cuarteto Las D’Aida, bajo la dirección de la pianista Aida Diestro, quien descubrió las verdaderas condiciones musicales de Portuondo, enseñándole a interiorizar los temas y a transmitir el contenido de cada canción.


El Cuarteto D’Aida realizó varias giras por Estados Unidos, compartiendo escenarios con Edith Piaf, Pedro Vargas, Rita Montaner, Bola de Nieve y Beny Moré y sirvieron como acompañantes de Nat “King” Cole cuando este se presentó en el Club Tropicana.
Desafortunadamente, este grupo vocal solo grabó un sencillo, fechado en 1957 para la RCA-Victor en compañía de Lucho Gatica. Dos años después aparecería el álbum debut de Omara bajo el nombre de Magia Negra, trabajo musical que incluía música cubana y algunas versiones de estándares del jazz americano como Caravan de Duke Ellington y That Old Black Magic.


A raíz de la crisis de los misiles en Cuba, las relaciones diplomáticas entre el gobierno de Castro y los Estados Unidos llegaron a un drástico final. Las hermanas Portuondo se hallaban en Miami, y Haydé decidió quedarse en EE.UU. mientras que Omara regresó a La Habana. En 1967, después de quince años juntas, dejó el cuarteto vocal para continuar su carrera como solista.


Omara representó a Cuba en el Festival Sopot de Polonia –una versión socialista del concurso de canto Eurovisión– cantando Como un milagro, original de Juanito Márquez, con quien también grabó el álbum Esta es Omara Portuondo.


La década de los 70 le trajo consigo una febril actividad. Cantó con la Orquesta Aragón, viajó a Francia, Japón y varios países comunistas. Durante los años 80, cabe destacar sus grabaciones junto a Adalberto Álvarez (1984). En los 90s, grabó junto a Chucho Valdés el álbum Desafíos, publicado por el sello español Montenegra.
A pesar de su extensa carrera musical, no fue hasta 1997 que su nombre recibió el reconocimiento mundial que merecía. Con el lanzamiento del álbum Buena Vista Social Club –ganador del Grammy– y el “boom” del son cubano a nivel mundial, Omara le dio un segundo aire a su carrera artística consiguiendo, en dos años, lo que no había podido lograr en sus tres décadas anteriores de carrera profesional.


La historia es algo simpática. En 1996, Omara se hallaba en los Estudios Egrem de La Habana trabajando en su próximo álbum cuando comenzaron las sesiones de grabación del Buena Vista Social Club. Omara recibió una invitación por parte de los productores del proyecto para que cantara junto a Ibrahim Ferrer el bolero Veinte años. Posteriormente, participó en Buena Vista Social Club Presents... Ibrahim Ferrer – el siguiente álbum de la serie– y, finalmente en el tercero, Buena Vista Social Club Presents... Omara, catalogado por muchos como el mejor disco de la veterana cantante hasta ese momento, tanto por la selección de temas como por los arreglos, los que representan más de 70 años del devenir musical cubano.


A partir de ese momento se suceden las giras: Japón, Bulgaria, antigua Checoslovaquia, Alemania, Francia, Italia, Suiza, los países nórdicos, España y todo el continente americano –desde Chile hasta los Estados Unidos–, llevando a los mejores escenarios del mundo ritmos tan cubanos como el ‘filin’, la nueva trova, la canción tradicional cubana, el son, el danzón, el bolero y la habanera.


A lo largo de sus extensas giras mundiales, Omara ha cosechado importantes premios y su voz ha conquistado a los más exigentes auditorios del planeta. Este pasado febrero, fue postulada para un Grammy 2005 por su más reciente CD, Flor de amor, cobijado por el sello World Circuit Discos Corason, en el apartado de mejor música tropical latina.


Portuondo, de 73 años, con su voz atemporal, ha sobrevivido el paso del tiempo y el devenir de las modas y las estrategias de mercadeo ganándose, de paso, un lugar primordial entre las divas de la canción de todos los tiempos como Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan y Celia Cruz y, al igual que las antes mencionadas, su nombre merece figurar en el libro de honor de la música.


Actualmente, Omara sigue cantando en el Tropicana, en el Delirio Habanero y en el Café Cantante, y vive en La Habana, en un departamento con vista al mar cerca del Malecón.

 

 
 

 

 

 

       
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